Capítulo 06. Diez años.

Los viernes por la noche eran especiales. Sus días favoritos. Habían comenzado a ser especiales cuando ambas tenían diez años. Si, a los diez años comenzó una tradición Davies-Carlin. Noche de películas. A veces en su casa, a veces en casa de Ashley, siempre con palomitas y con sus refrescos favoritos. Casi siempre películas de miedo y ambas protegidas por una enorme y cálida manta que actuaba como escudo contra Freddy, Jason y Norman …entre otros.
Las dos se morían de miedo bajo la manta sin despegar sus ojos de la pantalla ni un momento. Ashley admitía estar asustada, ella jamás. No sabía porque pero desde el principio había adoptado el papel de valiente. Era pura fachada, ella lo sabía y Ashley también, pero a la morena parecía calmarle igual verla tan tranquila de modo que seguía fingiendo y dejaba que su amiga se apretujara contra ella en las secuencias más críticas de las películas.
Nadie más estaba invitado a su noche de cine especial. Era algo solamente suyo, de las dos. Spencer estimaba que desde los diez años hasta el día presente Ashley y ella habrían visionado casi todas las películas de miedo rodadas en habla inglesa. Un montón. ¿Su favorita? No podría elegir…había tantas…pero tal vez debiera responder que cualquiera de las pesadillas de Freddy Krueger y en especial la primera. ¿Por qué? Fácil, había sido la película con la que se había iniciado aquella tradición Davies-Carlin. Pesadilla en Elm Street. Habían pasado quince años desde la primera vez que la vieron y Spencer aún recordaba vívidamente los gritos de su amiga y lo fuerte que le había apretado el brazo durante la duración entera del film. Recordaba también lo increíblemente asustada que ella misma se había sentido durante y después de la película. Habían tardado días en superar el miedo a cerrar los ojos y dormir, ambas convencidas de que Freddy aparecería en sus sueños y acabaría con ellas, pelándolas con sus cuchillas como si fueran naranjas. Terrible.
A pesar de haberlo pasado horriblemente mal aquella noche, el viernes siguiente decidieron ver Pesadilla en Elm Street 2 y al siguiente la 3 y al siguiente la 4 y así hasta terminar la saga. Ella escogió aquella película para inaugurar la primera sesión de cine de los viernes pero fue Ashley quien insistió en verlas todas y eso que era la que más gritaba de las dos y la que luego tenía más miedo de dormirse. Ashley Davies, un misterio de la naturaleza.

Ashley y Spencer a los diez años

Ashley corrió de nuevo al interior de su casa testando la paciencia de sus padres que esperaban en el coche. ¡Era de vital importancia que regresara y cogiera la película que Spencer y ella iban a ver aquella noche! Su amiga jamás se lo perdonaría si llegaba a su casa con las manos vacías. Sonrió ampliamente al localizarla sobre su cama, la había dejado allí para que no se le olvidara cogerla…no había funcionado muy bien. ¡Pero ya la tenía en las manos! Regresó al coche de su padre con “Toy Story” abrazada fuertemente contra su pecho.
Spencer suspiró en su habitación al escuchar como su madre le llamaba por tercera vez…uff que mujer más insistente. Vale, tal vez si hubiera bajado a la primera Paula se hubiera ahorrado dos gritos pero aún así…¡que mujer más insistente!
– ¡Ya voy!- contestó lo mismo que las otras dos veces. No era una garantía de que realmente fuera a bajar y su madre lo sabía.
– ¡Spencer Carlin! ¡Como no te vea en la cocina en diez segundos llamo a Christine y le digo que deje a Ashley con sus vecinos! Os quedáis sin noche de películas o de cine o de cómo queráis llamarlo. ¿Me has…?- no le hizo falta terminar aquella pregunta porque su hija se materializó frente a ella a la velocidad del rayo.
– ¿Qué quieres Paula?- inquirió. Había empezado a llamarla Paula en vez de mamá solo porque sabía que le molestaba.
– Primero que no llames Paula. Me llamo mamá- le informó- Y segundo…recordarte que espero que Ashley y tu os portéis bien con la abuela.
– ¡Paula! Me ofendes. Ashley y yo siempre nos portamos bien- matizó la pequeña rubia. Sonrió para sus adentros cuando vio como su madre ponía los ojos en blanco al escucharla llamarle por su nombre de pila de nuevo. La mujer soltó un suspiro resignado antes de volver a hablar.
– ¿Qué película vaís a ver?-quiso saber.
– Toy Story- era mentira pero de momento solo ella lo sabía. Incluso Ashley creía que era aquella la película elegida.
– En cuanto termine os quiero a las dos en la cama sin rechistar. Que no me tenga que decir la abuela que os ha tenido que perseguir por la casa como la última vez- le advirtió señalándole con el dedo.
– ¡Estábamos jugando al escondite!- se defendió Spencer.
– ¿Ha quedado claro?- le cortó su madre.
– Si- aceptó.
– Y nada de pasaros hablando toda la noche. Espero que estéis más que dormidas cuando papá y yo volvamos a casa- advirtió.
Spencer puso cara de buena pero aquella era una cosa imposible de prometer. Ashley y ella tenían muchísimas, muchísimas cosas de las que hablar. De pronto escuchó el sonido del motor de un coche acercándose y salió quemando rueda de la cocina finalizando su rallie pegada como una ventosa en la ventana de su salón. Tal y como suponía…¡era Ashley! Esperó inmóvil viendo como su amiga se bajaba del vehículo y se dirigía hacia allí corriendo con una enorme sonrisa en su cara. Se plantó al otro lado del cristal y rió cuando Spencer presionó su rostro contra el mismo aplastando su nariz. Cuando la rubia se separó fue el turno de Ashley de poner caras contra el cristal haciéndole reír a ella. Lástima que segundos después Christine apareciera a su lado ordenándole que dejara de hacer tonterías y llevándosela tomada de la muñeca. Fin de la diversión con el cristal de la ventana.
Nada más poner un pie dentro de la casa Ashley se vio arrastrada por su mejor amiga escaleras arriba y antes de que pudiera siquiera decir hola se encontraba prisionera en la habitación de Spencer.
– Tengo Toy Story- proclamó cuando su amiga se volvió hacia ella tras cerrar la puerta.
– Olvida Toy Story- le ordenó la rubia y sonrió cuando vio la cara que se le quedaba a la morena- Tengo algo mejor- aseguró con una sonrisa maliciosa.
– Cuando pones esa cara siempre terminamos castigadas Spence- indicó la morena algo nerviosa por lo que se le hubiese podido ocurrir a su amiga.
– No terminaremos castigadas- le calmó- Esta tarde Glenn y Billy han estado aquí y les he oído hablar de una película. Decían que daba mucho, mucho miedo. Glenn la tiene en su habitación- indicó.
– Pero…es de Glenn. ¿Le has pedido permiso para verla?- lo dudó la morena.
– ¡Ashley! ¿Por que tienes que ser tan aguafiestas?- protestó- Claro que no le he pedido permiso…no me dejaría cogerla- dio por sentado- Pero no está, pasa la noche en casa de Billy. La cogeremos, la veremos y la pondremos en el mismo sitio- explicó su meticuloso plan.
– ¿Y si tu abuela nos pilla viéndola? ¿No es para mayores?- volvió a poner pegas Ashley. Esta vez Spencer no se dignó a responder verbalmente y se limitó a dedicarle un gesto exasperado- ¿Qué?
– Es para mayores…por eso tenemos que verla- le abrió los ojos- Mi abuela no se va a dar ni cuenta de lo que estamos viendo. Esta noche ponen un especial de “La ruleta de la Fortuna”, es su programa favorito en el mundo entero. Nos pondremos en la habitación de mis padres. Nadie va a enterarse- aseguró.
Ashley miró a su amiga aún poco convencida del repentino cambio de planes.
– ¿Que te pasa Ashley?¿Te da miedo ver una película para mayores?- le picó sonriendo burlonamente.
– Has dicho que es una película de mucho miedo- le recordó.
– Oh vamos…¿desde cuando te has vuelto tan aburrida?- alzó las cejas la rubia.
– ¡No soy aburrida!- frunció el ceño Ashley. Era lo último que quería que su amiga pensara de ella- Vale…podemos ver esa película. Pero si nos pillan te echaré la culpa de todo- cedió.
– Trato hecho- aceptó con una sonrisa. Sabía que Ashley jamás le dejaría cargar con las culpas sola.
Escucharon las voces de sus padres llamándolas desde el piso inferior y bajaron corriendo las escaleras para despedirse de ellos. Los cuatro se iban al cine o al teatro. No estaban muy seguras y tampoco era que les interesaran muchos los planes de los mayores. Un “Portaros bien” por aquí, unos besos por allá, más besos por el otro lado y dos minutos después las dos niñas y la abuela de Spencer estaban solas en casa.
Cenaron en la cocina contándole a su canguro de aquella noche como eran las cosas en su colegio. Le hablaron de los profesores, le hablaron de las clases y le hablaron de los granos molestos en el culo llamados Ronda. Cuando terminaron le ayudaron a recoger y anunciaron que se iban al piso superior prometiéndole que serían buenas. Antes de desaparecer de su vista le convencieron para que les preparara unas palomitas. ¡Necesitaban palomitas para su sesión de cine!

* * *

Maldición. Glenn sabía lo que se hacía. Había escondido la dichosa película en lo más alto de la más alta estantería de su pocilga, o habitación. En aquellos momentos Ashley y ella estaban trasladando una silla, ganarían centímetros y conseguirían alcanzar aquella joya del cine de terror. Al menos aquel era el plan. Una vez que hubieron colocado su plataforma y que Spencer se hubo subido encima descubrieron que necesitaban aún más centímetros.
– Ashley…inténtalo tú- le cedió el puesto Spencer saltando silla abajo.
– Somos igual de altas- señaló la morena.
– ¿Y a que estás esperando para crecer, Liliputiense?- inquirió la rubia.
Ashley soltó un bufido ofendido. Nunca debió regalarle a Spencer aquel libro. “Los viajes de Gulliver” había terminado haciendo más mal que bien. Sin añadir nada a la pregunta impertinente de su mejor amiga Ashley se subió a la silla. Se estiró. Evidentemente tampoco llegaba a alcanzar la dichosa película. Spencer iba a meterse de nuevo con ella cuando la vió trepar por un par de baldas con una facilidad pasmosa, coger Pesadilla en Elm Street y regresar al suelo como si nada.
– Toma- se la tendió con una sonrisa de superioridad en su rostro.
Spencer se limitó a coger lo que le ofrecía soltando una risita impresionada. Vaya con Ashley. Dejaron la silla junto a la estantería, la utilizarían tras la sesión de cine de nuevo, y corrieron a la habitación de Paula y Arthur. Spencer con la película quemándole en una mano y un bol de palomitas en precario equilibrio en la otra y Ashley arrastrando tras ella la gigantesca manta que habían robado de uno de los armarios del salón. Una vez dentro de la habitación cerraron la puerta. En cuestión de segundos Ashley estaba apoyada en la cabecera de la cama cubierta hasta la barbilla con la manta y observando como su amiga ponía en marcha el video y encendía la televisión. Una vez hecho aquello la rubia corrió hasta colarse junto a Ashley bajo la protección de la gran manta y recuperó el bol de palomitas de la mesilla de su padre.
– ¿Preparada Ash?- le preguntó mirándole fugazmente.
– Preparada- confirmó casi a la vez que la primera escena de aquel film llenaba la pantalla. La morena soltó una risita nerviosa antes de degustar un par de palomitas.
* * *

Se encontraban a mitad de la película y las palomitas estaban casi intactas, las dos amigas con un par de ellas camino de sus bocas pero paralizadas y con los ojos muy, muy abiertos y fijos en la pantalla. ¡¿Que problema tenía aquel hombre chamuscado?! ¡¿Porque mataba a la gente como si nada?! ¡Y esas cuchillas en su mano! ¿Cuanto podía sobrevivir un ser humano de diez años sin dormir? No intercambiaron ni una sola palabra en el tiempo que duró la película. Ni una sola. Solo se miraban de vez en cuando, la una acurrucada contra la otra, compartiendo un silencioso “¿Por que demonios estamos viendo esto?”. Pero a pesar de todo terminaron de verla, hasta el final, hasta que ya no hubo nada más por ver.
Cuando las letras de los créditos aparecieron en la pantalla Spencer se levantó para sacarla del video acordándose antes de rebobinarla para que Glenn no sospechase nada raro. Se volvió hacia Ashley una vez que tuvo la cinta en sus manos. La morena seguía en la misma posición que cuando la película había acabado. Spencer solo podía ver sus ojos, su frente y su pelo. Todo lo demás estaba oculto debajo de la manta.
– Ashley…- comenzó a hablar la rubia.
– No voy a dormir nunca más- musitó la morena y sus ojos transmitían una angustia nunca antes vista por su amiga.
– Yo tampoco…-admitió mirando distraídamente la película.
– Ni la siesta- matizó Ashley- No voy a volver a cerrar los ojos en toda mi vida. ¡No voy a parpadear!-decidió sujetándose los párpados con sus índices y pulgares para evitar que se le cerraran automáticamente. Spencer tuvo que reirse al verla así y su amiga sonrió un poco- Uf…se me secan los ojos…- sacudió la cabeza tras devolverle la movilidad a sus párpados pestañeando rápidamente.
Tuvieron que reunir el valor suficiente como para abandonar la relativa seguridad de la habitación en la que se encontraban y aventurarse hacia la habitación de Glenn. Reafirmándose la una a la otra con la frase “Si no estás dormida no te hace nada” consiguieron devolver la película a su estantería, la manta al armario del salón, darle la buenas noches a la abuela de la rubia y correr de nuevo al piso superior. Utilizaron el baño antes de parapetarse en la habitación de Spencer y se cambiaron al pijama rápidamente. Se sintieron un poco más seguras al encontrarse por fin juntas bajo el edredón.
– Solo es una película, no es de verdad…-musitó Ashley estrechando el brazo de su amiga.
– Si, si te quemas te mueres y no puedes matar a nadie en sueños- aportó la rubia.
– No, no puedes matar a nadie en sueños- repitió su interlocutora antes de apoyar la cabeza en su hombro.
– Y con esas cuchillas no se podría arrascar si le picaba la nariz- aportó Spencer y sonrió al vislumbrar en la penumbra que Ashley lo hacía.
– Con la otra mano- señaló una posibilidad su amiga. Escuchó a la otra niña emitir un sonido afirmativo.
– Era muy feo- indicó la rubia momentos después poniendo cara de disgusto.
– ¡Era muy, muy feo!- estuvo de acuerdo Ashley- Pero tu también serías feas si te quemaras toda la cara- defendió en cierta forma la fealdad de Freddy.
– Tu serías más fea que yo quemada si te quemaras la cara- contraatacó Spencer.
– No nos quememos la cara entonces- sugirió Ashley.
– Será lo mejor- aceptó su amiga.
Las dos se quedaron en completo silencio entonces por un par de minutos. La rubia permitió a Ashley abrazarle como si fuera su peluche, estaba acostumbrada a dormirse atrapada entre los brazos de la morena y en cierta forma le gustaba, siempre conciliaba mejor el sueño de ese modo. Aquella noche le reconfortaba sentir los brazos de Ashley a su alrededor, hacía que la amenaza de Freddy pareciese más lejana.
– Spencer…-habló la morena rompiendo el silencio.
– ¿Si?-contestó interesada.
– ¿Por que no te duermes y yo espero un poco a ver si te mueres y si no te mueres me duermo yo también?- sugirió un plan.
– ¿Por que no te duermes tú y soy yo la que espera para ver si te mueres?- frunció el ceño la rubia indignada y completamente en contra de la mierda de plan de Ashley.
– No gracias- se negó a dormirse primero.
– Pues “no gracias” a tu propuesta también- aclaró Spencer.
-Alguna vez tendrás que dormirte Carlin- señaló la morena.
– No antes que tu- aseguró la aludida.
No dijeron nada más y, sin exagerar, se pasaron al menos hora y media mirándose a los ojos en la semipenumbra del cuarto en espera de que la otra sucumbiera al sueño. Debieron quedarse dormidas más o menos al mismo tiempo porque ninguna de las dos recordaba quien había cerrado los ojos primero. 

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