Capítulo 05. Nueve años.

La casa en el árbol. Le encantaba la casa en el árbol. Arthur y Raife la habían construido cuando ellas tenían ocho años y la habían convertido en su cuartel general, en su escondite, en su refugio. En teoría era suya y de Ashley. En teoría. Glenn y sus amigotes la invadían constantemente y les robaban cosas. Una vez incluso soltaron miles de lombrices en el suelo de madera, solo para molestarlas. Puaghhh…niños de once años. ¡Que inmaduros! Y, por supuesto, Ashley se había negado a poner un pie allí hasta que no hubiese desaparecido hasta el último espécimen. No es que ser una chivata este bien o que sea algo de lo que estar orgullosa pero Spencer se lo había contado todo a sus padres y Glenn se había quedado castigado una semana entera sin poder coger su bici. ¡Ja! ¡Toma esa retrasado!
Wow…que cantidad de recuerdos le traía aquella casa de madera en lo alto de un árbol. Estaba situada en la parte de atrás de su casa y se accedía a ella trepando por seis tablas clavadas en el tronco. No era muy, muy grande pero tenía dos ventanas y todo y espacio más que suficiente para Ashley y para ella.
Allí llevaban el chocolate y demás dulces que robaban de sus casas o los pequeños tesoros que se encontraban por la calle y que sus padres no les permitían tener porque decían que solo eran basura. ¡Basura! ¡Sus tesoros!
Allí se reunían para contarse los más oscuros secretos, para planear su siguiente travesura o simplemente para estar la una en la compañía de la otra. Unas dos semanas después de haber inaugurado su nueva propiedad Ashley la había llenado de comics viejos que había encontrado en el ático de su casa. Habían sido de Raife. Habían sido, en pasado. Podían pasarse horas allí arriba, hablando y leyendo los cómics. Espiando a Glenn y a sus amigos mientras jugaban al escondite entre los árboles y chivándose del lugar donde el rubio se encontraba parapetado fastidiándoles el juego. Buenos tiempos.
Habían pasado muchas cosas en aquella casa del árbol, muchas buenas y algunas no tan buenas. La primera vez que Spencer recordaba haber tenido miedo de verdad había sido en aquella casa de madera. Cortesía de Glenn, ¿cómo no? Y Ashley también estaba allí, ¿como no? En todos los grandes momentos de su vida Ashley estaba allí a su lado y también había pasado miedo…por dios, habían estado sin dormir casi tres noches seguidas después de aquello. Pero, ahora, dieciséis años después, lo recordaba y sonreía porque era una más de las experiencias que Ashley y ella habían compartido y todas y cada una de ellas les habían llevado a terminar así, como lo habían hecho.

Ashley y Spencer a los nueve años

¡Dos semanas enteras con Ashley!¡Dos semanas enteras con Ashley! Raife y Christine la habían dejado al cuidado de Paula y de Arthur mientras ellos visitaban algunas capitales europeas en unas merecidas vacaciones. ¡Y era verano! No tenían clases lo que significaba que podían pasarse el día entero jugando. Las mejores vacaciones de la historia.
En aquellos momentos se encontraban gateando por el césped del jardín de su casa en busca de un trébol de cuatro hojas. Paula les había encomendado aquella tarea cuarenta y cinco minutos después de que ellas empezaran a preguntarle repetidamente que podían hacer aquella tarde. Buscar un trébol de cuatro hojas era una misión extremadamente difícil. Ya habían avisado a la mujer de que, en caso de encontrarlo, se lo quedarían ellas. A su madre no parecía haberle importando mucho. Le debía sobrar la suerte.
Casi una hora. Llevaban casi una hora rebuscando entre el césped en busca de aquel amuleto mágico. Ashley había dado la voz de alarma como cinco veces y el corazón de Spencer se había acelerado notablemente solo para volver a su ritmo normal al darse cuenta de que su amiga parecía no saber contar hasta cuatro.
– ¡Spencer!¡Lo he encontrado!- exclamó de nuevo la morena hiper excitada.
Esta vez su corazón no se aceleró, había llegado a la conclusión “ver para creer” y se acercó al lugar donde Ashley se encontraba a cuatro patas agachándose junto a ella.
– ¡Ashley! Tiene tres hojas…¡tres hojas! ¿no sabes contar?- se desilusionó de nuevo.
– ¡Lo siento! Llevamos tanto tiempo aquí que veo doble…-se defendió la morena- Spencer…¿y si le quitamos una hoja a uno y se la pegamos a otro? Sería un cuatrebol- le sugirió.
Spencer se tumbó todo lo larga que era en el suelo y miró las nubes.
– Eso sería trampa- le informó.
– ¿Y?- inquirió Ashley a la vez que su cara sonriente aparecía en el campo de visión de Spencer.
– No daría suerte. Y no se llaman cuatreboles, se llaman tréboles de cuatro hojas- le corrigió- Además…¿como lo pegaríamos?
– Mmmm…¿con pegamento?- probó suerte con su rostro aún sobre la cara de su amiga impidiendole seguir observando las nubes.
– No tenemos pegamento- negó la rubia.
– ¿Con celo?- ofreció otra solución.
– No tenemos celo- le desilusionó de nuevo.
– ¿Con mocos?- sonrió.
– Aghhhh…¡eres una asquerosa Ashley!- le empujó Spencer tirándola a un lado y la morena no se ofendió, simplemente reía tumbada boca arriba en el suelo. Sin quererlo ella comenzó a reírse también acomodándose junto a su amiga en el césped.
– ¿Seguro que tus padres nos van a dejar quedarnos despiertas esta noche?- le preguntó la morena mirándole fugazmente.
– Seguro. Es una lluvia de estrellas y tenemos que pedir muchos deseos- respondió.
– ¿Qué vas a pedir tú?- se interesó la morena.
– Que el verano sea muy largo, una bici nueva y que el curso que viene hayan cambiado a Ronda de clase- enumeró y Ashley soltó una risita al escuchar su último deseo- ¿Y tu?
– Yo, que el verano sea muy largo, una bici nueva y que el curso que viene hayan cambiado a Ronda de clase- repitió la morena.
– ¡Copiona! ¡Es trampa! ¡Esos son mis deseos!- le acusó su amiga mirándole indignada.
– Son mis deseos también- se defendió Ashley- ¡Ah! Y también voy a pedir que tus padres te dejen venir con nosotros de camping- recordó.
– ¡Yo también voy a pedir eso!- decidió Spencer y Ashley sonrió devolviendo su vista al cielo.

* * *

Spencer apuntó con la linterna a la cara de su mejor amiga y rió cuando la vió entornar los ojos protestando. Arthur y Paula les habían dejado observar la lluvia de estrellas desde su casa del árbol. ¡Que genial! Pero aquello no empezaba…llevaban más de hora y media allí arriba, esperando, y nada de nada.
La rubia se apartó de la ventana sentándose en el suelo, entretenida apagando y encendiendo la linterna mientras Ashley continuaba oteando el cielo en busca de estrellas voladoras.
– ¿Y si no vemos ninguna?- interrogó la morena minutos después abandonando su puesto de vigía y tomando asiento junto a Spencer. Le quitó la linterna y la apuntó hacia su cara al igual que ella había hecho antes. La rubia rió tapándose los ojos con la mano- ¿Y si no vemos ninguna Spencer?- insistió- Adiós a nuestros deseos…- suspiró decepcionada.
– Tenemos que ver por lo menos una- determinó la rubia.
– A mi me está entrando un poco el sueño- tuvo que reconocer Ashley apoyando su cabeza en el hombro de su amiga.
– No seas bebé…-le ordenó Spencer sacudiéndo su brazo para molestarla.
Ashley alzó de nuevo la cabeza ahogando un bostezo mientras se estiraba lo más que podía. De pronto se quedó quieta, con los brazos en el aire y miró a Spencer.
– ¿Has oído eso?- inquirió en voz muy baja.
– Eh…¿el que?- frunció el ceño la rubia.
– Un ruido muy raro…- concretó Ashley volviendo a acurrucarse contra su amiga en busca de protección.
Ninguna de las dos se esperaba lo que vino a continuación, si se lo hubiesen esperado tal vez no hubieran gritando tan alto.
– ¡¡BUUUUUUU!!- fue el repentino saludo de Glenn a la vez que asomaba la cabeza por la puerta de la cabaña. Se echó a reír al escuchar a las pequeñas gritar y ver sus caras de susto total y absoluto. Era un maestro.
Entró en la cabaña aún riéndose de su hermana pequeña y su amiga, que en el fondo era como una segunda hermana pequeña para él. Dejó que su secuaz, Billy, se colara también en la construcción de madera y miró a las dos niñas con gesto divertido.
– Vas a ir a mamá y a papá- le avisó Spencer aún con el susto en el cuerpo.
– Acusica barrabás en el infierno te verás- canturreó el rubio sacándole la lengua.
-¡No, en el infierno te verás tú!- le dijo Ashley señalándole con el dedo, mirándole con gesto enfadado.
– ¡Ey tranquila ricitos!- levantó las manos Glenn riendo ante la reacción de Ashley- No es culpa mía que seáis las dos tan cobardes.
– No somos cobardes…-se molestó Spencer.
– No somos cobardes- repitió Ashley con convicción.
Glenn y Billy se miraron al oírlas y se rieron dando a entender que discrepaban en ese aspecto. Las niñas también se miraron indignadas, ni les caía bien Glenn, ni les caía bien el estúpido de su amigo Billy. Eran los dos igual de tontos. ¡Y subían a “su” cabaña a insultarlas!
– Demostrarlo- les retó Glenn.
Las dos amigas le miraron sin comprender que se esperaba que hicieran a continuación.
– Tenéis que ir hasta el roble que tiene forma de mano, coger lo que nos hemos dejado allí y volver- les propuso Billy- Si lo hacéis dejaremos de llamaros cobardes- ofreció un trato.
– Papá y mamá no nos dejan salir al bosque de noche- le recordó Spencer a su hermano.
– Papá y mamá no van a enterarse. Están en el porche con los tíos esperando a la lluvia de estrellas- le informó Glenn. Luego les miró a ambas con una media sonrisa- ¿Acaso tenéis miedo?- se burló y Billy soltó una risita.
– No tenemos miedo- decidió Spencer incorporándose dispuesta a aceptar el desafío. Ashley le miró algo dubitativa, ella un poco de miedo si que tenía. Además el roble con forma de mano estaba muy lejos de allí.
– Muy bien- sonrió Glenn complacido al ver como su hermana pequeña se levantaba arrastrando a Ashley con ella- Pero tenéis que tener mucho cuidado con el señor Enderson- les advirtió y las dos le miraron al escuchar aquel nombre desconocido.
– ¿Quién es el señor Enderson?- frunció el ceño Ashley apretando un poco más la mano de Spencer.
Glenn y Billy intercambiaron una mirada cómplice. Aquello iba a ser muy, muy divertido.
– El señor Enderson vivía en la casa abandonada que hay junto al cementerio- comenzó a explicar el rubio- Tenía dos niñas pequeñas que vivían con él en la casa. Trabajaba vigilando el cementerio por las noches y cavando tumbas…- suprimió una risita manteniendo el gesto serio cuando vio la mirada que intercambiaron su hermana y Ashley. ¡Y eso que no había llegado a la parte buena aún!- …una noche llamó a la policía y dijo que tras hacer la ronda del cementerio había vuelto a su casa y se había encontrado con que sus hijas habían desaparecido…les buscaron durante días y días. Les buscaron por todas partes…
– ¿Y donde estaban?- preguntó Ashley con un hilo de voz.
– Las encontraron casi seis meses después…enterradas en el jardín de la casa del señor Enderson. Pero ya solo eran huesos- narró el rubio y el gesto de la cara de Spencer y Ashley en ese momento no tenía precio. ¡Lástima que no tuviera una cámara de fotos!- Se había vuelto loco y las había matado a las dos con un hacha…la policía se llevó los huesos y el señor Enderson no dejaba de gritar que eran suyos “¡Mis huesos!”, “¡Mis huesos!”, “¡Devolvedme mis huesos!”- gritó de pronto imitando al supuesto señor Enderson y Ashley y Spencer dieron un respingo y tragaron saliva con dificultad- Se lo llevaron a un hospital para locos pero se escapó dos semanas después…y desde entonces vaga por ahí de noche, con un saco y un hacha. Busca niñas como sus hijas, las mata y guarda sus huesos en su saco y sigue buscando más…
– ¡Es mentira!- negó Spencer con la cabeza.
– Si, es mentira Glenn…te lo has inventado- apoyó Ashley a su amiga demasiado asustada por la posibilidad de que todo aquello fuera cierto.
Glenn y Billy se miraron encogiéndose de hombros, dando a entender que no les importaba lo más mínimo si les creían o no.
– ¿Seguís dispuestas a ir al roble con forma de mano?- quiso saber el amigo del rubio.
Ashley les miró a los dos dispuesta a decir que no, que era una cobarde, que no quería que sus huesos acabaran en el saco del señor Enderson y que le daba igual si seguían llamándola cobardica para el resto de su vida. Iba a decirlo pero Spencer se le adelantó.
– Claro que si. Te lo has inventado todo- determinó la rubia tirando decididamente de la mano de su mejor amiga- Si te traemos lo que os habéis dejado allí nunca más os burlaréis de nosotras…- buscó un trato.
– Lo prometemos- se comprometieron los dos niños inmensamente felices por como estaban saliendo las cosas.
En su interior Ashley estaba gritándose a si misma que aquello era una muy, muy mala idea y que deberían quedarse allí en la cabaña esperando a ver las estrellas fugaces, pero Spencer ya avanzaba hacia el bosque con la luz de la linterna dando botes unos metros por delante y no podía permitir que se marchara sola. Los huesos de Spencer eran demasiado importantes para ella, de modo que trotó hasta ponerse a su altura y se agarró del brazo de su amiga.
Buff aquello estaba muy oscuro. Ninguna de las dos había estado en aquel bosque de noche. De día si, miles de veces, jugando a pillar y al escondite. Nunca de noche. Daba miedo de noche. Daba mucho miedo.
Mientras avanzaban solo podían escuchar el ruido de sus pisadas, sus respiraciones y a los grillos. Debían de ser un montón de grillos porque se les oía muy, muy alto. ¿Cuántos habría? Millones, tenía que haber millones y todos escondidos. Escondidos porque el bosque de noche da miedo.
Ashley tenía su mirada fija en el único punto de luz que había frente a ella. El haz de la linterna que sostenía Spencer. Su pequeño corazoncito nunca había latido tan deprisa como lo hacía en aquellos momentos. Ni siquiera aquel día junto a su casa cuando se encontraron a Skippy. Entonces era de día. Le gustaba que fuera de día.
– No tengas miedo Ash…- le susurró Spencer- Ya casi hemos llegado- le animó y, a pesar de sus palabras, la morena pudo notar que su amiga estaba tan asustada como ella misma. ¡Menudo consuelo!
¡Por fin! Allí estaba el viejo roble con forma de mano, la luz de la linterna de Spencer lo estaba iluminando en aquellos momentos. Había algo a los pies del árbol. Supuestamente era lo que debían llevar de vuelta para demostrarles a Glenn y a Billy que realmente habían llegado hasta allí. Se acercaron un poco más y la sangre de ambas se les heló en las venas al reconocer los objetos que descansaban a los pies del roble. Un saco viejo y un hacha.
– ¡Es el saco del señor Enderson!- gritó Ashley y si Spencer no hubiese estado tan asustada en aquellos momentos y si las dos no hubiesen estado rodeadas por tan solo oscuridad y si hubiese podido pensar con un poco de claridad se hubiese dado cuenta de que aquel era el viejo saco donde sus padres guardaban patatas y hubiese reconocido la marca en el mango del hacha de Arthur. En vez de eso su instinto de supervivencia se puso en marcha y tras soltar un grito que fue acompañado por otro salido de la garganta de Ashley se dio media vuelta y corrió.
– ¡Corre Ashley! ¡Corre!- le ordenó a su amiga mientras ella ya lo hacía con todas sus fuerzas. Casi podía escuchar la voz del señor Enderson tras ellas “¡Devolvedme mis huesos!”…
Mientras corría con la luz de la linterna saltando incontrolable de un lado a otro, iluminando ramas, matorrales y raíces, inconscientemente se centraba en la rápida respiración de Ashley a su espalda, asegurándose de que le seguía en aquella carrera por salvar sus pequeños huesos. Y de repente ya no la escuchó y a pesar del miedo que tenía, a pesar de que cada microscópica parte de su ser le instaba a seguir huyendo, se paró en seco volviéndose hacia la oscuridad y hacia el señor Enderson y cuando vio a su amiga en el suelo casi llorando no lo dudó un segundo antes de correr hacia ella.
– ¡Ashley vamos!- le pidió tomándola de la mano y ayudándole a levantarse- ¡Vamos corre!- exigió retomando la carrera hacia su casa, esta vez con la mano de Ashley fuertemente sujeta en la suya.
Llegaron faltas de aliento y ni siquiera pensaron en volver a subir a la casa del árbol. Fueron directas al interior de la casa de Spencer y subieron las escaleras de dos en dos. No pararon de correr hasta que no estuvieron a salvo en la habitación. La rubia cerró la puerta y arrastró una silla para bloquearla por si acaso el señor Enderson tenía la sangre fría de seguirlas hasta allí. Una vez asegurada la entrada se volvió hacia Ashley que se sorbía la nariz sentada en la cama su pecho subiendo y bajando muy, muy rápido por el miedo y la carrera. Spencer se acercó a ella con su corazón latiendo a mil por hora. ¡Buff se habían librado por los pelos!
– Ashley…no llores- le pidió rodeando sus hombros con un brazo.
– Me he caído y pensaba que me iba a coger…- sollozó la pequeña mirándose las manos que descansaban sobre su regazo.
– No. Yo no hubiera dejado que te cogiera Ash- le calmó Spencer y la morena le miró con ojos llorosos.
– Gracias por volver a por mi- musitó mirándose las manos de nuevo y calmándose poco a poco.
– De nada- le respondió la rubia mientras notaba como los latidos de su propio corazón volvían a la normalidad. Las dos estaban sanas y salvas.
Se quedó un poco más al lado de Ashley, mientras ambas se recuperaban del susto y mientras Ashley trataba de controlar el hipo. Siempre le daba el hipo cuando lloraba. Minutos después se asomó a la ventana de su cuarto y miró el bosque que se perdía en la oscuridad de la noche. Y pensó en el señor Enderson con su saco y con su hacha caminando entre los árboles y esperando encontrarse con unas niñas a las que quitar los huesos y se prometió a si misma que los huesos que llevaba en aquel saco nunca jamás serían los suyos y sobre todo que nunca jamás serían los de Ashley.
Y de pronto la vió. ¡Una estrella fugaz! ¡Y otra! Wow…
– ¡Ash! ¡Mira, están lloviendo estrellas!- le avisó.
Pronto ambas estaban junto a la ventana observando las estrellas viajar por el cielo. Iban muy rápido, por lo menos debían ir a cien kilómetros por hora. ¡Por lo menos!
Las dos desearon lo mismo pero no que el verano fuese más largo, ni una bici nueva, ni siquiera que Ronda fuera transferida de clase el año próximo ni que Spencer pudiera ir de camping con los Davies.
Cada una pidió a las estrellas que el señor Enderson no la cogiese nunca y, sobre todo, que no cogiese nunca a su mejor amiga.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s