Capítulo 07. Once años.

¿Cuándo comenzó a darse cuenta de que lo que sentía por Ashley Davies era algo más que amor de mejor amiga? No lo sabía exactamente y sospechaba que desde el principio su conexión con aquella diminuta morena que hablaba raro había sido más profunda de lo que cabía esperarse entre amigas. Aún así nunca se había planteado nada porque era demasiado pequeña como planteárselo de modo que, desde los cinco hasta los once años, Ashley había sido solo su mejor amiga. Aquella con la quería pasar cada minuto del día, a la que se lo contaba todo y con la que podía contar para hacer cualquier cosa, cualquier tipo de locura y travesura.
Todo había sido fácil hasta entonces, en el pequeño universo en el que vivían las niñas odiaban a los niños y los niños odiaban a las niñas y si a una niña le gustaba un niño o a un niño una niña los demás se encargaban de quitarles la tontería del cuerpo mediante crueles burlas y bromas pesadas. Fueron buenos tiempos para Spencer Carlin. Buenos tiempos, si señor. Pero desgraciadamente aquel paraíso del odio entre géneros llegó a su fin. Y terminó así, de repente y sin previo aviso. De pronto un día las niñas de su clase habían comenzado a hablar de los chicos de una forma completamente diferente. Y de golpe y porrazo a todas les gustaba uno de sus compañeros, o dos, o tres…dependiendo de lo fresca que fuera cada una. A Ronda le gustaban todos, a ella ninguno. ¿Y a Ashley? Eso era lo que comenzó a preocuparle de forma alarmante. ¿Y si a Ashley le empezaba a gustar alguno de los niños? La morena nunca le había hablado de ninguno de ellos con otra cosa que no fuera indiferencia o disgusto pero aún así…
No comprendía de donde venía aquel miedo a que Ashley comenzara a fijarse en los niños de su clase al igual que hacían todas sus demás compañeras, pero ahí estaba. Poco a poco ese malestar se fue desvaneciendo al comprobar que, a pesar de la tontería que comenzaba a apoderarse del resto del mundo, ellas dos continuaban igual. Seguían pasando los recreos juntas mirándose con paciencia cuando escuchaban a alguna de las otras niñas compartir su pequeño enamoramiento pre-adolescente. Cuando volvían a casa se burlaban de ellas, hablaban de sus cosas y hacían los deberes sin preocuparse de nada de lo que sucedía fuera de su pequeña burbuja. Pero de repente un día aquella burbuja explotó.

Ashley y Spencer a los once años

Primera hora de clase de un viernes. Matemáticas. ¿Por qué señor?La semana tenía siete días y cinco de ellos debían pasarlos asistiendo al colegio, solo quedaban dos de descanso…¡¿A nadie más le parecía totalmente injusto y desproporcionado? Spencer ahogó un bostezo…madre mía, que tostón, aquello era inhumano. ¡Inhumano! Menos mal que ya era viernes y aquella noche Ashley y ella tenían preparada una sesión de cine completa y absolutamente genial. Era viernes y era 13, así que la película elegida había sido “Viernes 13”. Doblemente escalofriante. Ashley iba a morirse de miedo. Y…hablando de Ashley, la había notado un poco rara aquella mañana pero le había preguntado si le pasaba algo y le había dicho que no. Desvió su mirada, alejándola de la tarima y de la profesora, hasta captar a la morena dentro de su campo visual. Ella tampoco estaba prestando mucha atención a la clase, parecía perdida en sus propios pensamientos y normalmente Spencer conocía los pensamientos de Ashley, todos y cada uno de ellos, pero aquella mañana no tenía ni idea de lo que pasaba por la cabeza de su mejor amiga.
Intentó sonsacarle en los cambios de clase pero sin ningún éxito. Le atosigó durante el recreo pero nada, la morena continuaba sin admitir que algo no andaba del todo bien.
Por fin las clases terminaron y Spencer recogió todas sus pertenencias dentro de su mochila antes de colgársela a la espalda y acercarse al pupitre de su mejor amiga. Desde los nueve años sus padres les dejaban volver solas a casa después de las clases. Sus casas no estaban muy lejos del colegio y la ciudad era pequeña y aburrida, todos los habitantes se conocían entre ellos. La rubia observó como su amiga guardaba sus libros en la mochila y le ayudó tendiéndole también el estuche.
– ¿A que hora vas a venir a mi casa?- preguntó Spencer cuando las dos comenzaron a caminar hacia la salida de clase- Si vienes pronto a lo mejor nos da tiempo de ver también la segunda parte- dejó caer .
– Spence…-iba a decir algo la morena cuando de repente Nathan el comemocos se plantó delante suyo cortándoles el paso a ambas.
– Ey Ashley- saludó con una sonrisa de imbécil en la cara- Spencer…-dejó caer apenas sin mirar a la rubia antes de centrar su completa atención en su amor platónico de nuevo- Solo quería recordarte que mi fiesta de cumpleaños empieza a las cinco y media- dijo.
Spencer le miró como si aquel niño se hubiera vuelto completamente loco de repente, tanto comer mocos debía haberle afectado al cerebro. ¿Ashley dejándole plantada a ella por acudir a la fiesta de cumpleaños de aquel payaso de circo? ¡Por favor! No había forma humana de que la morena cancelara su noche de cine, era impensable, inconcebible desde todo punto de vista, imposible, era…
– Cinco y media, allí estaré- contestó Ashley.
¡Increíble! ¿Allí estaré?¿Como que allí estaré?¡A ella el comemocos de Nathan ni siquiera le había invitado a su estúpida fiesta de cumpleaños! No era que le importase mucho pero aún así…Ashley había aceptado ir sin ella. ¡Sin ella! Y no solo eso, esperaba al último momento para decirle que se cancelaban sus terroríficos planes. Tras escucharla la cara de Nathan se deformó aún más ensanchando su, ya de por sí, ancha sonrisa. Se despidió de Ashley con la mano antes de caminar hacia atrás aún mirándola con cara de empanado mental, chocó con las taquillas y se puso un poco rojo antes de despedirse de nuevo de Ashley y echar a correr pasillo adelante. ¡Menuda pena de pseudo ser humano!
Una vez que Nathan hubo desaparecido de su vista Spencer se volvió hacia su amiga.
– ¿Vas a ir a la fiesta de cumpleaños de Nathan?- preguntó y su voz sonó un pelín chillona sin ella proponérselo.
– Si…me invitó ayer y le dije que si- reconoció- Llamó a mi casa por teléfono- dio más detalles.
– ¡Se come los mocos Ashley!- se lo recordó Spencer por si ella lo había olvidado.
– Eso era antes…ya no se los come- contestó su amiga mientras ambas salían al patio del colegio.
– ¡No puedo creer que canceles nuestra noche de cine!- exclamó la rubia.
– Lo siento Spencer…podemos ver la película mañana- ofreció mirando a su mejor amiga.
– Se llama “la noche de cine de los viernes”. ¡Mañana no será viernes! ¡Y no será 13!…¡y todavía no han rodado la película de terror “Sábado 14”!- exclamó completamente enfadada- No me puedo creer que me dejes tirada…-bufó.
– ¡No te dejo tirada!- protestó Ashley.
– ¿Ah no? ¿Recuerdas cuando Robbie me invitó a su cumpleaños y a ti no?- le preguntó y Ashley agachó la cabeza. Si que se acordaba. Spencer le había contestado que si no le invitaba a ella también no acudiría. Al final no había ido ninguna de las dos a pesar de que el niño había cedido a las exigencias de la rubia. Robbie estaba un poco colado por Spencer- Da igual…si tu pasas de la noche de cine invitaré a alguien más y punto- resolvió.
– ¡No puedes invitar a nadie más! Son “nuestras” noches de cine…- matizó Ashley.
– Parece que la de hoy es “mi” noche de cine- respondió Spencer- Ya sé…voy a invitar a Sarah- decidió de pronto al ver a la niña acercándose.
– ¿A Sarah?- exclamó Ashley incrédula volviéndose hacia el lugar por donde la aludida caminaba.
Sarah Preston. Once años, ojos verdes y largo cabello caoba. Divertida, ingeniosa, encantadora, estudiante modelo. Sarah Preston, la chica más popular de la clase de quinto grado. Desde que Spencer le había defendido una vez a los seis años cuando David intentó arrebatarle el almuerzo, las dos habían mantenido una relación bastante amigable. Unas bromas por allí, unas bromas por allá. Sarah les invitaba a ambas a sus fiestas de cumpleaños y Ashley debía reconocer que había temido en varias ocasiones que su mejor amiga le cambiara por “doña perfecta”. ¡Era la más popular! Spencer nunca jamás se había planteado hacer tal cosa. Ni en un millón de años. ¿Y ahora pensaba invitarle a “su” noche de cine? El ceño de la morena se frunció con extremo disgusto al notar como Sarah sonreía al ver a Spencer acercarse a ella. Las vio intercambiar unas palabras, reírse un poco, intercambiar más palabras, más risas. Palabras, risas, palabras, risas…¡por fin una despedida! Y Spencer se dirigía allí de nuevo con una enorme sonrisa en su cara.
– ¿Y bien?- se cruzó de brazos Ashley.
– Vendrá a mi casa sobre las seis y media- le informó la rubia echando a caminar sin más, traspasando los límites entre el colegio y la calle y enfilando el camino que le llevaría hasta su casa.
Ashley le miró completamente molesta y apresuró el paso hasta ponerse a su altura.
– Solo has invitado a Sarah para que me enfadara- acusó a su mejor amiga.
– ¿Y porque ibas a enfadarte? Tu te vas a la fiesta de Nathan y yo no me enfado- ejemplificó.
– ¡Claro que te enfadas! Solo por eso has invitado a “doña perfecta” a tu casa…-rebatió la morena.
– ¡No entiendo porque has aceptado a ir a ese cumpleaños! Nathan ni siquiera te cae bien…-dio por sentado.
– Nathan me cae bien. Es simpático- admitió Ashley.
– ¡Es simpático contigo porque le gustas!- exclamó Spencer- Y aceptando a ir a su cumpleaños es como si le dijeras que él también te gusta a ti- le informó. Ashley no dijo nada. No lo negó como Spencer esperaba que hiciera y el estómago de la rubia se convirtió en un nudo. Un nudo muy, muy apretado. Y tuvo que preguntarlo- ¿Te gusta Nathan?
Ashley miró hacia otro lado al escuchar la pregunta de su amiga y se limitó a encogerse de hombros. Ante el silencio de la rubia se vio obligada a elaborar un poco más su respuesta.
– No lo sé. Igual un poco- declaró vagamente.
No había terminado de pronunciar la última palabra cuando Spencer le sorprendió acelerando el paso y dejándola atrás.

* * *

El comemocos…le gustaba el comemocos. Ver para creer.
Spencer se encontraba tumbada boca arriba en mitad del suelo de su habitación. Con sus brazos en forma de cruz, extendidos a ambos lados de su cuerpo. Miraba el techo mientras trataba de asimilar aquella nueva información. A Ashley, a su Ashley, le gustaba Nathan el comemocos. El mismo Nathan que le había dado un beso a los siete años y al que ella había derribado, segundos después, con sus propias manos. Ashley decía que no, pero ella estaba segura de que ese niño seguía comiéndose los mocos…porque ya se sabe lo que dicen “Una vez comemocos, siempre comemocos”. Allá Ashley si quería relacionarse con aquel tipo de gente. ¡Por ella como si empezaba a comerse los mocos también! Le daba igual. Si señor. Le daba exactamente igual. Ashley podía casarse con Nathan cuando le diera la gana, ella encontraría a otra mejor amiga, y sería mejor “mejor amiga” que Ashley porque se la buscaría menos miedosa.
De pronto la puerta de su habitación se abrió y su madre entró con un montón de ropa limpia y doblada en las manos. Pareció sorprenderse de encontrársela en el suelo.
– Spencer…¿puede saberse que haces tirada en el suelo?- inquirió pasando sobre ella con cuidado de no pisarla ya que estaba entorpeciendo el paso hacia el armario.
– Pensar- fue su simple respuesta.
– ¿A que hora llega Ashley?- se interesó la mujer repartiendo la ropa de su hija pequeña en las diferentes baldas y perchas.
– A ninguna- contestó Spencer ahorrando saliva y más palabras innecesarias.
Paula dejó de centrarse en la tarea que tenía entre manos para mirar a la niña con el ceño fruncido.
– ¿Os habéis peleado?- quiso saber.
– No. Ahora que tiene novio no vendrá tanto por aquí- masculló y le indignó mucho, pero que mucho, escuchar la risita de Paula tras sus palabras.
– ¿Novio? Tenéis once años Spencer…novio…-sacudió la cabeza aún sonriendo. Estos niños de hoy en día- Así que estás enfadada porque Ashley hoy ha quedado con otro niño- apuntó Paula cerrando el armario y sentándose en la cama observando la cara de enfado de la pequeña rubia.
– No estoy enfadada…-negó lo evidente.
– Spence…que no os paséis las veinticuatro horas del día juntas no quiere decir que seáis menos amigas- trató de animarle pero, lejos de conseguirlo, aquella afirmación consiguió entristecerla más.
Ella quería pasar las veinticuatro horas del día con Ashley y, hasta aquella mañana Ashley también había querido pasarlas con ella. Y ya no. ¡Y encima por un chico! Puaghhh…
Paula decidió que lo mejor sería dejarla sola, se le pasaría porque eran cosas de niños ¿verdad? Solo cosas de niños.

* * *

Si, le había mentido a Ashley ¿y que? En realidad Sarah le había dicho que no podía ir a su casa porque aquel fin de semana se iba con sus padres a visitar a sus abuelos que vivían a tropecientos kilómetros de allí. ¿Por qué le había mentido? Pues porque si. Más simple que eso imposible. Le había mentido porque sí, porque quería que Ashley se sintiera mal, porque ella se sentía mal.
¡Y si Ashley se pensaba que iba a dejar pasar la oportunidad de ver “Viernes 13” el mismísimo día viernes 13 estaba muy, pero que muy equivocada! Ella se lo perdía y esperaba que no le sentaran mal los sándwiches de mocos de la fiesta de Nathan.
Ella ya estaba a mitad de película. Todas las palomitas tenían destino “su boca”, el sillón era suyo enterito, enterito y no tenía que compartir la manta calentita y suave con nadie. ¡Ja Ashley Davies! ¡No te necesito para nada! O para casi nada…porque de tantas palomitas le estaba empezando a doler un poco la tripa, el sillón era demasiado grande y la manta calentita no era tan calentita sin el cuerpo de Ashley pegado al suyo y sus manos haciéndole un torniquete a su brazo. Y no había nadie por quien fingir ser valiente así que estaba pasando más miedo que en toda su vida.
De pronto captó un sonido extraño, fuera de lugar, y paró la película para poder escuchar mejor. Sus padres estaban en la cocina revisando las facturas porque Paula estaba convencida de que aquel semestre les habían cobrado el agua dos veces. ¡Aquellos dos si que sabían vivir peligrosamente! Y su hermano estaba pasando el fin de semana con Billy y sus padres en una casa rural. Ay hermanito…disfruta mientras puedas, antes de que Billy encuentre a una chica comemocos y caiga rendido a sus pies olvidándose de que una vez tuvo un mejor amigo llamado Glenn.
Prestó mucha atención y…ahí estaba, ese ruido chirriante intermitente, se parecía mucho al ruido que hacía la bicicleta de Ashley cada vez que la morena pedaleaba. Ella ya le había dicho mil veces que le pidiera a su padre que se la engrasara un poco pero Ashley no le hacía caso. Intrigada se arropó con la manta y se levantó del sofá acercándose hacia la ventana más próxima, debía descubrir que era lo que producía aquel sonido tan desagradable pero…espera…ya no se escuchaba. El reflejo de la luz de la televisión dentro y la oscuridad de fuera habían convertido al cristal de la ventana en un espejo, de modo que al llegar junto a él utilizó sus manos para crear un círculo de visión al exterior y…¡¡¡JODER!!! Ashley estaba al otro lado y le saludó tímidamente con la mano, como si nada, como si no hubiera estado a punto de causarle un paro cardíaco.
No perdió tiempo y salió al porche, en pijama y con zapatillas con forma de cabeza de vaca en sus pies, la manta rodeándola y cerrándose sobre su pecho. Miró a su amiga y, tal y como suponía, allí estaba su bicicleta ruinosa tirada a los pies de las escaleras sin ningún cuidado.
– Hola Spence…- saludó la morena estirándose más las mangas de su sudadera hasta que consiguió que sus manos desaparecieran de la vista.
– ¿Qué haces aquí?- inquirió su amiga cambiando el peso de pie y estrechando más la manta sobre su cuerpo. Hacía un poco de frío.
– Venir a verte y…- bajó la vista al suelo- …y a pedirte perdón también. No debí haberte dejado plantada por ir a la fiesta de Nathan- reconoció- Tu nunca me dejas plantada por irte a la fiesta de nadie- admitió.
– Es de noche…no nos dejan coger la bicicleta de noche- indicó la rubia.
– Ya…me he escapado…- explicó Ashley y Spencer sonrió al ver el gesto de malicia de la cara de su amiga al alardear de su fuga- Mi madre no me dejaba venir ni llamarte por teléfono porque decía que ya era tarde- añadió.
Spencer se sentó en la primera escalera del porche y miró la oscuridad ante ella.
– ¿Has venido pedaleando desde tu casa estando todo tan oscuro?- inquirió sorprendida y miró a su amiga cuando está se sentó a su lado.
– Si…la bici tiene luz delante- explicó.
– Pero eres una miedica- le recordó.
– Pero tenía que hablar contigo. No quiero que te hagas mejor amiga de Sarah Preston y que tengáis “vuestros” viernes de cine- admitió mirándole con ojos tristes- Y para tu información Nathan sigue comiéndose los mocos…-añadió y Spencer rió al escucharle. ¡Lo sabía!
– No puedo creer que te guste un chico que se come los mocos- dijo negando con la cabeza. Ashley suspiró mirando los escalones de madera.
– No me gusta Nathan, Spence…- reconoció- Es un poco asqueroso- añadió.
– ¿Y porque has ido a su fiesta?- frunció el ceño la rubia. Wow…de repente parecía que le habían quitado como trescientas toneladas de encima. ¡A Ashley no le gustaba Nathan! ¡Y quería que siguieran siendo mejores amigas!
– Porque…se supone que debería gustarme algún chico…a todas las demás chicas de clase les gusta alguno…- señaló jugando con las mangas de su jersey.
– A mi no- se encogió de hombros Spencer.
– ¿Y no te sientes rara cuando todas hablan de lo guapos que son porque a ti no te parecen guapos?- quiso saber.
– No- volvió a encogerse de hombros la rubia. Y era la verdad.
– Pensé que si a lo mejor me gustaba Nathan…dejaría de sentirme rara- reconoció.
– No eres rara…- le dijo Spencer y Ashley le miró- Eres especial- añadió y la morena sonrió un poco. Su amiga siempre sabía que decirle para que se sintiera mejor.
– ¿Seguimos siendo mejores amigas?- quiso saber la morena.
Spencer se limitó a darle un abrazo que enseguida fue correspondido, en las caras de las dos niñas dos enormes sonrisas.
– ¿Quieres pasar a ver “Viernes 13”?- ofreció Spencer- He visto un trozo pero lo rebobinaré si quieres- señaló.
– Eh…es tu noche de cine con Sarah…-dudó la morena.
– No, no lo es. Solo te dije que Sarah iba a venir para que te sintieras mal- reconoció sin ningún remordimiento levantándose de las escaleras y tendiéndole la mano- ¿Vienes dentro o que?- exigió una respuesta.
– Las mejores amigas no deberían querer hacerse daño- le regañó Ashley.
– Las mejores amigas no se cambian por un chico que se come los mocos- rebatió la aludida.
Ashley reconoció que era justo y aceptó la mano de Spencer pasando al interior de la casa. Rebobinaron la película hasta el inicio y las dos se acomodaron bajo la manta compartiendo el bol de palomitas y apretujándose la una contra la otra. Y eso si que era “una noche de cine” como dios manda.
Paula cayó en la cuenta poco después de que a las exclamaciones y a los gritos de su hija se habían unido los de Ashley. Tuvo que llamar a los padres de la pequeña para que no se preocuparan cuando descubrieran que su única hija se había fugado de casa.
– Ashley…esta noche te quedas aquí- indicó la madre de la rubia- Pero prepárate para mañana jovencita…- dio a entender que Raife y Christine no estaban nada contentos.
Una vez que las dos amigas volvieron a quedarse solas en el salón Spencer le miró preocupada.
– Oh, oh…tus padres van a castigarte- indicó.
– No importa- se encogió de hombros Ashley apoyando de nuevo la cabeza en su hombro.
Spencer sonrió al escucharla y se acomodó contra ella, la parte que venía ahora si que daba miedo de verdad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s