I give myself to the miracle of the sea

Sabía que debía tener cuidado y llevaba varios días analizando los pasos de los skaikru, qué hacían y a qué hora. Sorprendentemente, existía patrón de conducta que se repetía con bastante precisión. Sobre todo, estuvo más atenta de sus horarios de descanso, los turnos que tenían y dónde estaban exactamente para poder escapar sin problemas al estar la zona de la salida libre. También investigó posibles trampillas o puertas que no se pudieran ver, todo lo bien que le permitió su poca movilidad por culpa de la extracción de médula. Una razón más para tomárselo con calma, y realizar mejor su plan.

A pesar de haber tenido cuidado y haber prestado detalle a los horarios de cada uno de los que estaban en el laboratorio, había alguien que no repetía nunca el mismo patrón. Raven Reyes estaba casi las veinticuatro horas del día despierta, a pesar de que le recomendaron descansar e intentar no estresarse en exceso, teniendo en cuenta las situaciones desesperadas de supervivencia. A veces se encontraba observándola, atenta a lo que hacía mientras reposaba tumbada en uno de los grandes sillones o tumbada en el suelo para estirar la espalda y recuperarse de las extracciones. Podría jurar que era la que más ahínco ponía por encontrar una solución, a pesar de que todas las opciones fallasen. Como si les debiese algo a cada uno de sus amigos del pueblo celeste.

No era la primera vez que se disponía a huir, pero sabía que esa vez era más peligroso que la anterior, porque estas personas tenían​ armas de fuego y ya no estaría Lexa para impedir que la buscasen y la matasen.

Esquivó con agilidad el golpe de Lexa, y atacó con todas sus fuerzas, golpeando la mandíbula de la chica con el puño y derribándola al suelo para colocarse sobre ella con una daga contra su cuello. Ambas se miraron agitadas antes de que Lexa sonriese abiertamente.

—¿Ves? —preguntó mientras intentaba controlar su respiración tras el intenso ejercicio— Las horas extras nos hacen ser más fuertes, Luna.

—No sé si estoy orgullosa de ser más fuerte —lanzó la daga contra el césped de aquel lugar donde entrenaban juntas para el conclave.

Se levantó y empezó a caminar hasta apoyar la frente contra el tronco del árbol más cercano. Sentía todos los músculos entumecidos, además de un fuerte dolor en la mejilla, probablemente la tendría morada por algún golpe de su amiga. Lexa era fuerte. Y la favorita de Titus.

—¿Qué sucede? —la mano de la chica sobre su hombro la sobresaltó, y se giró sintiendo el corazón latirle con fuerza en el pecho— ¿Estás bien? —se preocupó.

—Ya sabes que no lo estoy —contestó seria, volviendo a caminar para recuperar su arma, escuchando que Lexa la seguía.

—Luna, hemos nacido así, es nuestro deber seguir con esto.

—No, Lexa, no lo es —se giró para enfrentarse a sus ojos verdes—. Somos personas, cada uno podemos elegir nuestro propio destino —Lexa escuchaba atenta cada palabra, recta y con el semblante serio. Tenía claro que ella iba a ser la elegida, era la que valía para ello—, y no estoy segura de si esto es lo que yo quiero para el mío. Y en el caso de que no lo consiga, no quiero que mi vida acabe aquí. Yo quiero mucho más.

—Estoy segura de que tú serás la que llegarás lejos. Tú serás la próxima comandante, Luna.

—Lexa, hemos sido amigas, hemos entrenado y convivido juntas largos años. ¿No crees que debe haber algo mejor que no sea el tener las manos manchadas de sangre? —le mostró sus manos doloridas por diferentes cortes y golpes de los entrenamientos. Las de Lexa se mantenían tras su espalda.

—Los años curarán la herida, Luna. Cuando muera… —tuvo que bufar al escucharla, y comenzó a caminar para alejarse de ella— ¡Luna! —la llamó, pero no aminoró su paso, porque no quería que la viese llorando y ya sentía sus ojos acuosos— Luna, espera —otra vez su mano en su hombro, girándola para poder mirarse de nuevo frente a frente—. ¿Por qué evitas esto ahora?

—Lexa, nunca me ha gustado ser entrenada para asesinar, y lo sabes —la vio apretar los labios, manteniendo el rostro serio y sin apartar la mirada del suyo. No lo aguantó más y la envolvió en un abrazo, notando que se relajaba dentro de él, como siempre le pasaba—. No podría verte morir —confesó en un susurro, pegando su frente contra la suya y manteniendo su nuca agarrada con una de sus manos.

Miró sus ojos verdes así de cerca, en los últimos días que habían pasado juntas tenía la impresión que las distancias se habían acortado. Habían compartido momentos en silencio donde tan solo estaban ellas dos, muchas veces así de cerca, perdiéndose en ese verde que tanto le gustaba; pero siempre se acababan rompiendo esos momentos. Tenía claro sus sentimientos por Lexa, y sabía que no era correspondido, porque ella sí se tomaba en serio todas las enseñanzas de Titus, y el amor era debilidad.

—El espíritu de la comandante elegirá, y si no soy yo…

—Vámonos de aquí, Lex. Hoy. Vámonos hoy… No lo alarguemos más.

—Irán a por nosotras. Nos matarán a las dos.

—Y si nos quedamos también. O quizás solo sobreviva una de las dos.

—Este es nuestro sitio, Luna —agarró ahora sus mejillas, pero ella se apartó, limpiándose alguna lágrima que había caído de sus ojos—. Tendríamos que estar orgullosas de ser quienes somos. De tener esta oportunidad.

—Te está comiendo la cabeza Titus. ¿No te das cuenta? —preguntó frustrada.

—Eso no es cierto —frunció los labios, creando un suave movimiento con su mandíbula, como si rechinara sus dientes.

—Te está lavando el cerebro. Tú no eras así. Tú también querías luchar por la paz —se sintió triste al ver que ninguna de sus palabras parecía convencerla—. O al menos eso querías hace unas semanas

—Luna, mis conversaciones con Titus solo me han servido para darme cuenta de la verdad, de que somos necesarias en Polis. De que nuestra gente nos necesita.

—¿Sabes? —preguntó seria— Vas de valiente, Lexa, pero no eres más que una cobarde. Te acomodas a todo para intentar salvarte todo el rato. Titus te tiene asegurado el puesto de comandante y tú prefieres eso a intentar vivir en paz porque ir en contra de todos los demás te da miedo.

—No es verdad —esta vez vio que apretaba el puño.

—Haz lo que quieras, Lexa. Soñaste con un mundo tranquilo sin muertes, y ahora no lo quieres, pero yo sí que lo tengo decidido.

No dijo nada más, así que se marchó de aquella extensión de bosque donde se escapaban las dos desde que eran pequeñas. Ya no tenía el mismo encanto de todas formas. Y cada vez estaba más segura de que Lexa kom Trikru sería la nueva comandante.

La comandante había muerto y daría lugar la ceremonia de elección del nuevo. Había entrado a las cocinas para coger provisiones para su largo viaje, debía salir en unas horas, antes de que empezase el conclave.

—Luna —escuchó un susurro a su lado, rompiendo sus pensamientos, y se le cayó la bolsa al suelo por el susto. Se giró y vio a Lexa tras ella.

—¿Qué haces aquí? —preguntó entre dientes. No habían vuelto a hablar desde su último entrenamiento a solas, y las veces que se habían visto en grupos no se habían cruzado ni sus ojos un segundo.

—No me imaginaba así nuestros últimos días juntas.

—Yo tampoco —confesó, y la miró fijamente, intentando que se quedase grabado en su mente cada parte de su rostro, antes de recuperar su bolsa y dar media vuelta para marcharse—, pero ahora me voy a ir —dijo decidida, pero la mano de Lexa sujetó la suya, y ella la observó confundida.

—Has sido alguien importante para mí todos estos años, Luna. No quiero quedarme con esa sensación tan mala.

—Lexa, serás una gran comandante y te deseo mucha suerte en esta nueva aventura —acarició su mejilla, en uno de esos gestos íntimos que muchas veces habían tenido, sin llegar nunca a nada más—. Ahora debo irme antes de que se den cuenta de que no estoy.

Lexa no dijo nada, así que pensó que eso era el adiós definitivo. La miró unos segundos sin que ninguna de las dos pronunciase ninguna palabra y se volvió a girar para empezar a correr, dispuesta a huir antes de que Polis comenzase a llenarse de gente por el gran día en el que se encontraban.

Siempre había sido ágil entre los árboles, y se sabía los bosques de memoria como para encontrar cuevas para esconderse en caso de persecución. Los últimos años habían tenido demasiados días para planear su huida. A pesar de que contaba con Lexa para ello, pero parece ser que sí que estaba dispuesta a matar y a mandar sobre los terrícolas.

Escuchó unas ramas detrás de ella, y se apresuró para conseguir llegar a una de las cuevas que quedaban más cercanas, reconociendo la forma de los árboles de aquella extensión de naturaleza que les rodeaba. Una vez llegó, se mantuvo en silencio, agachada tras unas rocas por si la vieron entrar, pero se incorporó al ver a Lexa agitada.

—¿Qué haces aquí? —preguntó, y sus ojos verdes la enfocaron cuando se giró hacia el sonido de su voz.

No le dio tiempo a decir nada porque jamás había visto a Lexa así de decidida. Primero pensó que había ido a por ella para convencerla de que fuese al conclave, pero cuando sintió por primera vez sus labios sobre los suyos olvidó incluso por qué estaba ahí. Fue raro, porque llevaba tiempo sintiéndose atraída por ella en todos los sentidos, pensando que era unidireccional y que Lexa no lo sentía también; pero ahí estaba, besándola con firmeza y miedo, como si no viese bien esa huida, como si lo que estaba bien de verdad era ellas dos juntas por primera vez.

Lexa se separó levemente de ella y se miraron a los ojos unos segundos, y esta vez fue ella la que la besó, queriendo sentir más de su boca, descubriendo juntas cómo era el sabor de la contraria.

—No te vayas… —susurró con voz temblorosa, acariciando su mejilla, y se perdió un poco en el roce.

—Tengo que hacerlo, Lexa. Es como pienso. Es mi forma de ser. No soy una asesina.

—Te voy a echar de menos —murmuró, y ella sonrió al escucharla.

—Prestas mucha atención a las enseñanzas de Titus, pero a sus lecciones sobre no tener sentimientos no demasiado.

—Los sentimientos es nuestra parte más humana, no nos deberían quitar también esto —el pulgar de Lexa acarició su labio inferior, y ella se inclinó para volver a acortar las distancias.

—Ven conmigo, Lexa —intentó una vez más. Como lo planeamos…

Y por un momento, la de ojos verdes pareció planteárselo de nuevo, y su corazón empezó a bombear con fuerza porque quería huir, pero deseaba hacerlo con Lexa. Sus miradas se volvieron a conectar y Lexa fue a decir algo, pero unas voces las interrumpieron, haciendo que se separasen como si sus cuerpos de repente quemasen.

—Lexa, Luna, os están esperando —anunciaron.

Movió su bolsa con el pie, intentando ser disimulada. Después volvería a por ella, tan solo tendría que seguir unos pasos y antes de entrar en Polis, volvería a correr hacia una nueva vida, y esperaba que Lexa decidiese finalmente acompañarla.

Los recuerdos acudían siempre a su mente como si hubiesen sido el día anterior. Cómo la obligaron a entrar en el conclave, cómo tuvo que luchar contra su propio hermano porque él comenzó a atacarla y parecía ir en serio, acabando con su vida; continuar hacia el próximo combate y estar cara a cara con Lexa, que tenía el rostro manchado de sangre tras su primera muerte, y cómo le murmuró que escapase, que ella la cubriría.

No supo durante muchos días si Lexa lo consiguió o no, y no pudo describir bien lo que sintió cuando llegó a sus oídos que Lexa kom Trikru era la nueva comandante. No la eligió sobre la ceremonia, aunque nunca confirmó que quisiese irse con ella en el momento de la cueva. Y sus labios estuvieron quemándole mucho tiempo. No la culpaba, era para lo que servía, y si lo que Clarke dijo de su legado era cierto “la sangre no pide sangre”, no podía hacer más que sentir orgullo, porque al fin Lexa admitió cómo era realmente. La Lexa que ella conoció cuando llegó a Polis.

—¿Sigues meditando? —escuchó la voz de Raven, consiguiendo que abriese los ojos, pero se mantuvo en su postura sentada, con las manos en las rodillas.

—No, tan solo estaba pensando —se quedó observando cómo rebuscaba en uno de los armarios—. Deberías descansar, Raven —dijo con pausa, levantándose para acercarse a ella—. Tu mente necesita reposo. Cuánta más claridad tenga, mejor trabajarás.

—No me convence tus métodos de meditación —se burló con media sonrisa, observándola de reojo.

—Todo el mundo tiene algún método para relajarse.

—Mis métodos son siempre a corto plazo —dijo irónica, soltando un suspiro. Entonces la miró seria—. Vas a escaparte, ¿verdad? —preguntó sin apartar sus ojos de los suyos.

—Sí —confió en ella.

—¿Puedo irme contigo?

—¿No decías que tenías que salvar al mundo?

—La ciencia no va a hacerlo y mis ataques son más frecuentes. No controlo mi ira, y no quiero acabar haciéndole daño a nadie —confesó mientras bajaba la vista a sus manos tras sentarse con dificultad en una de las sillas que había frente a los ordenadores.

Se colocó detrás de ella y apoyó sus manos en los hombros descubiertos de Raven gracias a aquella camiseta de tirantes que llevaba. Los masajeó un rato, comprendiendo cómo debía sentirse en esos momentos. Ya había perdido los nervios varias veces y había golpeado a varios de los que vivían allí, incluida ella misma.

—Eres una persona fuerte —habló mientras cerraba los ojos, pasando las manos por sus brazos, apretando en ellos con los dedos—. Yo también he sufrido ira, he sentido odio y he hecho mucho daño a personas.

—¿Tú? ¿Con todo ese rollo espiritual? No me lo creo —se burló, y cuando abrió los ojos se la encontró observándola al haber girado el rostro hacia ella.

—No sabes nada de mí, ¿verdad?

—Poco.

—Antes no era así, hubo una época en la que estuve sufriendo, igual que tú, hasta que encontré mi lugar. ¿Sabes qué me relajó y qué me cambió a mí?

—El mar —contestó, demasiado obvio, y ella asintió, regalándole una sonrisa.

—¿Cómo te encuentras ahora?

—Estoy tensa y enfadada porque Abby no me deja ayudar.

—¿Quieres que te enseñe algo? —ofreció, y Raven asintió, incorporándose con cuidado y acompañándola hacia la salida del laboratorio— Tendremos que darnos prisa… —quiso sonar divertida, porque ambas cojeaban algo, y se ganó una mirada de la chica, que la recorrió de arriba abajo.

—Al menos tú te curarás —soltó, volviendo a mirar al frente y frunciendo los labios.

—¿Qué te pasó?

—Me dispararon —dijo entre dientes—. Ya da igual, no va a volver a molestarme la pierna —se encogió de hombros.

Se quedó en silencio mientras caminaban hacia donde se encontraba la orilla. “No es tu sangre la que te define, sino tu corazón”. Esa frase se le repetía una y otra vez en la cabeza, y la miró de reojo mientras seguían andando. Consiguió que pensara distinto de ella, y había algo de Raven que le atraía sin ningún remedio. Cuando sufrió uno de sus ataques, se ofreció para vigilarla mientras reposaba tras haberla sedado, y tuvo tiempo para perderse en cada una de las facciones que formaba su rostro, incluso se atrevió a calmarla cuando se despertó desorientada, comprobando una vez más que su piel era suave y tersa. Raven era una mujer fuerte, tanto física como mentalmente.

Llegaron a la orilla, y ayudó a Raven a sentarse en la arena e hizo lo mismo a su lado. Estuvo en silencio observando el paisaje que quedaba frente a sus ojos, concentrándose en los movimientos del mar. A veces echaba de menos estar en su refugio, aunque ya no quedaba nadie después de la radiación. Al menos esperaba no ser la única persona en la tierra tras el Praimfaya.

—No me queda demasiado tiempo —habló Raven, y ella se giró para mirarla—. Lo empiezo a notar, me siento con menos fuerzas y no estoy con tanta fluidez mental… Estoy lenta en todos los aspectos, y creo que eso alimenta que esté enfadada constantemente.

—Raven, el estrés es tu enemigo en estos momentos —empezó a contestarle de forma pausada, y estiró su brazo para conseguir que la mirase.

—No sé si me funciona mirar el mar o meditar como a ti.

Se levantó ligeramente y se movió hasta colocarse tras Raven, manteniendo su cuerpo entre sus piernas. Apoyó las manos en su abdomen, justo debajo de sus pechos y dejó que su barbilla se colocase sobre su hombro derecho.

—Cierra los ojos, e intenta respirar de forma que se hinche donde están mis manos. No es fácil, pero tenemos tiempo ahora —murmuró suavemente y comenzó a inhalar aire y expulsarlo lentamente, intentando que Raven la imitase—. Muy bien —comentó, sintiendo cómo se hinchaba la zona que había bajo sus manos—. Más despacio —corrigió cuando vio que espiraba de forma veloz—. Intenta tener la mente en blanco, tan solo escucha el sonido de las olas, la brisa y mi voz.

Notó que relajaba los músculos de la espalda y se echaba sobre su pecho un poco. El pelo que caía en cascada de su coleta le hizo cosquillas en el cuello, y acabó cerrando también los ojos, intentando relajarse ahora ella también.

—No, no funciona —acabó diciendo tras unos cortos minutos, girándose levemente para mirarla.

—¿Qué haces tú para relajarte?

Raven no contestó, y la vio tragar saliva antes de lamerse los labios y bajar la mirada a los suyos. Quizás todo pasó muy rápido, porque no tardó mucho en colocar la mano en su nuca y atraerla a su boca, atrapando sus labios con habilidad y besándola con urgencia. Era un beso necesitado, desesperado y furioso.

Tras la sorpresa inicial, cerró los ojos y empezó a contestarle de una forma más pausada, moviendo los labios con lentitud y apoyando la mano en su mandíbula para acariciar su mejilla con el pulgar. Pero Raven era insistente, y en el momento en el que mordió su labio inferior con fuerza, soltando a la vez un gruñido e intentándose mover para devorar mejor su boca, perdió un poco la cordura; aun así, no dejó de besarla despacio.

Raven la empujó para tumbarla sobre esa parte arenosa de la playa, y se colocó completamente sobre ella. Se miraron tan solo unos segundos a los ojos antes de volver a ser atacada por esos labios tan cálidos, y entonces empezó a buscar más contacto con desesperación, pero intentó pararla acariciando sus costados al ritmo contrario que utilizaba la chica que se encontraba sobre su cuerpo.

—Shh… —chistó suavemente cerca de sus labios, y abrió los ojos para ver los suyos— Tenemos tiempo —volvió a repetir, y sonrió cuando asintió brevemente, intentando transmitirle serenidad a la vez que deslizaba la mano por su espalda, tranquilizando esa necesidad que tenía.

—Sigue besándome —pidió, esta vez tenía otro tono, era otro tipo de necesidad.

Se quedó en silencio, observando su rostro tras aquella súplica tan íntima: su ceño ligeramente fruncido y sus labios humedecidos por los besos. Sujetó su cintura con firmeza y giró sus cuerpos para colocarse de lado sin apartar la vista de la otra. Elevó un brazo y acarició su mejilla con cuidado, intentando transmitirle el respeto que sentía por ella, y acabó pasando ligeramente su pulgar por su labio inferior antes de besarla de nuevo.

Esta vez dejó que ella eligiera el ritmo, y succionó su labio superior suavemente antes de acariciar con su lengua el inferior, pidiendo permiso y profundizando el beso con la suavidad que se merecía. La escuchó jadear contra su boca y sus dedos se apretaron en su brazo cuando se arqueó hacia ella. Su mano continuaba en su cintura, y pasó a su espalda, notando esa curva que provocó con el acercamiento.

Raven volvió a morder su labio inferior, muy despacio y de forma erótica, logrando que ahora un gemido escapase de su garganta. Entonces la notó sonreír contra sus labios, y abrió los ojos para ver ese gesto.

—Tienes que hacerlo más.

—¿Besarte? —preguntó con curiosidad, entregándose a uno nuevo, pero se separó de ella para responderle sin apartar la mirada de sus ojos.

—No, sonreír. No dejes de sonreír.


Lo prometido es deuda, he aquí mi teoría de Luna con respecto a su huida y su relación con Lexa, y lo que quiero que pase, da igual cómo sea, la cosa es que se besen y suceda “Rana”. 

Espero que os haya gustado el one-shot y, si os sentís con deseos de otra historia Rana o que sea un “two-shot”, podéis pedírmelo. 

¡Nos leemos!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s