Biblioteca

Estudiar… estudiar… y más estudiar. Odio la época de exámenes. Hoy decidí estudiar en la biblioteca, no soportaba más los gritos de mi madre y mi hermana pequeña. Estaba estresada, no volvería hasta la hora de cenar, necesitaba mi máxima concentración en la asignatura.

Llevaba ya más de cuatro horas seguidas mirando páginas y páginas. Mis codos me empezaban a doler… y decidí salir a tomar algo fresco.

Cuando me levanté del asiento sentí mis piernas algo agarrotadas, y las estiré un poco, moviéndolas mientras caminaba. Fuera de la biblioteca había una cafetería, pedí un refresco, me senté y la vi. Estaba tan sexy como siempre, con ese maldito escote asomándose en su camiseta. Miré su pelo como caía por sus hombros, y nuestras miradas conectaron. Ella sabía que yo la miraba, sabía que la deseaba. Me dedicó una sonrisa traviesa, y se levantó. No dejó de mirarme mientras pasaba por mi lado, y mis pulmones se llenaron de ese perfume embriagador. Joder.

Sacudí la cabeza para olvidarla un rato, debía concentrarme en mi examen de mañana. Entré de nuevo en la biblioteca tras refrescar mi garganta. Volví a mi sitio pensando en lo que me tocaba estudiar ahora, me senté descuidadamente y fijé mi mirada en el libro de genética…

-Hola, Laura.-pegué un salto pegando mi mano al pecho, miré al frente encontrándomela.

-Joder, me has asustado.- Se sabe mi nombre, interesante. Me sorprendió que lo supiera, a penas coincidíamos en una clase de unas cien personas, nunca pasaban lista. Me alegré que lo supiera.

– ¿Preparando el examen de mañana?-me dijo mirando mis páginas distraída.

– Si, lo estoy preparando, un poco aburrida la asignatura.

-Por cierto, soy Ashley.- me dijo sonriente, ya suponía yo que no era española, tenía aún acento americano. Tenía una boca de lo más exquisita. Noté como me miraba fijamente y se relamía disimuladamente los labios, y yo noté que ya comenzaba a humedecerme.- Me han dicho que estudias Biología, me preguntaba si podrías ayudarme con un tema de inmunidad…

-Sí, claro. Creo que tengo tiempo. ¿Dónde te sientas?

-Acompáñame…- Mirada insinuante… sonrisa insinuante… y yo dejándome llevar.

Vi como me guiaba a la parte más alejada de la biblioteca, parecía una película, parecía que nunca me pasaría. Nada más llegamos a un sitio donde no habia gente, me indicó el libro que había en un estante, “Inmunología” se leía en ese libro sucio. Ay… que mente más imaginativa tengo.

Yo era más alta que ella así que tuve que estirarme yo contra la estantería para cogerlo. No me dio tiempo a alcanzarlo cuando sentí su cuerpo presionado al mio, sus pechos pegados en mi espalda. Juro que podía sentir sus pezones endurecidos ya. Solté un suspiro, y noté su respiración en mi oído, sus manos retirando mi cabello de mi oreja, y como cogía aire para hablarme.

-¿Sabes lo mucho que llevo deseando tenerte así?

Noté como se presionaba en mi espalda, y sentí sus manos entrando hábilmente por mi camiseta, subiendo por mi vientre, quemando mi piel. Sus labios estaban en mi cuello y yo me controlaba por no comenzar a gemir ya.

Me di la vuelta y la presioné con todo mi cuerpo en la estantería del frente, escuchándose un ruido sordo. Respirábamos agitadas ya por la excitación, y sus labios estaban a nada de los míos.

-Recuerda que no podemos hacer ruido.- lo susurré antes de agarrar su labios con los míos.

Nuestros labios se movían ardientemente sobre los de la otra, y no tardé en notar su lengua pasando sensualmente por mi labio inferior. Tras ese gesto la noté desesperada por como metió su lengua en mi boca empezando a acariciar bruscamente cada parte de ella. No pude evitar soltar un leve gemido, esta chica sabía mover la lengua.

Mi mano derecha se deslizó por su costado hasta llegar a su trasero, un culo bien duro y grande, y la escuché jadear fuerte mientras mi mano izquierda se metía en su camiseta comenzando a subir para encontrarme con un sujetador finísimo, tenía unos pechos lo suficiente grandes para que mi mano apenas pudiera aprisionarlo en toda la palma. Soltó una especie de gruñido contra mis labios mirándome intensamente, haciendo que me perdiera en esa mirada oscura y, entonces, fue mi momento de atacar.

Mi lengua entró en su boca con ganas y empecé a tocar cada rincón, jugando con su lengua y succionándola levemente antes de morder su carnoso labio. Mi pierna se colocó entre las suyas, y la subí hasta que mi rodilla golpeó su intimidad. No dejé de mirar su rostro, tenía los ojos cerrados y mordía su labio para no soltar ningún sonido, aunque yo podía escuchar los que se quedaban ahogados.

Estimulé sus pezones más aún, los tenía ya duros y bien hinchados. Subí su camiseta y agachándome un poco me metí su pezón en mi boca comenzando a succionarlo y lamerlo de forma circular, notando como arqueaba la espalda hacia mí y enredaba sus dedos en los pelos de mi nuca, acercándome más a su pecho.

Mi mano derecha pasó de su culo a presionar sobre su sexo, noté cómo un escalofrío pasaba por cada parte de su cuerpo y mi mano se coló en su pantalón, estaba totalmente depilada, y mi dedo corazón no tardó en colarse entre sus pliegues notando lo mojada que estaba.

Comencé con movimientos circulares en su clítoris, su pecho golpeaba el mío con cada cogida de aire que realizaba, cada vez respiraba más rápido y fuerte. No tardé en agarrar su boca a la vez que deslizaba un dedo dentro de ella, moviéndolo lento mientras salía y embistiendo fuerte y rápido. Cuando noté que se deslizaba muy bien mi dedo metí el segundo, empezando a moverlo furiosamente. Quería notar como se venía en mis dedos ya.

Sus manos agarraban mis hombros muy fuerte, su espalda arqueada y veía sus ojos cerrados y su labio atrapado entre sus dientes. Su cabeza cada vez iba más hacia atrás. Sus paredes vaginales comenzaron a contraerse alrededor de mis dedos, presionándolos, y noté que sus caderas se arqueaban hacia mi y como empezaba a tener leves espasmos.

Vi como cogía aire, hinchándose su pecho, y mi mano izquierda no tardo en posarse totalmente sobre sus labios para ahogar el gemido que soltó, el gemido que hizo que se erizaran todos los pelos de mi cuerpo.

Su respiración fue tranquilizándose lentamente, y sus ojos se abrieron encontrándose con los míos. Lo primero que hizo fue sacar mi mano de sus pantalones, agarrando mi muñeca la subió hasta sus labios y metió mis dos dedos en su boca, comenzando a lamerlos lentamente, metiéndolos y sacándolos de su boca. Tras dejarlos limpios me miró y sus labios se posaron en los míos, regalándome un beso lento y suave. Se arregló la ropa y un poco el pelo, y me sonrió.

-Nos vemos mañana. Mismo sitio, misma hora.

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