Fin de carrera

Ahí estaba ella. Toda la fiesta animada, fin de la carrera para todos. Pero ella solo bebía un zumo y estaba sentada en un sofá metida en sus pensamientos. Maldita mosquita muerta.

Volví a beber de mi vaso sin apartar la mirada de ella. Por un momento nuestros ojos se conectaron, pero apartó la mirada rápidamente sonrojándose levemente. No podía apartar los ojos de ella. Era una maldita empollona, siempre ultra tapada… Pero no me la saco de la cabeza desde que la vi en los vestuarios desnuda. ¿Por qué no luce más ese cuerpo?

Dios… Me tomé todo lo que quedaba en mi vaso de golpe, y sentí marearme unos segundos. Cerré los ojos y al volverlos a abrir la enfoqué. Lamí mis labios justo cuando ella miró otra vez y noté que se puso nerviosa. Sé que lleva años detrás mía y lo voy a aprovechar.

Me acerqué a donde estaba sentada, y a su lado dejé caer mi cuerpo en una postura relajada, hice que mi falda se subiera más por mis muslos. Se puso tensa. La gente no paraba de bailar, metidos en su mundo, nadie se dio cuenta que me senté con la empollona.

-¿Qué tal la fiesta, Sofía?- ella sabe que la vi desnuda, se tapó rápidamente cuando ocurrió y se encerró totalmente colorada en la ducha.

-Hola, Ángela…- vi como agarraba sus manos nerviosa e intentaba no mirarme, solo al frente. Sonreí gustosa.- La fiesta… bien… ¿Tú qué tal?

-Ahora mejor…- me enderecé y mi mano retiró el pelo que caía por su hombro, haciendo que caiga por el contrario. Noté como se ponía aún más tensa y bajé su camiseta por su hombro dejándolo al descubierto.

Dejé pasar mis labios entreabiertos por su piel, dando con mi aliento por ella. Vi por encima de su hombro como agarraba sus manos más fuerte y se echó para un lado subiendo de nuevo su camiseta. Sonreí cuando me miró nerviosa y con un leve rubor en sus mejillas. Me incliné hacia ella, apoyando mis manos en el posa brazos a cada lado de su cuerpo. Mi rostro quedó muy cerca del suyo y noté que ahora temblaba levemente.

-¿Qué haces?- ¿Me pudo parecer más mona? No. Agarré su barbilla y puse su rostro a mí misma altura.

-Shhh…

Sin más posé mis labios sobre los suyos. No los esperaba tan suaves y perfectos. No lo quise hacer tan rápido, pero solo moví mis labios un par de veces antes de pasar mi lengua por ellos. Otra vez tembló y me aparté despacio de ella sintiendo como nuestros labios quedaron pegados mientras nos separábamos.

Me incliné de nuevo para profundizar el beso, lo necesitaba. ¿Qué tenía esta chica que me dejó necesitada de esta forma? Ah, si… eso estaba debajo de su ropa.

Me agarró por los hombros y me echó hacia atrás. Nos miramos a los ojos y noté miedo. No quería asustarla tampoco.

-Es mi primer beso…

Shock. ¿Primer beso? ¿Nadie la ha besado antes? Me aparté de ella mirando cómo se agarraba sus propios brazos bajando la mirada.

-¿Eres virgen?- sin más, lo solté. Maldito alcohol, maldito el día en que la vi desnuda, malditas hormonas y malditas ganas de llevármela ya a la cama. No me contestaba, ni tampoco me miraba. Así que volví a agarrarla por la barbilla, levantando su mirada.- ¿Eres virgen?- asintió antes de librarse de mi mano de nuevo. Dios… La idea de ser su primera vez me apoderó, tenía que serla…- Sígueme…

Sin más la levanté de allí y me la llevé de la mano hacia fuera. Nos fuimos de la fiesta, pensaba llevarla a mi habitación de la residencia y allí le haría de todo, me daba igual que no quisiera. ¡Pero claro que querría! Debía quererlo. Nos subimos en mi coche y conduje hacia la residencia.

No tardamos demasiado en llegar hasta mi habitación, le dije que se sentara en mi cama y preparé dos vasos con whisky.

-Ángela… no bebo…- soltó con su vaso ya en la mano.

-Vamos, un día es un día.- levanté mi vaso hacia ella.- Por que nos vaya bien a partir de ahora en un buen trabajo.- levantó su vaso y lo chocó con el mío. Bebiendo un pequeño sorbo y puso cara de asco mirando al vaso como si fuera su culpa. Yo reí al verla así.- Te acabarías acostumbrando.

-Ugh… no lo creo.- volvió a beber de su vaso y puso la misma cara, haciéndome reír. Ella sonrió también. Tenía una sonrisa muy bonita… ¡Eh! Sexo, Ángela, sexo.

-Tranquila.- Solté mi vaso en el suelo e hice lo mismo con el suyo. Ya vi que se ponía nerviosa, sabía que la había traído aquí para algo. Me levanté y me coloqué frente a ella para después ponerme a horcajadas sobre ella. Sus ojos no sabían dónde mirar, sus manos acabaron a ambos lados de su cuerpo y otra vez noté como temblaba.- No dejes de mirarme… y tócame.

Aparté el pelo de su cuello, echándolo todo hacia atrás. Escondí mi cabeza en su cuello y la besé suavemente, sin apenas sacar mi lengua, y escuché como jadeó. Seguía sin moverse. Agarré una mano suya y la puse en mi cuello, y la otra en lo que había descubierto de mi muslo. Su mano pasó a estar caliente rápidamente, y eso me excitó más. Mis besos se volvieron más ardientes e incluí dientes. Noté como su mano se tensaba en mi cuello y agarró el pelo de mi nuca atrayéndome más a ella en un impulso. Agarré parte de la piel de su cuello con mis dientes y tiré suavemente escuchando un gemido. Ufff… Va a ser complicado querer ir más lento de lo que quiero.

-No voy a saber hacerlo…

-Eso es mentira… Separa un poco más los labios…- Antes de separarlos se los relamió, y, Dios, creo que voy a explotar. No sé si es el alcohol que me metí en el cuerpo, o simplemente las ganas que tengo de ella.

Me acerqué a ella de nuevo y comencé a rozar sus labios con los míos. No sé porque lo estaba haciendo así, porque incluso yo misma me moría de la necesidad.

Finalmente, me dejé de juegos y besé sus labios. Comencé a moverlos contra los suyos, primero ella no movía nada. Hasta que yo se lo dije contra su boca. Los movía tímidamente, pero me ponía los pelos de punta. Me puse mejor sobre ella e intenté profundizar el beso. Pasé mi lengua entre sus labios y entró fácilmente en su boca. Empecé a acariciar su lengua lentamente, y la escuché soltar otro gemido. Me está matando… Y solté yo otro a la vez que agarraba el pelo de su nuca con una mano.

Nos separamos para coger aire, pero no me dio tiempo a más cuando volví a atrapar sus labios, ahora si se soltó más. Acaricié su costado antes de meter mi mano bajo su camiseta, notando como se estremecía. Su mano se soltó por mi muslo, acariciándolo al igual que yo acariciaba su abdomen. Su piel era ultra suave no, lo siguiente.

Con impaciencia le quité la camiseta sobre su cabeza dejándola un poco despeinada, dándole un toque más sexy, y empecé a desabotonar la mía, que se ocupó ella tímidamente de quitármela del todo. Nos observamos un rato, mirando el cuerpo descubierto de la contraria.

Miré sus ojos que se iban oscureciendo. Los míos llevarían absolutamente negros desde que salimos de la fiesta. La volví a besar lentamente, muy lento. Me hice adicta de sus labios, pero quise probar más. Me ocupé de quitar mis zapatos y quitárselos a ella, para ello me levanté de encima suya. Me agaché para coger uno de los vasos del suelo y beber un largo sorbo. Lo poco que quedaba se lo di a Sofía, que bebió gustosa del vaso que le ofrecía. Resbaló un poco por su pecho, ¿qué le voy a hacer? La excitación me hace temblar.

Pero no pasa nada, me encargué de limpiar el camino que hizo el líquido hasta terminar entre sus pechos con mi lengua, haciéndola tener un escalofrío. La empujé hasta tenerla completamente tumbada en mi cama. Saqué de un cajón un pañuelo de seda y até sus muñecas sobre su cabeza. La observé. Que excitante escena.

Me puse de nuevo sobre su cuerpo y le regalé un beso. Noté como se frustró al no poder mover sus manos. Fui bajando mis labios haciendo un largo camino, su mandíbula, cuello, pecho, entre sus senos, abdomen… Mientras me entretenía en su abdomen sin dejar de lamer, empecé a desabrochar su pantalón. La miré desde ahí, haciendo que nuestros ojos conectaran y quité sus pantalones elevando sus piernas. Los tiré lejos de ahí viendo como quedaba sus piernas flexionadas, me ocupé de apagar la luz del cuarto y encendí una pequeña lamparita que emitía una leve luz roja.

Mi intimidad iba a explotar de necesidad de un momento a otro. Me tumbé plenamente sobre ella, entre sus piernas. Acaricié sus muslos a la vez que la besaba. Aun besaba algo torpe, pero sus labios y lengua eran perfectos. Empecé a arquearme contra su cuerpo casi a la vez que ella lo hacía. Una de mis manos subió para agarrar uno de sus pechos. Y ambas gemimos.

Ahora me arrepentí de haberle atado las muñecas, no me iba a poder deshacer del sujetador, mierda. Me da igual. Metí la mano bajo su espalda y lo desabroché, luego quité las tirantas por delante, y fuera sujetador. Sus pechos quedaron a mi exposición, y la noté tensarse de nuevo al estar tan desnuda frente a mí.

Me agaché y con nuestras miradas conectadas, metí un pezón suyo en mi boca. Noté como se iba endureciendo en mi boca, y la escuché gimiendo suavemente a la vez que yo hacía succiones. Arqueó la espalda contra mí, y cada movimiento que hacía me parecía sensual, todos. Mientras lamía su pecho me ocupé de quitar la falda de mi cuerpo, se volvió ultra molesta de repente.

-Bésame…

Cuando miré su rostro de nuevo un escalofrío pasó por toda mi columna. Tenía una leve capa de sudor, su pelo despeinado, sus labios hinchados y entre abiertos, sus ojos oscuros, iluminada con esa luz roja, y su cuerpo a penas desnudo completamente para mí. ¿Y quién soy yo para desobedecer sus órdenes?

Nuestros labios se volvieron a unir en un beso fogoso y muy, muy húmedo. Mi mano agarró uno de sus pechos antes de seguir bajando por su vientre. Empecé a jugar con la goma de sus braguitas y volvió a temblar.

-Shh… tranquila, Sofía…- volví a besarla largamente. Y gimió en mi boca cuando me deshice de sus bragas para apoyarme sobre ella.

-Desnúdate tú también…

Me levanté de ella, y no pude evitar mirar el sitio recién expuesto de ella. Me encantó que estuviera totalmente depilada. Mmmm… que ganas le tenía. Quité mi sujetador mirándola ahora a los ojos, y vi cómo se sentaba dejando caer sus manos atadas sobre sus piernas. Me observó los pechos recién descubiertos. Agarré el inicio de mi tanga y solo tuve que bajarlo un poco para que se deslizara por mis piernas hasta el suelo.

Me acerqué lo máximo que pude a la cama, mirando cómo se ponía de rodillas en ella, y no me esperé que pusiera sus manos unidas en mi vientre y pegara sus labios en él, lamiendo y besando. Gemí agarrándola de la nuca. Subió hasta mi pecho y me encantaba como lo hacía todo de esa forma tímida y con miedo de no hacerlo bien. Cuando metió mi pezón en su boca volví a gemir más profundamente.

La separé de mi pecho y agachándome agarré sus labios con los míos, besándola intensamente. Volví a tumbarla, subiendo con una mano sus dos manos, y tumbándome sobre ella entrelazando nuestras piernas.

No podía aguantar más… no podía. Mi mano bajó por su cuerpo para encontrarse con su humedecido centro. Gemí contra su cuello, comenzando a morderlo a la vez que ella gemía y yo arqueaba mis caderas hacia su pierna, calmando un poco mi deseo, o haciéndolo más fuerte.

Empecé a mover mi mano circularmente, haciendo que pegara su boca contra mi hombro para ahogar sus gemidos.

-Quiero escucharte gemir… No los reprimas…- hablé en su oído, para ganarme a cambio un gemido profundo que no fue ahogado por nada.- ¿Estás lista?

-Sí…- me levanté un poco para mirarla a los ojos mientras bajaba mis dedos hacia su entrada. Que ganas le tenía… que ganas… Preparé mis dedos para que fueran entrando. Pero recordé que era virgen, y entonces preferí empezar con solo uno.

Mi dedo entro completamente en ella, estaba muy estrecha, me encantaba… Gemí antes de besarla fogosamente. Empecé a mover mi dedo mientras notaba como su lubricación aumentaba y como le costaba devolverme el beso. Movía mis caderas también y diferenciaba perfectamente sus gemidos de placer y los de frustración al no poder usar sus manos.

Quería probarla, así que fui bajando por su cuello, sus gemidos me estaban volviendo loca y temía hacerle daño en algún momento que quisiera ser más bruta o algo. Iba por su vientre, y ya olía su centro. Aspiré soltando un gemido cuando llegué a mi destino.

-Mmm… Dios…- pegué mis labios cesando los movimientos de mi dedo y saqué la lengua lamiendo impaciente. Noté como mi centro se humedecía más con cada lamida, con cada sensación de sabor u olor.- Sabes deliciosa, Sofía…- lo dije contra su intimidad, y notaba como se tensaba, como gemía cada vez más alto. Pobre chica virgen. Estaba muy cerca.

Sin más, metí dos dedos en ella, moviéndolos rítmicamente y mi lengua insistiendo en su clítoris, cada vez dejándolo más duro e hinchado. Empezó a gemir mi nombre, cada vez más alto. Me volvía loca, empecé a ser más bruta, todo iba más rápido. Nuestros cuerpos estaban perlados por el sudor, y noté sus paredes tensarse sobre mis dedos. Dios…Dios…

Subí a su boca y la besé justo en el momento en el que tenía su orgasmo. ¡Y qué orgasmo! Estuve a punto yo también por verla de esa forma. Seguía temblando bajo mi cuerpo, limpié mis dedos con mi boca gimiendo al notar todo su sabor. Escuchaba su respiración agitada, mientras la observaba jadeante bajo mi cuerpo y decidí desatar sus muñecas ya.

Lo primero que hizo fue rodear mi cuerpo y abrazarse a mí. Me sentí una mala persona, la peor, por unos momentos cuando me susurró que me quería al oído. La miré a los ojos y me odié más… Soy una perra. Ella me besó, me besó muy lento. Hizo que giráramos en la cama y quedara sobre mí.

Su cuerpo se amoldó perfectamente sobre el mío. Y volvió a susurrarme en el oído que quería probarme… Agarró con los dientes el lóbulo de mi oreja y jadeé suavemente. Su boca bajó hasta mi cuello y lo besaba con mucha lengua, volví a prenderme en unos segundos. Vi cómo se sentaba sobre mí e inclinándose cogió el vaso que había en el suelo. Me miró con ojos oscurecidos antes de bebérselo de un tirón. Wow.

Se volvió súper fogosa, lo primero que hizo fue besar mis pechos, metiéndose mi pezón en su boca y lamiéndolo de una forma exquisita. Gemí cuando usó sus dientes. Pasó sus labios por mi vientre, lamiéndolo también.

Y se posicionó frente a mi entrepierna. Mi respiración estaba agitada completamente. Me apoyé en mis codos observándola, vi como separó mis piernas más aun y agarraba mis muslos. Su boca se pegó a mi centro y eché mi cabeza hacia atrás gimiendo.

Su lengua se movía lentamente en mi intimidad haciendo movimientos precisos en muchas ocasiones. Agarré su pelo y comencé a mover mi cadera contra su boca. Escuché como gemía, y su mano tímidamente se acercó a mi intimidad. Noté como su dedo buscaba mi entrada, y me daban escalofríos con cada caricia que hacía en esa parte tan sensible.

Noté como sus dedos entraban en mí despacio, y solté un largo gemido al aire. Moví mis caderas algo más desesperada contra su boca, buscando que entrara más profundo sus dedos también.

-Más rápido… Dame más…

Y lo conseguí, sacó sus dedos y entró bien profundo en mí con tres esta vez. Empezó a mover sus dedos rápido, y ya no noté su lengua. Bajé mi mirada y la vi observándome mientras movía cada vez más rápido sus dedos.

Estaba a punto de correrme, y ella lo notó. Subió por mi cuerpo y me besó ardientemente. Sus labios me quemaron y su lengua ya hábil me conquistó.

Gimió junto a mi cuando me dio un intenso orgasmo. Mi cuerpo temblaba de placer y ella se tumbó a mi lado abrazándome fuerte contra ella, haciendo que mi corazón vaya a mil. Sentí sus caricias por mi espalda y como susurraba “te quiero”.

Qué pena que mañana tenga que olvidarme…

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