Capítulo 20. Veinticuatro años.

Si tuviera que elegir un año de su vida, solo uno, tendría que ser el año de sus veinticuatro. El año entero y verdadero porque es que no había tenido desperdicio, de verdad que no. Fue un viaje alucinante con destino “lo mejor del mundo”, fue un viaje en si y el inicio de un viaje aún más extraordinario. Y lo mejor de todo era que su compañera de trayecto era Ashley y si las cosas eran geniales ya de por sí, el vivirlas junto a la morena las transformaba en doble o triplemente geniales.
Ese año las dos lloraron, se rieron, aguantaron la respiración y se pelearon. Pasó de todo ese año. El año en que decidieron que era el momento perfecto para tener un hijo.
Y es que era el momento perfecto. Llevaban dos años viviendo juntas, desde que Ashley terminó la carrera, uno casadas, las dos tenían trabajos bien remunerados y eran la pareja más sólida del mundo entero. La más sólida del universo. Y lo más importante, las dos querían dar ese paso. Ella quería mucho tener un hijo con Ashley y mirarle embobada y darle todos los caprichos y obligar a Raife y a su padre a construirle una cabaña en uno de los árboles cercanos a la casa. ¡Sería su nieto/a! ¡Por supuesto que deberían construirle una cabaña en el árbol para que jugara con sus amigos! Le diría cosas como “¿Quién es el niño más guapo del mundo?” o “¿Quién es la niña más guapa del mundo?” dependiendo del sexo del bebé. Jo…iba a ser genial tener un hijo con Ashley. Y la morena parecía pensar que iba a ser genial tener un hijo con ella porque estaba más que emocionada con la perspectiva. Así que lo hablaron, lo requete hablaron, lo discutieron, lo sopesaron, lo analizaron cuidadosamente y llegaron a dos conclusiones: la primera, iban a tener un hijo juntas; y la segunda: Ashley sería quien se quedara embarazada. Ella misma se había ofrecido voluntaria, decía que el embarazo era una de las experiencias más alucinantes e intensas por las que puede pasar una mujer y blablablabla…y Spencer no protestó, ella estaba más que conforme con vivir esa experiencia indirectamente, a través de su chica.
Secretamente le había sorprendido esa disposición de Ashley hacia ser ella quien diera a luz a su primer bebé porque…así en petit comité…Ashley era la persona más miedica del mundo entero. Igual era que con tanto pensar en sentir las pataditas, en el aumento de pechos y la posibilidad de comer todo lo que le diera la gana durante nueve meses, se había olvidado de que al final iba a tener que realmente eso…dar a luz. Y Spencer no podía hablar por propia experiencia pero eh…aquel video sobre “El maravilloso milagro de la vida” que les proyectaron en el primer año de instituto no retrataba el parto como algo que se muriera por experimentar. Y Ashley ese día ni siquiera había querido comerse el almuerzo…así que…
Sea como sea…Por A o por B, siendo A que realmente Ashley había sopesado los pros y los contras de quedarse embarazada y siendo B locura transitoria, la morena sería quien tuviera al bebé. Fin de la discusión.
Óvulo Carlin, útero Davies…solo les faltaba una cosa, bastante importante por cierto. Semanas, pasaron semanas evaluando diferentes posibles donantes. Habían considerado seriamente a uno de los compañeros del trabajo de Ashley como posible…fuente de material, por decirlo de algún modo, pero después habían pensado que sería raro saber que él era el padre biológico de su bebé y se habían decidido a buscar un donante anónimo.
Su candidato final tenía un historial familiar libre de enfermedades de importancia, gozaba de buena salud y físicamente era atlético, moreno y de ojos castaños. Ambas hubieran dado cualquier cosa por poder tener un bebé 50% Carlin y 50% Davies pero aquello parecía ser la segunda mejor opción. Y en el fondo sabían que genéticamente Davies o genéticamente Carlin, su hijo iba a ser de ambas por igual e iban a quererlo infinita e incondicionalmente.
Una vez decididos todos aquellos aspectos “técnicos” solo les quedó pedir cita en el hospital y cruzar los dedos. Y los cruzaron muy, muy fuerte.

Ashley y Spencer a los veinticuatro años

Febrero

Madre mía…menuda inutilidad de ser humano. Si, Glenn. Sábado y por culpa del idiota de su hermano llevaba media mañana de poder estar haciéndose arrumacos con Ashley debajo de las sábanas desperdiciada allí en el taller. Reorganizando ficheros y papeles en busca de los datos de un cliente al que, al parecer su hermano había introducido en la base de datos con otro nombre, otro coche, otros datos de facturación. ¡Maldita sea Glenn! Le había dicho miles de veces al rubio que, por favor, no tocara el ordenador, que se dedicara a meterse grasa debajo de las uñas y a manchar el mono de trabajo tan bonito que vestía cada día pero…¿le había hecho caso? Nooooo…claro que no.
Gruñó por quinta vez consecutiva en menos de dos minutos golpeando con saña la tecla “enter”. ¿Odiaba a Glenn? ¡Por supuesto! La duda ofende. Pero…¿era totalmente culpa de Glenn su mal estado de ánimo? ¿Su nerviosismo? ¿Su irritabilidad? No…la verdad era que no. La verdad era que desde hacía una semana vivía con el alma en un hilo. ¡En un hilo muy fino! Ashley también. Hacía una semana desde que a la morena le habían implantado a su posible futuro hijo o hija dentro. Joder desde ese día había rezado tanto que tendría que entrar en el libro Guiness de los Records o la Iglesia tendría que beatificarla o algo. El de arriba tenía que escucharle aunque solo fuera por pesada.
Es que no recordaba haber querido nada con tanta fuerza como deseaba aquello. Es que conocía a Ashley desde los cinco años y nunca la había visto tan extremadamente emocionada antes. Es que tenía que salir bien porque si…porque tenía que salir bien.
Uh…iba a rezar otro Padre Nuestro. Por si acaso. Luego rezaría un Ave María, igual la Virgen estaba más inclinada a ayudarles porque ya se sabe…solidaridad entre mujeres. Tenía que reconocer que al principio apenas se acordaba de cómo iban aquellas oraciones…había pasado bastante tiempo desde la última vez que Paula había podido arrastrarla al interior de una Iglesia. Pero se las había bajado de Internet y listo. Un par de clicks con el ratón del ordenador y ya estaba lista para rezar.
Le sobresaltó el sonido de su teléfono sobre la mesa y lo tomó en sus manos casi sin separar sus ojos de la pantalla del ordenador. No necesitaba hacerlo para saber quien le llamaba, Whitney Houston cantando el estribillo de “I will always love you” no dejaba lugar a la duda. ¡Maldita Ashley! Había vuelto a cambiarle el tono por esa ñoñada de canción. Iban a tener más que palabras cuando llegara a casa.
– Spencer tienes que venir. Ya.
Uh…ni siquiera le había dado ocasión de decir “hola”. Pero algo de cómo su chica había dicho “Spencer tienes que venir. Ya” había acelerado sus pulsaciones y secado su garganta y su estómago había hecho una pirueta extraña. Fuera lo que fuera estaba relacionado con su proto-bebé, seguro. Así lo llamaba ella “proto-bebé”, no le importaba que Ashley le regañara. ¡Oh dios mío su proto-bebé! ¿Por qué tenía que “ir-ya”? ¿Era por algo bueno, era por algo malo? ¿Había Ashley osado a hacerse la prueba de embarazo ella sola? ¡Oh joder! Seguro que si…seguro que se la había hecho la muy traidora. Nunca había podido esperar. ¡Y ahora la morena sabía algo que ella no sabía! Y su estómago parecía estar preparándose para las Olimpiadas, iba a por la medalla de oro a la mejor pirueta, seguro.
Y mira…le dio igual el señor del Ford Fiesta y su factura y si se llamaba Paul Jacobson o Paul Stewart o Paul Fredickson. ¡Por ella como si se llamaba Paul McCartney porque es que le daba lo mismo! Ni apagó el ordenador. Se olvidó la cazadora en el respaldo de la silla. Una vez frente a su coche tuvo que volver a entrar al taller porque se había dejado las llaves sobre la mesa. Si, iba a ser una gran ayuda el día que Ashley se pusiera de parto.
Llegó frente a su casa en tiempo record, saltó del coche casi en marcha y estuvo a punto de tirar la puerta abajo para no perder tiempo buscando las llaves y abriendo tradicionalmente.
– ¡Ash!- exclamó necesitando verla. Porque si la veía lo sabría, solo con mirarle los ojos.
Y casi no le dio tiempo, de verdad. De repente escuchó veloces pisadas provenientes del salón y al segundo siguiente Ashley saltaba sobre ella rodeando su cuello con los brazos y su cintura con las piernas y repitiendo “¡Estoy embarazada!, ¡Estoy embarazada!”.
Oh, Cristo, Santísimo.
¿Qué que sintió en ese momento? ¡Todo! ¡Lo sintió todo! Su sonrisa era la más grande que hubiera visto la historia del mundo mientras sujetaba a Ashley contra ella sosteniéndola por su precioso trasero. ¡Había funcionado! ¡Oh madre de Dios! El corazón le iba a reventar de verdad que si. Y Ashley decía “¡Vamos a tener un bebé, Spence!” demasiado alto junto a su oído y tanta alegría no estaba diseñada para caber en un cuerpo humano y Spencer perdió el control totalmente. Totalmente. Lo perdió y se echó a llorar allí mismo.

Aún febrero

– ¡Ashley! ¡Vamos, vamos, vamos!- exclamaba Spencer a los pies de las escaleras.
– Spencer, ya voy, ya voy, ya voy- escuchó su respuesta desde el piso superior.

Ugh…era consciente de que estaba un pelín nerviosa, ansiosa e impaciente por salir hacia el hospital ya. ¡Iban a ver a su bebé! Iban a ver a su bebé en una de esas pantallas por primera vez. Iban a verlo y ella iba a desmayarse, lo sabía, debería llevarse un casco o algo como precaución.
Por fin Ashley bajó las escaleras con una sonrisa de anticipación en su cara. Desde que la prueba de embarazo había salido positiva ese era el estado permanente de ambas. Sonrisa de anuncio de Colgate plastificada en sus caras y risas y planes y “si vuelves a llamarle proto-bebé no te lo dejaré coger nunca”.
– ¿Estas preparada?- le preguntó la rubia a su chica cuando esta bajó la última escalera poniéndose a su altura. Una sonrisa nerviosa que se le salía por los ojos como respuesta antes de besarle intensamente y asentir con la cabeza mordiéndose ligeramente el labio inferior.
– ¿Tu estás preparada?- le preguntó tomándole de una mano.
– No lo sé Ash…mi corazón va a mil y aún estamos aquí- confesó y sonrió cuando la morena colocó la mano en su pecho.
– No te preocupes, es un hospital, tienen desfibriladores- bromeó antes de besarle de nuevo- ¡Vamos a ver a nuestro bebé, Spence!
Las sonrisas Colgate habían vuelto con más fuerza que nunca.
* * *

Ashley tuvo que sujetar la rodilla de Spencer con la mano durante todo el tiempo que pasaron en la sala de espera para evitar que la rubia abriera un acceso extra al piso inferior a base de taladrar el suelo con su pie.
Después ambas habían pasado al interior de la consulta cuando una enfermera llamó a Ashley indicándole que era su turno. Uff…menudos nervios mientras estaban sentadas frente a la doctora. Ashley contestaba a todas las preguntas que le estaban siendo formuladas y parecía tranquila en apariencia, pero apretaba la mano de Spencer con bastante fuerza y por eso la rubia sabía que estaba tan nerviosa como ella.
Y cuando la doctora le pidió que se tumbara en la camilla junto aquel aparato que les enseñaría a ambas a su primer bebé, buff, buff, buff…La morena no soltó su mano en ningún momento y ella no se la hubiera soltado por nada del mundo tampoco. Se situó junto a la cabeza de Ashley mientras la doctora preparaba todo lo necesario y extendía aquel líquido un poco asqueroso sobre el vientre de su chica. La morena dio un pequeño respingo soltando luego una risita suave, estaba frío. Spencer le besó la sien manteniendo allí sus labios por algunos segundos. Respirar…tenía que acordarse de respirar. Era importante.
– ¿Preparadas para conocer a vuestro bebé?- les preguntó la doctora una vez todo estuvo a punto.
Ambas se miraron al escucharle y joder…¡que momento! Lo que podía ver en los ojos de Ashley, estaba segura de que la morena podía ver lo mismo en los suyos. Era intenso, era un subidón de adrenalina, unos segundos cargados de emociones. Como diciéndose “lo hemos conseguido, lo hemos hecho juntas y vamos a verlo”. Tuvo que besarle, tuvo que besarle fugazmente antes de mirar a la doctora y asentir con la cabeza. Estaban preparadas, tan preparadas como iban a llegar a estarlo al menos.
Nunca jamás en la vida habían mirado un monitor tan increíblemente atentas, nunca. Y la verdad…el interior de Ashley era bastante feo ¿para que negarlo? Se alegraba de que la parte visible fuese la de afuera. Y al principio no distinguían nada, pero estaban emocionadas igual porque sabían que allí, en algún lado, estaba su bebé. De repente la doctora lo señaló y su corazón se le hizo un nudo…como si Ashley lo estuviera estrujando a él en vez de a su mano. Miró a su chica que a su vez no quitaba ojo de la pantalla y sonrió al ver sus ojos castaños llenos de lágrimas. Sabía que se estaba sintiendo exactamente igual que ella porque su visión también estaba un poco borrosa en esos momentos.
Y…¿eh? ¿Perdona? Spencer tuvo que frotarse los ojos para librarse un poco de las lágrimas y poder enfocar bien aquello que la doctora estaba señalando en la pantalla identificándolo con su “bebé”. ¿Eso era su bebé? ¿Ese puntito insignificante? ¿En serio? ¿Tan pequeño? A lo mejor el útero de Ashley solo creaba mini bebés.
Tras señalárselo en la pantalla la mujer les dejó solas por unos momentos para que pudieran tener un poco de intimidad. Y en cuanto la puerta se cerró tras ella las dos dejaron escapar todo el aire de sus pulmones y se miraron antes de besarse, porque tenían que besarse y les daba igual que su hijo estuviera presente y ya podía ir acostumbrándose.
– Spence…- sonrió Ashley mientras lloraba un poco. La rubia le secó las lágrimas con sus pulgares y miró la pantalla…uff su vista estaba nublada de nuevo.
– Es nuestro bebé…Ash…¿te lo crees? ¡Es nuestro bebé!- le dijo.
– Estás llorando- sonrió la morena sorbiéndose la nariz.
– ¡Tu también estas llorando!- rió su chica- Ashley…me voy a morir, el corazón me va muy deprisa. No sé si voy a poder aguantarlo cuando nazca- reconoció uniendo las frentes de ambas.
Tuvieron que separarse y secarse los ojos cuando la doctora entró de nuevo en la habitación.
Salieron pocos minutos después con una ecografía, la primera foto de su bebé y agotadas emocionalmente, en serio, agotadas porque había sido una de las experiencias más intensas de sus vidas. Y habían tenido muchas experiencias extremas. Buff Ashley sonreía, tenía la cara completamente iluminada y los ojos le brillaban mucho, mucho, mientras ambas caminaban de vuelta al coche observando aquella ecografía como si fuera lo más bonito que hubieran visto nunca. Y es que en el fondo lo era. Lo más bonito que habían visto jamás.

Julio

Vaquita lechera. Así iba a llamar a Ashley cuando se le notara un poco más el embarazo. Estaba de casi cinco meses y su vientre ya había comenzado a abultarse. Ayyy…su vaquita lechera.
Era sábado por la mañana y ambas seguían vagueando en la cama. Bueno, vagueando no, estaban dedicándose a su nuevo pasatiempo favorito: mirar la tripa de Ashley. Ya comenzaba a ser obvio que algo estaba creciendo dentro de ella. Hasta el cuarto mes de embarazo el físico de Ashley no había cambiado ni una pizca. Ni media. Ambas llevaban esperando ese momento muuuuucho tiempo ya.
Ashley había estado dando guerra con eso desde el principio, con un nuevo juego: “¿Se me nota Spencer? ¿Se me nota?”. Así lo había llamado la rubia. Su chica se lo preguntaba por lo menos tres veces al día. Por lo menos.
Mientras ella se lavaba los dientes por las mañanas Ashley salía de la ducha y se lo preguntaba: “¿Se me nota Spencer? ¿Se me nota?”, poniéndose de perfil para que pudiera apreciarlo mejor.
Cuando después de comer la rubia se sentaba un ratito a ver uno de sus programas favoritos en la televisión Ashley se materializaba frente a ella levantándose la camiseta y se lo preguntaba otra vez. “¿Se me nota Spencer? ¿Se me nota?”.
A la hora de irse a la cama antes de ponerse la camiseta del pijama corría donde quiera que Spencer estuviera en ese momento y volvía a preguntárselo. “¿Se me nota Spencer? ¿Se me nota?”.
Las respuestas habían ido evolucionando, no le contestaba igual el primer mes que el cuarto, pero el fondo de la cuestión era el mismo. No se le notaba. Al principio se reía y le decía: “No Ash cariño, aún no se nota”. En el segundo mes varío a : “Ashley aún es muy pronto para que se note” sin “cariño” y sin sonrisa. El tercer mes ni siquiera le dejaba formular la pregunta porque se había convertido todo en una especie de acto reflejo: Ashley mostrándole su vientre equivalía a un rápido “No” en la boca de Spencer.
Pero es que en el cuarto mes de embarazo Ashley se había plantado frente a ella un día mientras veía una reposición de “Dinastía” en la televisión, se había levantado la camiseta poniéndose de perfil y cuando había abierto la boca preparada para decir “¡Por ultima vez Ashley, no se te nota!” había tenido que tragarse sus palabras porque…¡wow! Ahí estaba, no era muy pronunciado aún pero definitivamente el vientre de Ashley estaba más abultado. ¡Y ahí adentro estaba su bebé! Y ese día había sido ella la que se había dedicado a perseguir a Ashley por la casa suplicándole: “Ashley enséñamelo otra vez venga, por favor”.
– Ash…enséñamelo otra vez- aplaudió Spencer mientras observaba a su chica. Ashley le miró divertida. Se encontraba boca arriba en la enorme cama de ambas y ya llevaba enseñándole la tripa a Spencer casi diez veces.
– Van diez veces Spence- le informó mientras la rubia se revolvía impaciente sentada al estilo indio sobre el colchón.
– No me importa. Tu puedes verlo cuando te de la gana y yo no. ¡Ashley por favor!- suplicó juntando las manos bajo su barbilla.
La morena rió al verla y le complació levantándose de nuevo la camiseta. Rápidamente Spencer estaba boca abajo en la cama con sus ojos a la altura del vientre de su chica analizándolo cuidadosamente. Terminó acariciándolo suavemente con su mano y Ashley sonrió mientras la veía tan concentrada en su tripa. Las cosas no podían irles mejor. De verdad que no. Hacía solo un mes que se lo habían dicho a sus familias, querían esperar a saber que todo estaba completamente bien antes de soltar la bomba. Bueno eso y que sabían que una vez que Chistine y Paula se enterasen no iban a dejarles vivir hasta que el bebé naciera. Así había sido. Llamaban por teléfono una media de cinco veces al día ¡cada una!…y exigían ver a Ashley al menos una vez todos los días. ¿Por qué? Ninguna de las dos lo sabía, a lo mejor para comprobar que seguía embarazada. Sus razones eran un misterio. Y ni Ashley ni ella querían saber el sexo del bebé hasta que naciera, y se lo habían dicho a sus progenitores, pero sus madres seguían preguntándoles cada día si sabían ya si iba a ser niño o niña. No hay peor sordo que el que no quiere oír.
– Tengo ganas de verle ya- dijo la rubia mientras deslizaba su mano por la superficie del vientre de su chica.
– Aún quedan cuatro meses enteros- señaló Ashley.
– ¿Quieres que pasen ya?- le miró la rubia. Los primeros cuatro meses habían sido malos para la pobre Ashley, había vomitado mucho más que en toda su vida junta, pero parecía que esa etapa había pasado por fin y en el último mes se le veía muy contenta.
– Por un lado si, porque quiero saber si se parece a ti- admitió- Pero por otro me gusta estar embarazada. Me das todos los caprichos- señaló sonriéndole satisfecha.
– No te hace falta estar embarazada para eso- rió su chica.
Las dos permanecieron en un confortable silencio durante unos minutos y Ashley había comenzado a adormilarse de nuevo animada por las suaves caricias que la rubia prodigaba a su barriga cuando de pronto algo hizo que las dos dieran un respingo exclamando a la vez un “¡WOW!”. Spencer retiró las manos del vientre de su chica como si de repente este se encontrara a doscientos cincuenta grados y se quedó mirándolo en silencio y con el corazón a cien. Ashley, que ya estaba completamente despejada otra vez, se había incorporado y se sujetaba sobre los codos con una enorme sonrisa en su cara.
– ¡Ha dado una patada! ¿Lo has sentido Spence? ¡Ha dado una patada! ¡Su primera patada!- exclamó frotándose la tripa.
– Ha sido una super patada- reaccionó por fin Spencer acercándose de nuevo y tanteando el vientre de su chica en busca de más manifestaciones de vida interior- ¡Wow! ¡He sentido su primera patada Ash!- sonrió por fin- Quiero sentirlas todas- admitió besando la barriga de la morena varias veces haciéndole reír.
– No podrás sentirlas todas- le desilusionó acariciando su pelo.
– ¡Claro que si! Este es mi nuevo plan: Paso uno, me doy de baja en el trabajo durante los próximos cuatro meses. Paso dos, avisas en el bufete de que tu mujer va a acompañarte a trabajar todos los días a partir de ahora. Paso tres, nunca, nunca, nunca, despegaré mi mano de tu preciosa tripita hasta que nazca el bebé.
– Paso cuatro, olvídate de los tres primeros pasos- le cortó Ashley divertida- Lo siento, sentir todas las pataditas del bebé es un privilegio mío por ser la que esta embarazada- le chinchó.
Spencer fingió estar molesta solo por un par de segundos antes de incorporarse un poco para poder besar a su chica y mientras se besaban ambas pudieron sentir la segunda patadita del bebé, y la tercera y la cuarta.

Octubre

Uff…ocho meses y dos semanas…¡Ocho meses y dos semanas! ¡Solo quedaban otras dos para la llegada del bebé! Madre mía…
Hacía tres semanas que Ashley se había pedido la baja en el trabajo por que no podía más. Ella llevaba insistiéndole desde hacía casi un mes entero pero su chica era una cabezota. Había tenido que darse cuenta por si misma. Así era Ashley.
Y quedaba muy poco. En parte iba a echar de menos a su vaquita lechera. La Ashley embarazada era adorablemente adorable. No podía levantarse sola del sofá, ni de la cama y siempre andaba detrás suyo en busca de mimos y a ella le encantaba mimarla y apoyar la cabeza en su tripa y escuchar a su bebé. Le gustaba como los ojos de Ashley brillaban y la forma en la que le sonreía cada vez que ella cedía a cada uno de sus antojos, porque cedía a todos ellos. Era su obligación como la parte no embarazada de la pareja.
– ¡Ashley! ¡Deja de comerte las chucherías!- regañó Spencer a su chica cuando regresó de la cocina para encontrársela con la mano de nuevo dentro del bol- ¡Son para los niños!- exclamó quitándole el recipiente y poniéndolo fuera de su alcance.
Si, era Halloween. Su décimo aniversario. Diez años juntas. Habían decorado la casa y preparado bols llenos de chucherías para repartirlas entre los niños que llamaran a su puerta disfrazados y exclamando “Truco o trato”. Y cuando decía “habían” quería decir que ella lo había hecho todo mientras Ashley le daba órdenes de fascista embarazada desde el sofá de su salón. Había pasado un día especialmente mandón, la verdad. La vio poner pucheros al ser separada de las chucherías y sonrió porque, mandona o no, Ashley era monísima.
Una vez que puso a salvo las provisiones regresó al lado de su mujer en el sofá tendiéndole el refresco que había ido a buscarle al frigorífico.
– Mmmm…-sonrió la chica recostándose contra el respaldo dejando completamente al descubierto su superabultado vientre mientras sujetaba la lata entre sus manos.
– Ashley estás muy gorda. Estás tan gorda que parece que vas a reventar de un momento a otro- sonrió Spencer colocando sus manos sobre la tripa de la morena.
– Imbécil- fue todo lo que le contestó entre sorbito y sorbito de su refresco.
– Es nuestro aniversario…¿es eso lo más bonito que tienes que decirme?- frunció el ceño.
-¿Es “Ashley estás muy gorda” lo más bonito que tu tienes que decirme a mi?- le devolvió el interrogante.
Spencer no contestó, se limitó a acomodarse en el sofá junto a la morena mirándole detenidamente durante unos segundos.
– Te quiero mucho aunque estés tan gorda- probó suerte y sonrió un poco al ver como Ashley intentaba reprimir otra sonrisa.
– Te quiero mucho aunque seas imbécil- le correspondió.
– Awwwww…es el mejor aniversario de todos los tiempos- bromeó la rubia besándole la mejilla.
Ashley sonrió por completo esta vez pero luego su ceño se frunció en señal de disgusto.
– Es una mierda de aniversario por culpa mía…porque estoy tan gorda que no podemos ir a ningún sitio, ni hacer nada de nada, porque tengo que hacer pis cada diez minutos y porque me muevo a la velocidad de los caracoles…- suspiró y Spencer le abrazó al oírle.
– No digas tonterías Ash…¡tenemos palomitas y tres clásicos del cine de terror! Va a ser un aniversario genial- le animó.
El sonido del timbre anunció la presencia en el exterior de la casa de nuevas criaturas diminutas envueltas en terroríficos disfraces y en busca de su dosis de azúcar. Spencer se levantó del sofá dispuesta a cumplir con su deber de repartidora oficial de dulces.
– No les des las de fresa Spence…son las mejores- escuchó la orden de la morena cuando ya caminaba hacia su puerta principal.
Negó con la cabeza entretenida por el comportamiento infantil de su mujer. Repartió alegría en forma de chucherías a un vampiro, un hombre lobo y una bruja antes de despedirles con una amable sonrisa y regresar al salón.
– Nos estamos quedando sin chocolatinas Ash, esa bruja se ha llevado dos y…-se paró a mitad de frase al ver a Ashley con un gesto de dolor en su preciosa cara y sujetándose el vientre con ambas manos- Ey, ey…Ashley ¿que pasa?- inquirió llegando a su lado en décimas de segundos.
Al principio no contestó, al principio solo respiraba muy deprisa y muy profundo, poniendo en práctica las lecciones del curso de preparación al parto.
– Contracción- logró decir al fin y para Spencer fue como si se lo hubiera dicho en japonés. Nada hizo click en su cerebro porque aún no estaban listas, no, aún no. Aún les quedaban dos largas semanas para prepararse mentalmente- ¡Contracción!- repitió ante la aparente apatía de la rubia.
– Tranquila cielo…no puede ser una contracción, aún faltan dos semanas para que salgas de cuentas- habló con voz calmada la rubia tomándole una mano entre las suyas y llevándosela a los labios.
– ¿Si?- le miró la morena con miedo en los ojos calmándose poco a poco a medida que el dolor iba desapareciendo.
– Claro que si- sonrió Spencer con cariño besándole la mano de nuevo. Pobre Ashley…parecía asustada de verdad- La doctora dijo que a estas alturas del embarazo son normales las molestias ¿recuerdas?- habló con voz suave y Ashley asintió con la cabeza. Si, si que se acordaba.
– Pero ha dolido Spence…me ha dolido- indicó algo desconfiada.
– ¿Se te ha pasado ya?- inquirió la rubia y su mujer asintió recibiendo un dulce beso.
Spencer le miró por unos segundos un poco inquieta. ¿Y si algo iba mal? Ashley decía que le había dolido y…vale, era Ashley, era una quejica…pero aún así. Acarició el pelo moreno de su mujer y besó su frente fraguando un plan mentalmente. Esperarían…si volvía a repetirse irían al hospital, le daba lo mismo que una vez allí les dijeran que habían hecho el viaje en balde.
– ¿Quieres que ponga una de las películas?- le preguntó con la intención de distraerla un poco y distraerse ella también.
– Vale- accedió a media voz. Awwww…pobrecita.
Decidió poner una de las de Freddy, las favoritas de su chica.

* * *

Media hora después Ashley volvió a quejarse y esta vez con más fuerza y con lágrimas en los ojos. Le trituró un poco la mano y Freddy quedó olvidado en la pantalla del televisor.
– Ash, cariño, creo que será mejor que vayamos al hospital…-admitió la rubia besando su frente.
– Pero faltan dos semanas…faltan dos semanas, no puede nacer ahora Spence, faltan dos semanas- repitió lo que su mujer le había dicho con anterioridad.
– Lo sé, pero vamos a ir de todas formas ¿de acuerdo? Para asegurarnos de que todo va bien- intentó mantener un tono tranquilo aunque en realidad su interior parecía hecho de gelatina- Tu espera aquí, voy a coger la bolsa y las llaves del coche y nos vamos- le dijo dándole un fugaz beso en la boca antes de salir corriendo hacia el piso superior.
Habían preparado la bolsa para el momento del parto hacía casi un mes, de modo que solo tuvo que colgársela al hombro, coger las llaves de su coche de la mesilla y bajar a toda prisa las escaleras para encontrarse con Ashley delante del bol de chucherías y lamiendo una piruleta.
– Ashley…¿que haces cielo? Tenemos que ir al hospital- le recordó.
– El azúcar me relaja…vamos a llevarnos todas las piruletas- le indicó recolectándolas del bol y metiéndolas a presión en uno de los bolsillos de la cazadora de su chica.
La rubia no se quejó, la Ashley yonki del azúcar era mucho mejor que la Ashley asustada por la posibilidad de dar a luz ya. Se llevaban las piruletas.
Chuperreteó una durante el trayecto al hospital y estuvo más o menos calmada hasta que ambas atravesaron las puertas del mismo. Ese momento coincidió con otra de las “contracciones” de Ashley y mientras le apretaba la mano más fuerte que en toda su vida volvió a entrar en modo “pánico”. La rubia explicó cual era la situación a la enfermera que se encontraba en “Admisiones” y aproximadamente un cuarto de hora después su ginecóloga estaba explorando a Ashley.
Pobre Ashley…parecía tan asustada allí tumbada en esa camilla…Le hubiera gustado poder hacer algo más que decirle que todo iba a ir bien y sujetarle la mano. Pocos minutos después de haber empezado a revisarla, la doctora lo dijo así, como si nada. Dijo: “Parece que tiene prisa por salir. Se ha adelantado dos semanas”. Y la mirada que le dedicó Ashley en ese preciso momento no tenía precio porque de repente ya no había solo miedo en sus ojos, había algo más. Algo que decía “¡Vamos a ser mamás ya!” y lo decía extremadamente emocionada. Ella solo le pudo dedicar una sonrisa, pero una sonrisa muy grande, y le besó con suavidad…¡Iban a ser mamás ya!

* * *

Eso de “ya” resultó ser un poco optimista porque a Ashley le habían acomodado en una habitación individual hacía más de dos horas, ella no veía a su bebé por ningún lado y su mujer seguía estando tan gorda como cuando habían entrado.
– Piruleta- exigió la morena a la vez que tiraba el palo de la que acababa de terminar al suelo de la estancia y extendía su mano en espera de más.
La Ashley “yonki del azúcar y a punto de dar a luz” era un poco incívica y no le importaba ir tirando cosas al suelo por ahí.
– Ash…llevas tres seguidas y…
– ¿Vas a tener tú a nuestro bebé?- le cortó la morena y ella alzó las cejas ante su tono.
– Eh…no…-admitió.
– Piruleta- repitió como si con aquello hubiera quedado todo dicho, claro y cristalino. Y en verdad que lo había hecho. Colocó otra piruleta en la mano de la Ashley extra hormonada sin rechistar.
Mientras la chupaba su ceño comenzó a fruncirse en señal de incomodidad y, después de dos horas, la rubia sabía lo que significaba aquel gesto de modo que se apresuró en tomarle de la mano, para que espachurrara la suya tan fuerte como quisiera durante la contracción. Cada vez pasaba menos tiempo entre una y la siguiente. ¡Iban a ser mamás en un futuro más o menos próximo! Pasaron juntas los momentos de dolor que cada vez se hacían un poco más prolongados y “su Ashley”, la Ashley de verdad, la que no tiraba basura al suelo, la de niveles hormonales normales, le miró mientras sujetaba su mano firmemente y le dijo:
– Spence…vas a estar conmigo todo el rato ¿verdad que si? Tienes que estar conmigo todo el rato, por favor- y se le veía tan vulnerable en esa situación…
– Ashley no seas tonta…no pienso separarme de ti ni un segundo. Te lo prometo- le aseguró besándole fugazmente.
– Tengo miedo…¿y si no lo sé hacer bien?- preguntó angustiada.
– Nadie sabe hacerlo la primera vez, tonta…- sonrió la rubia con cariño juntando sus frentes- Para la segunda serás una experta- añadió.
– O el siguiente lo tienes tu o será hijo único- le contestó la morena.
– Centrémonos en este primero- sugirió Spencer- ¡Nuestros padres!- recordó de pronto que no les habían avisado siquiera.

* * *

– ¡Arthur, te dije que tendría que haber conducido yo! ¡Madre mía…a este paso llegamos lo justo para su primera comunión!
Ashley y Spencer se miraron al escuchar la airada voz de Paula avanzando por el pasillo que llevaba a su habitación.
– ¡Mi hija de parto! ¡Mi primer nieto o nieta en camino y vosotros queréis pasar por casa para cambiaros! ¡Increíble! ¡Increíble!- se escuchó también a Christine.
Oh…genial, venían las dos juntas…buff.
Espera…¿pasar por casa para cambiaros? Oh…oh…Era cierto, habían dicho algo de acudir a una fiesta de disfraces aquella noche…era Halloween después de todo. Por favor que hubieran pasado por casa antes, por favor que se hubieran cambiado de ropa, por fav…
La puerta de su habitación se abrió de par en par para dar paso a un limón y a una naranja gigantes.
– ¡Ashley cariño! ¿Qué tal estás?- preguntó el limón llegando a la velocidad de la luz junto a la cama de la morena.
– ¿Mamá?- frunció el ceño Ashley al verla.
– Si, soy mamá cielo. Ya estoy aquí…todo va a ir bien- aseguró el limón acariciando el pelo de la joven.
Spencer se dedicó a observar en silencio a la naranja con cara de Paula, mientras la naranja con cara de Paula flanqueaba la cama de Ashley por el lado contrario al del limón con cara de Christine. Y aquello de repente parecía un anuncio de vida sana en vez de una habitación de hospital.
– ¡Hemos venido lo más deprisa que hemos podido!- aseguró Paula acariciando el pelo de Ashley.
– Mamá…vais disfrazadas de naranja y de limón- señaló Spencer.
– ¡Por supuesto que si! Venimos directas de casa de Jodie…y soy un pomelo- le corrigió.
– Este año ha organizado una fiesta temática: “Los cítricos”- explicó Christine.
Y en ese momento dos exprimidores gigantes entraron en la habitación. Oh, dios, mío.

* * *

Habían dejado a “los cítricos” en la sala de espera. Dando el espectáculo, siempre dando el espectáculo…
¡Ya estaban allí! Ashley estaba suficientemente dilatada y la habían pasado a la sala de partos…Su corazón iba muy deprisa, muy deprisa y suponía que era la adrenalina lo que impedía que se desmayara en ese preciso momento. Besó tres, cuatro, cinco veces la frente de Ashley con una de las manos de su chica firmemente sujeta entre las suyas y abrazada contra su pecho.
– Ash…siempre te digo que eres la persona más miedosa del mundo pero es mentira. Eres la más valiente, la más valiente, cielo- le dijo al oído mientras la veía sufrir. Y le gustaría poder sufrir ella también un poco, para que le quedara menos dolor a Ashley pero no podía- Un poco más y tendremos a nuestro primer bebé…- le animó cuando la contracción terminó y la morena se dejó caer contra el colchón de nuevo.
– No puedo Spence…-se lamentó entre lágrimas de miedo y dolor- No puedo…lo siento…- se sorbió la nariz y le dio el hipo. La rubia sonrió acariciando su pelo.
– Si puedes Ash…claro que puedes…además yo estoy aquí…siempre hemos podido hacer cualquier cosa juntas ¿recuerdas? Si estamos juntas podemos hacer cualquier cosa ¿eh?- le susurró besando su sien. Ashley asintió respirando muy deprisa, porque le dolía mucho y porque nunca había estado tan asustada como en ese momento, pero Spencer tenía razón. Cualquier cosa.
Y casi estaba, el momento de verle la cara, de saber si era niño o niña, de ser mamás.
Escucharon la voz de la doctora indicándole a Ashley que con la siguiente contracción necesitaba que empujara fuerte y la morena asintió apretando la mano de su mujer, como si necesitara saber que seguía ahí.
Tres contracciones más, tres empujones más y un llanto que taladraba el cerebro inundó la sala mientras Ashley se dejaba caer sobre el colchón, completamente exhausta. Enseguida sintió los labios de Spencer recorrer toda su cara y sonrió un poco al distinguir el llanto de un bebé. No, no de un bebé. De su bebé. Miró a Spencer y la vio llorando y sonriendo al mismo tiempo mientras le decía “lo has hecho muy bien” y “ya está aquí”. La rubia le besó y ella se lo devolvió. La doctora permitió a Spencer que cortara el cordón y al acercarse la vio, increíblemente pequeña…y eso si que era amor a primera vista. Regresó junto a su chica y la besó intensamente, incapaz de contenerse
– Es una niña…- sonrió la rubia entre las lágrimas besando de nuevo a Ashley- ¡Tenemos una niña, Ash!- exclamó y la morena hubiera sonreído aún más pero es que no era posible físicamente. ¡Una niña! Se incorporó un poco y juntas vieron como una enfermera limpiaba a un ser diminuto y llorón y lo envolvía en una mantita rosa.
Las dos chicas siguieron con la vista el paquetito envuelto que viajaba en brazos de aquella enfermera hacia ellas, y sabían que era lo más increíble que iban a ver en sus vidas. A su hija, la carita de su hija. A esa a la que ya querían más que a nadie en el universo entero y sin haberla visto siquiera.
– Felicidades…tenéis una niña preciosa- les dijo la enfermera depositando con cuidado su carga en los brazos de la morena.
Los lloros cesaron en cuanto la niña se sintió entre aquellos brazos, cuando sintió como Spencer tocaba su pequeña manita. Dejó de llorar y emitió un sonido extremadamente adorable que provocó que sus madres sonrieran entre las lágrimas.
– Hola peque…-le saludó Ashley con la voz empapada de emoción, mirándole hipnotizada y acariciando con cuidado su diminuta barbilla con el dedo índice- Es perfecta Spence…-opinó mirando por un segundo a su mujer y la vio igual que ella, con lágrimas de alegría en sus ojos e hipnotizada por aquel ser diminuto. Devolvió la vista a la hija de ambas y sonrió al ver el contraste entre la mano de su mujer que era cien veces más grande que el pequeño puñito que sujetaba su dedo.
– Ash…me esta cogiendo el dedo…me esta cogiendo el dedo Ash…- sonrió Spencer emocionada- Te quiero mucho pequeñaja- habló con el bebé depositando un beso en el gorrito rosa que cubría su cabecita- Te quiero muchísimo Ashley Davies- se dirigió entonces a su chica.
La morena le besó dulcemente mientras su pequeña se quedaba dormida entre sus brazos.

* * *

– ¡Spencer es igualita que tu cuando naciste!- exclamaba la naranja gigante con cara de Paula mientras mecía a su primera nieta entre sus brazos caminando de un lado a otro de la habitación. El limón gigante con cara de Christine le seguía pegada a ella, sin poder apartar los ojos de aquella diminuta criatura. ¡Mirarle era adictivo!
Los exprimidores con cara de Raife y de Arthur se habían cansado de suplicar a sus mujeres que se la dejaran tener un ratito a ellos y en ese momento hablaban con Ashley mientras Spencer vigilaba que aquellos cítricos trataran bien a su pequeño tesoro.
– ¡No me puedo creer que seamos abuelas Paula!- exclamó Christine mientras acogía a su nieta en sus brazos cuando se agotó el tiempo de la naranja para tenerla.
– ¡Y yo no me puedo creer que aún vayáis vestidas de limón y de naranja!- admitió la rubia mortificada. ¿Por qué tenían que tener unas madres tan ridículas?
– Soy un pomelo, cielo…-le recordó la naranja con cara de Paula mientras mantenía su vista fija en la carita de su nieta- Da gracias que el tema de la fiesta de Jodie no fuera “Enfermeras busconas”, en este sitio hubiera dado lugar a confusión- señaló y Christine y ella se echaron a reír como si aquel fuera el comentario más gracioso que habían oído en sus vidas.
Spencer volvió al lado de Ashley y ambas compartieron una mirada de comprensión mutua por tener unas madres así.
Escucharon que llamaban a la puerta y segundos después Glenn entraba con la videocámara lista para inmortalizar aquel momento.
– ¿Dónde esta mi sobrini…? ¡Woah!…¿Pero que coño…?- exclamó al encontrarse con semejante panorama. Un limón gigante sostenía a su sobrinita mientras una naranja le hacía cosquillitas en su pequeña barriga.
– Ey Glenn…-saludó Spencer a su hermano desde su posición sentada sobre la cama junto a Ashley.
Fue entonces, al mirar a su hermana, cuando confirmó que no se había equivocado de habitación, que no había entrado en un universo paralelo donde los cítricos había tomado el poder y cosas así…vio a su padre y a Raife disfrazados de exprimidores y no necesitó más. Se encogió de hombros y filmó a los cítricos y a su sobrinita durante unos segundos.
– Limón y naranja gigantes…- comenzó Glenn.
– ¡Soy un pomelo, maldita sea!- dejó claro Paula molesta por las continuas confusiones, pero luego sonrió al descubrir que estaba siendo grabada y comenzó a explicarle lo preciosísima y perfectísima que era su primera nieta. Mientras tanto Christine mostraba a la niña a la cámara con una orgullosa sonrisa de cítrico feliz.

* * *

Spencer cerró la puerta tras la naranja gigante con cara de Paula. Había sido la última en abandonar la habitación de hospital y Christine y ella se habían marchado a regañadientes. ¡Por fin Ashley y ella estaban a solas con su pequeña bebé sin nombre! Tenían que encontrarle un nombre ya. Durante los últimos meses habían hablado mucho sobre aquello, se habían roto la cabeza buscando el nombre perfecto. Habían considerado miles, tanto de chica como de chico ya que no iban a saber el sexo del bebé hasta que Ashley no diera a luz. ¡Y ya estaba allí! ¡Y era una niña! Y antes de descubrir que era una niña a ella le daba igual que fuera niña o niño pero es que ahora que la tenían allí, buff…no podía haber sido otra cosa. No la cambiaría por nada del mundo. Ni a ella ni a su madre. Por nada del mundo.
Regresó a la cama donde Ashley estaba terminando de darle el pecho a la pequeña y sonrió sentándose en el lecho junto a ellas. ¡Su pequeña familia tenía un nuevo miembro! Miró al bebé, que succionaba rítmicamente con sus ojillos cerrados, y a Ashley, que la mantenía segura entre sus brazos observándola en silencio. Rodeó los hombros de su mujer con un brazo besando su mejilla mientras que con la otra mano acariciaba suavemente la cabecita cubierta de su niña que seguía mamando ajena a nada más, increíblemente segura y satisfecha junto al cuerpo de su madre.
– ¿Cómo vamos a llamarla?- preguntó de pronto Ashley en un susurro. No quería perturbar la paz en la que parecía encontrarse su hija.
– No lo sé. ¿Tienes alguna sugerencia?- inquirió Spencer en el mismo tono observando al bebé. ¡Menudo hambre tenía aquella pequeñaja!- ¿Qué nombre pegaría con su carita?- inquirió.
– Tiene cara de Spencer. Tu madre tiene razón, se parece a ti- sonrió Ashley- Es preciosa- añadió y miró a su chica sonriéndole dulcemente. Spencer le besó, se lo merecía después de aquel cumplido.
– La gran naranja con cara de Paula siempre tiene razón- bromeó tras separarse de sus labios.
– Era un pomelo, cariño- se lo recordó la morena divertida y después ahogó un bostezo. Awwww…pobrecita Ashley, debía estar extremadamente cansada después de todo. Y awwwww…su niñita se había quedado dormida mientras comía. Las dos debían estar muy, muy cansadas.
– Dámela Ash…deberías dormir…te caes de sueño- le dijo tomando a su hija de los brazos de Ashley con sumo cuidado.
– Tiene que eructar Spence…sino le dolerá la tripita en su primer día de vida- le informó la morena.
¡Já! ¡Como si ella no supiera esas cosas! Parecía que Ashley se olvidaba de que habían leído juntas todos aquellos libros sobre bebés. ¡Y por supuesto que a su hija no iba a dolerle nada su primer día de vida! ¡Ni nunca si ella podía hacer algo por evitarlo! La paseó por la habitación, meciéndola y acariciando su espalda con suavidad para ayudarle a expulsar el aire que hubiera albergado su mini tripita. Y por fin eructó y no fue un eructo pequeño…de hecho fue bastante fuerte para alguien tan diminuto como ella.
– Whoa…-rió Spencer.
– Si, es igualita a ti- bromeó la morena desde el lecho.
– Idiota- sonrió la aludida acunando a la pequeña en sus brazos.
Wow…aquella era una de las sensaciones más increíbles que había experimentado nunca, sostener a la hija de ambas, ser una de las dos personas encargadas de cuidarla y quererla y protegerla para siempre…buff…Nunca iba a bajar de aquella nube. ¡Si casi ni se creía que fuera verdad! Demasiado bonito para ser cierto…¿no? ¡Pero lo era! ¡Era cierto! Madre mía…Ashley y ella debían ser las personas con más suerte del planeta, de verdad que si.
– Spence…se me cierran los ojos…- admitió Ashley adormilada desde su posición acurrucada en la cama. Tuvo que sonreír ante la monería que era su mujer y se acercó a ella- Déjame darle un beso de buenas noches- le pidió la morena y ella le complació colocándole a la niña delante. Ashley depositó un dulce beso en la frente de su bebé susurrándole “Buenas noches, mi amor” antes de dejar que Spencer la retirara de nuevo.
– Duérmete anda, esta enanita está frita ya…- señaló la rubia observando a su hija dormir apaciblemente en sus brazos. La depositó con cuidado en su cunita, junto a la cama de Ashley y devolvió toda la atención al amor de su vida que parecía estar ya más dormida que despierta. Le acarició el pelo suavemente recorriendo su rostro con la vista y le sonrió cuando abrió sus ojos cargados de sueño al sentirlo- Te quiero mucho Ash…os quiero mucho a las dos- matizó.
Ashley tomó una de las manos de su mujer en la suya y bostezó haciéndola sonreír.
– Yo también te quiero mucho Spence…- musitó y la rubia no sabía si era muy consciente de lo que estaba diciendo, pero sabía de sobra que era verdad. Verdad de la buena- Spence…-le llamó ya casi dormida del todo.
– ¿Si?- le animó a seguir la chica.
– Creo que tiene cara de Abby…- dijo esforzándose por seguir despierta un poco más. No lo consiguió. Y Spencer le besó en la frente sonriendo mientras meditaba aquellas últimas palabras…
Y tenía razón…aquella niña comilona, diminuta y preciosa, tenía cara de Abby.
Abby Carlin Davies.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s