Capítulo 04. Ocho años.

Siempre había estado ahí para ella, siempre. Cuando se conocieron Ashley le había dicho que las mejores amigas jugaban juntas, se sentaban juntas en clase y se contaban secretos. Era el concepto del término “amistad” para los niños de cinco años. Poco a poco Spencer había ido dándose cuenta de que la amistad no solo era eso. La amistad era mucho más, al menos la suya con Ashley lo era. Incluso cuando una de las dos no quería jugar porque estaba enfadada o triste la otra se quedaba a su lado, tratando de hacerla reír inventándose historias tontas y casi siempre lo conseguían.
Le debía eso a Ashley, bueno, le debía tantas cosas a Ashley que no podría enumerarlas todas. Habían descubierto juntas lo que era la amistad y entre las dos habían construido la mejor amistad del mundo. Era una de esas que sabes que va a durar para siempre, de esas que hacen que nunca jamás te sientas solo porque sabes que ella está ahí. Eso le había dado Ashley, Ashley estaba ahí todo el tiempo. Con ella. Como aquella vez que la clase había planeado una excursión al parque de atracciones y todos los niños estaban extremadamente emocionados y Ashley no había dejado de hablar de las ganas que tenía de montarse en todas y cada una de las atracciones. Llevaba una semana enumerándolas. Y de repente a Spencer le habían castigado sin ir a la excursión por un desafortunado incidente que incluía una pelea con Glenn durante el día, y unas tijeras y el pelo de rata de su hermano durante la noche. ¡¿Qué?! ¡Había quedado muy guapo! Total…que Paula y Arthur le habían dejado sin excursión. Se quedaría en casa ese día. Ashley se lo había tomado incluso peor que ella misma y se había negado en rotundo a ir si Spencer no le acompañaba. Naturalmente Christine y Raife habían insistido diciéndole que habría muchos más niños y que iba a pasárselo igual de bien. ¿En que planeta vivían Christine y Raife? Ashley no lo sabía con exactitud pero desde luego en uno muuuuuyyyy alejado de la realidad. No iba a pasárselo bien sin Spencer pero sus padres iban a obligarla a ir. Así que había provocado su propio “incidente”. El “incidente” de Ashley había tenido que ver con el jarrón favorito de su madre y la guitarra favorita de su padre. Resultado: Castigada. Ninguna de las dos iría a la excursión y las cosas habían salido rodadas porque Spencer iba a quedarse en casa de sus abuelos aquel día, ya que Arthur y Paula debían trabajar, pero a ultima hora había surgido un imprevisto con sus potenciales canguros y la pequeña Spencer había sido acogida en casa de Ashley. El mejor castigo de todos los tiempos.
Mejores amigas para lo bueno y mejores amigas para lo malo.


Ashley y Spencer a los ocho años

Ashley avanzaba de la mano de su papá hacia la casa de su mejor amiga. Todo el mundo estaba muy serio y se habían vestido como si fuera domingo y no era domingo, era viernes. Ella estaba muy preocupada, mucho. Spencer no había ido a clase. Le había preguntado a su mamá donde estaba su mejor amiga nada más salir por la puerta del colegio y Christine le había explicado que se había quedado en casa aquella mañana porque estaba muy triste porque su abuelito se había muerto.
El abuelito de Spencer se había muerto. Ella no entendía muy bien que significaba aquello, sabía que cuando la gente se moría se marchaba al cielo pero tampoco entendía como podía ser eso. El cielo estaba muy alto. No creía que hicieran escaleras así de altas o a lo mejor si. A lo mejor tenían escaleras especiales. Lo que si entendía era que cuando alguien se moría la gente se quedaba muy triste porque cuando alguien se moría ya no le veías más ni podías hablar con él ni nada de nada.
Sus papás se lo habían explicado un poco cuando se murió su perro Skippy. Un coche lo había pillado mientras su papá le daba un paseo y Ashley ya no lo había podido ver más y había llorado mucho y había estado muy triste. Y Spencer estaría mucho más triste porque al que no iba a ver más era a su abuelito.
Siguió a sus padres hasta la puerta de la casa de su mejor amiga y Raife le acarició el pelo cuando ella se aferró a su pierna. No sabía si iba a saber que decirle a Spencer para que no estuviera tan triste. Fue Paula quien abrió la puerta y también tenía cara muy seria y estaba vestida de domingo, como sus papás. Observó en silencio como su madre abrazaba a la mamá de Spencer y luego como lo hacía su papá. Pasaron al interior de la casa y la pequeña morena escaneó rápidamente la estancia en busca de su mejor amiga pero no la encontró. Solo había alguna gente extraña para ella y Arthur que saludaba a sus padres en aquellos momentos con el mismo gesto que el resto en su cara.
Había oído algo de que los mayores iban a ir a un funeral y no sabía lo que era un funeral pero ella no quería ir porque todo el mundo estaba muy triste asi que seguro que no era nada divertido. Sus papás iban a ir también y le habían preguntado si quería quedarse en casa de los Carlin con Spencer. Por lo visto su amiga era muy pequeña aún para ir a eso de los funerales e iba a quedarse al cuidado de una vecina. Y, por supuesto había aceptado a quedarse con su mejor amiga. Estaba triste y no podía dejarle estar triste sola. No sería de mejor amiga.
Paula se acercó a ella y se agachó a su lado.
– Hola Ashley cariño- le saludó forzando una sonrisa.
– Hola- musitó la pequeña morena mirándole.
– Spencer está en su habitación, seguro que está deseando verte- le indicó la mujer- ¿Quieres que subamos?- le preguntó acariciando su pelo y Ashley se limitó a asentir con la cabeza y a darle la mano cuando Paula se la tendió.
La siguió escaleras arriba hasta la habitación de su mejor amiga. La puerta estaba cerrada y Ashley pudo ver el cartel que habían hecho juntas Spencer y ella. Era de colores y ponía Spencer Carlin. En la puerta de su habitación ella tenía uno igual pero que ponía Ashley Davies.
Respiró hondo cuando Paula empujó la puerta y avanzó unos pasos aún tomada de la mano de la mujer. Vio a Spencer sentada en la cama abrazada a su peluche preferido.
– Spencer cielo…mira quien ha venido a verte- le dijo Paula a su hija menor. La pequeña había estado muy callada desde que le habían dado la noticia la noche anterior, por eso les había pedido a Raife y a Christine que llevaran a Ashley. Esperaba que la presencia de la morena allí la animara un poco.
Spencer levantó la vista intrigada por quien podía haber ido a verla. Durante todo el día había estado pasando por casa gente extraña, pero nadie iba a verle a ella iban a ver a sus papás y a su abuela, pero no a ella. Vio a Ashley de la mano de su madre y la morena le saludó con la mano que tenía libre.
– Hola Spence- dijo en voz alta.
– Hola Ashley- contestó ella.
Paula sonrió un poco mirando a una y a otra antes de soltar la mano de la mejor amiga de su hija.
– Voy a volver a bajar. Spence…nos vamos dentro de un poco, los padres de Ashley vienen también. Si necesitáis algo la señora Thompson estará abajo ¿de acuerdo cariño?- le consultó a la pequeña rubia acercándose a ella y besando su pelo. Spencer asintió con la cabeza y Paula volvió a besarle una vez más antes de encaminarse hacia la puerta y dejarlas a ambas solas.
Ashley miró la puerta cerrarse y luego a Spencer que volvía a estar con la mirada perdida en algo que ella no podía ver. Seguía abrazada a su peluche. Tras unos segundos de dudas se acercó a la cama de su mejor amiga y se sentó junto a ella.
– ¿Estás muy triste?- preguntó apenada. Spencer se limitó a asentir con la cabeza- ¿Quieres jugar a algo?- le preguntó y la rubia negó con un nuevo gesto de cabeza- ¿Quieres hablar de algo?- probó suerte quedándose sin munición y Spencer volvió a negar.
Ashley miró el suelo. Si no quería jugar ni hablar, no había nada más que pudieran hacer. Devolvió su vista a su mejor amiga que se había apoyado en el cabecero de la cama y se trasladó hasta sentarse a su lado. Colocó su cabeza sobre el hombro de Spencer y notó como la rubia apoyaba su mejilla contra su coronilla.
Estuvieron calladas mucho rato, la una junto a la otra, Ashley ya no buscaba nada que decir, si Spencer necesitaba simplemente “estar” entonces simplemente “estarían”.
Ninguna de las dos supo cuanto tiempo habían pasado de ese modo cuando Spencer por fin habló.
– ¿Te acuerdas de cuando se murió Skippy?- inquirió la rubia y Ashley asintió con la cabeza. Spencer lo sintió en su hombro asi que siguió hablando- Estabas preocupada porque iba a estar solito porque no conocía a nadie en el cielo- señaló- Ahora seguro que mi abuelo le cuida- añadió.
– ¿Si?- inquirió la morena.
– Si- aseguró Spencer- A mi abuelo le gustan mucho los perros seguro que se pone muy contento cuando se encuentre con Skippy.
– Y Skippy muy contento cuando se encuentre con tu abuelo- indicó Ashley y Spencer sonrió un poco- Spencer…-le llamó la morena tras unos segundos de silencio.
– ¿Qué?- preguntó.
– ¿Tu sabes como sube la gente al cielo?¿Tienen una escalera muy larga?- preguntó a su mejor amiga.
– Claro que no tonta- rió un poco la rubia y a Ashley no le molestó que se riera de ella porque lo importante era que se estaba riendo- Suben volando- explicó como si fuera obvio.
Ashley se apartó de ella ligeramente para mirarla.
– La gente no vuela- le dijo.
– No. Pero cuando te vas al cielo te salen alas, unas alas blancas muy grandes- le informó la pequeña rubia.
– ¿Y si tienen alas porque no bajan a vernos?- quiso saber la morena. Si ella subiera al cielo y tuviera alas bajaría a ver a sus papás y a Spencer a todas horas.
– No pueden bajar- dijo un poco triste de nuevo. Ella también se lo había preguntado a su mamá.
– ¿No pueden bajar? ¿Por qué no?- frunció el ceño Ashley. ¡Que injusto!
– No lo sé- se encogió de hombros Spencer- Mamá dice que desde el cielo nos pueden cuidar mejor que desde aquí porque nos ven siempre- repitió las palabras de Paula.
– ¿Siempre?- frunció el ceño Ashley algo inquieta.
– Aja- asintió Spencer.
– ¿Y cuando hacemos cosas malas también?- quiso dejar claro.
– Si, pero no te preocupes, mi abuelo no es un chivato- le calmó.
– Skippy tampoco es un chivato- aportó la morena.
– Podemos seguir haciendo cosas malas entonces- sonrió un poco Spencer. Ashley también sonrió al verla- Mi papá dice que se está muy bien, muy bien en el cielo, mejor incluso que aquí.
– ¿Mejor incluso que cuando estamos viendo nuestros dibujos animados favoritos comiendo nuestras chucherías preferidas debajo de tu mantita tan suave?- lo dudó Ashley. Se estaba demasiado bien allí como para que pudiera ser superado por nada más.
– Mucho mejor- asintió Spencer.
– Wow…-fue todo lo que dijo Ashley antes de volver a apoyar su cabeza en el hombro de su amiga- ¿Sabes? Me da lo mismo lo bien que se esté en el cielo. Yo prefiero quedarme contigo debajo de la mantita comiendo chucherías y viendo dibujos- le dijo.
– Yo también- sonrió un poco la pequeña rubia recostándose más contra Ashley.
– Spencer…-llamó su atención la morena de nuevo.
– ¿Qué?- respondió.
– ¿Estás un poquito menos triste?- le preguntó esperanzada.
– Si- hubo de reconocer la rubia- ¿Vas a tener que irte?- temió la respuesta.
– No lo sé. Pero creo que si. Mis papás no me han traído pijama ni nada- indicó.
– No importa, yo te dejo uno- ofreció Spencer- ¿Les pedirás que te dejen quedarte? Por favor- suplicó. No sabía porque, solo sabía que se sentía mejor con Ashley allí.
– Vale, se lo pediré. Y sino me dejan lloraré un poco- desveló su plan.

Un rato después escucharon la puerta de entrada a la casa y salieron correteando de la habitación asomándose a las escaleras. Escucharon un pedazo de la conversación que Christine y Paula estaban manteniendo.
– Creo que sería bueno para Spencer…si no te importa dejar a Ashley aquí esta noche- hablaba la madre de la rubia.
– Creo que será bueno para todos Paula, Ashley no ha parado de preguntar por ella desde que ha salido del colegio. No sabes lo preocupada que estaba porque Spencer no había ido a clase- sonrió un poco.
Spencer miró a su amiga al oír a Christine.
– ¿Te has preocupado mucho?- preguntó.
– ¡No sabía donde estabas!- se justificó la morena.
Su amiga no insistió. Ella también se asustaría si de repente un día Ashley no apareciera por clase así que no iba a burlarse.
Resultó que las lágrimas de la morena no fueron necesarias esa vez. Los mayores ya se habían puesto de acuerdo y Ashley pasaría allí la noche.

* * *

Debía de ser muy tarde ya. Muy tarde. No se oía ni un solo ruido en toda la casa pero ellas dos no dormían. Aún no. Estaban metidas en la cama de Spencer muy cerca la una de la otra porque tenían que hablar muy bajito para no ser descubiertas despiertas de madrugada. Estaban enumerando todas las cosas que se les ocurría que el abuelo de Spencer y Skippy podrían hacer en el cielo. ¡Madre mía, esos dos iban a pasárselo muy bien!
– ¿Cuál es la comida favorita de tu abuelo?- preguntó Ashley en un susurro y su aliento le hizo cosquillas a Spencer en la oreja y la rubia rió muy bajito sacudiendo la cabeza antes de contestar acercándose al oído de su amiga.
– La tarta de manzana- respondió también en un susurro y fue el turno de Ashley de sacudir la cabeza con una risita porque el aliento de Spencer le había hecho cosquillas en su oreja.
– Skippy comerá todos los días huesos enormes y tu abuelo comerá todos los días tarta de manzana- aseguró.
– ¿Todos los días?- frunció el ceño Spencer.
– Seguro que si- insistió la morena.
– Jo…que morro- señaló la pequeña rubia y Ashley sonrió al oírle.
– Si yo fuera al cielo comería todos los días chucherías- le dijo la morena.
– Prométeme que no vas a irte al cielo- le pidió Spencer quedándose seria.
– Hay que ser muy, muy mayor para irse al cielo- le dijo Ashley. Al menos eso le habían dicho sus papás cuando ella se había preocupado por si se marchaban ellos.
– Tienes que avisarme cuando vayas a marcharte ¿vale Ash? Porque así me iré contigo- le dijo la rubia.
– Vale, te avisaré- pactó la morena.
– Pero avísame con tiempo porque tendré que preparar la maleta- insistió Spencer.
– ¿Hay que llevarse maleta al cielo?- frunció el ceño Ashley.
– Claro. Tienes que llevarte ropa y eso…¿quieres tener que ir por el cielo con el culo al aire?- le preguntó Spencer y Ashley rió un poco al imaginarse a todo el mundo en el cielo con el culo al aire. Negó con la cabeza en respuesta a la pregunta de su amiga, prefería ir con ropa.
Antes de que ninguna de las dos pudiera decir nada más escucharon que alguien abría la puerta de la habitación. ¡Maldición! Les habían pillado. Debían de haberse reído un poquito alto. Cerraron los ojos muy fuerte y se quedaron inmóviles la una frente a la otra en espera de que Paula o Arthur creyeran que estaban dormidas de verdad.
Cuando la puerta se cerró de nuevo abrieron los ojos y se sonrieron haciendo un esfuerzo enorme por no reírse.
– Creo que deberíamos dormirnos ya Spence- opinó la morena.
– No puedo dormir, no tengo sueño- le informó.
– Si, cierra los ojos- le animó su amiga tapándole los ojos con su manita- Nos dormiremos juntas ¿vale?- le propuso.
– Vale- accedió la rubia. Igual así si podía dormir.
Y aquella noche, gracias a Ashley, Spencer se durmió pensando en lo feliz que iba a ser su abuelo porque todos los días podría comer tarta de manzana allí en el cielo.

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