Capítulo 19. Veintitrés años.

Por las nubes. Así había estado desde que Ashley le había dicho que si, que se iba a casar con ella, que eso ni se preguntaba, que se daba por sentado. ¡Madre mía! Las dos habían decidido que querían casarse en aquella fecha simbólica. Querían casarse el mismo día en que la morena le miró con aquellos ojillos esperanzados y le dijo: “¿Quieres que seamos mejores amigas? Te daré de mis galletas todos los recreos si lo somos.” Iban a casarse el mismisimo día en que se habían conocido hacía dieciocho años. ¡Iba a casarse con Ashley! ¡Con aquella niña que lloraba y hablaba raro! La vida no podía ser más perfecta.
Y eran ellas dos, habían fantaseado juntas con su futura boda desde que tenían seis años, claro que entonces pensaban que serían dos bodas diferentes y que la una sería la dama de honor de la otra. Al final resultaba que ambas tenían un papel mucho más importante que el de dama de honor.
Tardaron un tiempo dilatado en comunicar su compromiso a sus respectivas familias. ¿Qué porque no lo hicieron antes? Elemental…Christine y Paula. ¿Acaso había que decir más? Una vez que aquellas dos se enterasen adiós a su intimidad y hola a las madres cotillas y metomentodos que se pondrían a planear una boda a su gusto y medida. Y así fue, les dijeron hola muy pronto, en cuanto se desvanecieron los grititos y los aplausos y en cuanto las dos mujeres dejaron de abrazarse saltando como si les acabaran de tocar dos entradas gratis para un concierto de Barbra Streisand.
Por el bien de su salud mental Ashley y ella habían decidido dejarles creer que podían planear la boda. Como quisieran, todo valía. ¿Toneladas de flores exóticas importadas de todos los rincones del mundo? Perfecto. ¿Llegar al lugar del enlace montadas en caballos blancos? Genial. ¿Fuegos artificiales? Venga.
Por supuesto que aquella boda nunca jamás tendría lugar, pero les daba vía libre a ambas para poder planear la de verdad, esa suya, la que querían las dos. ¿Qué Christine y Paula iban a disgustarse al enterarse? Pues si. ¿Y que? ¡Era su boda por el amor de dios! Aquellas mujeres ya habían tenido las suyas propias tropecientos años atrás y con peinados a lo afro. Habían visto fotos y…madre mía.
Después de la boda iban a marcharse dos semanas enteras de luna de miel. Quince días de sol, mimos, besos y sexo ininterrumpido en las islas griegas. Spencer no tenía problemas en su trabajo y Ashley se había cogido aquellas dos semanas de vacaciones en la firma de abogados de la que ya era miembro permanente.
Todo iba extremadamente bien a medida que la fecha del enlace se acercaba. Y aparte de la boda había otra cosa que las tenía locas de emoción a las dos. Su casa. Se habían enamorado de aquella casa, de verdad que si. La había construido un matrimonio joven hacía poco tiempo a las afueras de la ciudad, y a él le habían trasladado en el trabajo, Dakota del Norte, pobre… de modo que la habían puesto en venta y por supuesto ellas dos se habían apresurado en comprarla. Por la necesidad de venderla cuanto antes no había sido tan cara como cabía esperar y de todos modos podían permitírselo, las dos tenían trabajos muy bien retribuidos y padres encantados de avalarles. La casa ya era suya y era perfecta. Amplia pero no demasiado grande, apartada del centro de la ciudad pero no excesivamente lejos y con árboles a su alrededor en los cuales poder construir cabañas. Aún no se habían trasladado, seguían en el apartamento mientras la amueblaban y su intención era entrar a vivir en ella después de la boda, pasar su primera noche como matrimonio allí y salir al día siguiente hacía Europa.
Boda, casa, Ashley para toda la vida. Los veintitrés fueron un gran año. El mejor que había tenido hasta entonces.

Ashley y Spencer a los veintitrés años

Una semana para la boda

Ashley estaba hablando. La voz de su chica le llegaba desde el exterior mientras sentía el peso de su cabeza en su regazo y sus dedos jugando con una de sus manos. Ella mantenía sus ojos cerrados y disfrutaba de la calidez del sol que brillaba en lo alto a la vez que pensaba que cuando dios repartió la suerte… aquel día ella se debía haber quedado con la suya y con la de diez personas más. Pobrecitos.
Ambas estaban tumbadas en el césped del jardín de casa de los Davies, tripa arriba, mirando el cielo…como cuando eran pequeñas y jugaban a descubrir formas en las nubes y Ashley siempre decía que veía cacas de perro. Su novia había sido una niña muy cochina. Asquerosamente divertida.
Iban a casarse allí, en una semana, en el jardín de los padres de la morena. Querían algo sencillo e íntimo de modo que nada de miles de invitados. Aquello les había costado varias discusiones con Christine y con Paula pero, gracias a dios, todo estaba acordado ya.
– Tienes que ver la pamela que se ha comprado, Spencer- escuchó que decía su chica extremadamente divertida y refiriéndose al modelito de Christine para el gran día- Si hay una tormenta eléctrica justo a la hora de la boda, esa cosa actuará como pararrayos…
La morena sonrió al escuchar como Spencer se reía al oírle, lo escuchó y lo sintió porque tenía su cabeza cómodamente apoyada sobre el estómago de su chica, sus cuerpos formando una especie de letra “T”. Le encantaba estar así con la rubia, tiradas sobre el césped al sol, muy juntas y sin hacer otra cosa que acariciarse, hablar y darse besos de vez en cuando. Quedaba una semana para la boda, una semana exacta. Estaban a sábado y la fecha elegida era el sábado siguiente. Siempre había pensado que estaría extremadamente nerviosa a esas alturas y, sorprendentemente, no lo estaba.
– Seguro que es parecida a la de Paula- señaló la rubia- Da la impresión de que va a salir volando al espacio exterior de un momento a otro, de vuelta a casa- se metió también con el atuendo de su madre. Era divertido burlarse de ellas.
Se rieron unos segundos para caer de nuevo en un cómodo silencio. Spencer miró a Ashley al sentirla moverse y comprobó que la morena se había colocado de lado, para poder mirarle también. Le sonrió al encontrarse con sus ojos, entornando los suyos un poco a causa del sol. Ashley se limitó a devolverle la sonrisa y luego depositó un beso sobre su abdomen por encima de la camiseta que la cubría.
– ¿Estás nerviosa?- le preguntó la morena entrelazando los dedos de unas de sus manos. Podía sentir la otra de Spencer acariciándole el pelo con suavidad, le gustaba.
– ¿Nerviosa?- frunció el ceño la rubia- ¿Por qué debería estarlo?- inquirió haciéndose la despistada. Le valió una risita de Ashley y un “Tonta” al que le sobraban kilos de cariño por todos lados- No estoy nerviosa- habló en serio- ¿Tu estás nerviosa?- le devolvió la cuestión y sonrió cuando la vio negar con la cabeza- Bien. Porque creo que tu madre y la mía lo están por las dos.
– ¿Cuántas tilas se han tomado después de comer?- le preguntó la morena divertida.
– He perdido la cuenta después de la cuarta- admitió su chica- ¿Vas a enseñarme ya la libreta donde tienes tu pequeño discursito?- inquirió de pronto.
– No es un pequeño discursito, son mis votos- puntualizó Ashley- Y ya te he dicho que no voy a enseñártelos, tiene que ser sorpresa…- escuchó un gruñido de protesta y sonrió.
– Pero…¿y si dices algo inapropiado en ellos?- le preguntó Spencer incorporándose un poco quedando sentada para poder mirarle mejor. Joder…aquella sonrisa le convertía el corazón en pudding. Inclinó la cabeza hacia un lado en señal interrogante- ¿No debería tener la oportunidad de censurarlo?
– ¿Algo inapropiado? ¿Algo inapropiado como que? ¿Que podría decir en mis votos que fuera inapropiado?- quiso saber su chica entretenida acomodándose a la nueva posición sentada de su novia, descansando su cabeza en sus piernas.
Spencer frunció el ceño pensándoselo mientras jugueteaba con una hierbita sobre la cara de Ashley haciéndole sonreír al pasearla lentamente por sus facciones.
– ¡Ya lo sé!- exclamó de pronto- Podrías querer contar a todo el mundo “El día de la limonada maldita”.
Ashley se echó a reír al oírle y Spencer esperó a que terminara pacientemente, mirándola con gesto que pretendía pasar por ofendido pero que fracasaba por completo. La risa de Ashley era uno de sus sonidos favoritos en el universo entero.
“El día de la limonada maldita”, madre mía…ese era uno de los inconvenientes de enamorarte de la que ha sido tu mejor amiga desde los cinco años. Conoce cada pequeño, humillante y vergonzoso episodio de tu vida. Lo conoce porque ella estuvo justo al lado cuando ocurrió. Había sucedido el verano en que ambas tenían siete años. Una tarde hacía muchísimo, muchísimo calor y ellas habían robado una jarra entera de limonada del frigorífico de los padres de la rubia. Paula y Christine no les dejaban beber más que un poquito cada vez porque decían que era una bebida azucarada y que les estropearía los dientes. Esas tonterías que dicen las madres a veces. Además, sus dientes en aquellos momentos les daban un poco igual. Se la bebieron toda entera, ¡ y era una jarra muy grande! Y luego siguieron jugando por los alrededores de la casa de los Carlin. ¡Ashley lo había hecho aposta! En cuanto ella le había confesado que se hacía mucho pis, le había hecho reír, hasta que ya no pudo más. Siete años y se había hecho pis encima. Y la morena se había reído de ella una barbaridad, pero controló su vejiga a la perfección…¡maldita Davies y su perfecto manejo de los esfínteres!
– ¡Te measte encima!- se burló su novia entre risas- No fue culpa tuya Spence…Paula te quitó demasiado pronto los pañales- añadió solo para picarle.
– No vas a contarlo ¿verdad?- frunció el ceño la aludida con desconfianza.
– No. Me daría vergüenza reconocer que me caso con alguien que se meaba encima a los siete- admitió.
– ¡Cállate! ¡Fue culpa tuya!- rió Spencer pellizcándole en un brazo y la morena se retorció quejándose por la agresión- Queda prohibido contar cosas vergonzosas de la otra- sentenció.
– Queda prohibido- aceptó Ashley. Spencer también conocía sus trapos sucios después de todo- Quiero que nos casemos ya Spence- admitió tras mirarle en silencio por unos segundos.
-El próximo sábado a estas horas estaremos casadas- le recordó la rubia y tuvo que sonreír al decirlo porque le salió desde dentro.
Ashley se incorporó, sentándose frente a su chica y le miró con aquel gesto malicioso que era una mezcla perfecta entre increíblemente sexy e increíblemente mono y Spencer entornó un poco los ojos, temerosa de lo que fuera a decirle.
– Ensayemos el beso de la boda- le propuso su chica sentándosele encima y rodeando su cuello son los brazos.
– Por mi perfecto- sonrió la rubia. ¡Y tan perfecto!
Se besaron suavemente durante un rato. Spencer pensaba que un beso tan largo no quedaría muy apropiado en una ceremonia a la que estaban invitadas sus familias, pero no dijo nada y continuó besándola. Lo que ya seguro que no pegaba en una celebración familiar fue el gemido que escapó de sus propios labios al sentir la lengua de Ashley tratando de abrirse camino entre ellos. Tampoco pegaba la forma en la que cambió bruscamente sus posiciones aprisionando a la morena entre el césped y el peso de su cuerpo mientras profundizaba más y más el beso. Claramente deberían seguir ensayando esa parte…pero es que Ashley le dijo algo al oído mientras ella exploraba su cuello, “Ensayemos la noche de bodas”. Wow…el beso era importante, seguro, pero había muchas más partes que necesitaban ser practicadas una y otra vez para que salieran perfectas. Por supuesto que si.

Noche anterior a la boda

No iba a poder conciliar el sueño. ¡¿Cómo iba a poder dormir si al día siguiente se casaba con Ashley?! Era imposible desde todo punto de vista. IM-PO-SI-BLE. Ojos abiertos como platos, completamente abiertos, tan abiertos que si le daba por estornudar se le saldrían volando y se quedaría ciega para siempre.
“Da mala suerte verse la noche antes de la boda”. ¡Pero menuda memez! Se lo habían dicho sus madres, ¿como no? Ellas decían que era tradición pero Spencer sospechaba que se trataba de su particular venganza por dejarles planear aquella boda paralela que hacía un par de meses había hecho aguas por todos sitios al enterarse de que no era mas que eso…una boda falsa. ¡Menudas rencorosas! Además…¿tradición? Tal vez para las bodas heterosexuales…las bodas gays no es que tuvieran mucha tradición todavía. Menudas malas víboras…
Dio otra vuelta en la cama…llevaba tantas que de haberlas dado en el suelo, y todas en la misma dirección, ya estaría a las puertas de la casa de los Davies. Allí estaba Ashley, su novia Ashley, “su prometida” Ashley…¡Madre mía al día siguiente se casaba con Ashley! No, no iba a dormir en toda la noche y se casaría con ojeras.
Ashley. Otra que dios guarde muchos años. ¡Había estado de acuerdo con las locas de sus madres! Por su culpa ahora ella estaba en la habitación de la casa de los Carlin, su antiguo cuarto, mirando el techo y contando los segundos que iban pasando demasiado lentamente para su gusto. Si, Ashley estaba en su habitación en casa de los Davies y ella en su habitación en casa de los Carlin. ¿En la habitación de ambas en su apartamento? Nadie, absolutamente nadie. Menudo desperdicio de cama doble. En aquellos momentos Ashley podría estar quitándole el insomnio a base de orgasmos ¡pero no! No, no. No, porque es tradición.
Click. Y Spencer frunció el ceño ante el familiar sonido. Click. Lo había escuchado muchas veces antes. Click. Ashley estaba tirando piedrecitas a su ventana. Click, click, click, click. Uhhh…cuatro de golpe, su morenita se estaba impacientando. Corrió hasta allí y abrió la ventana con extremo cuidado, Ashley ya le había pegado pedradas antes de esa forma y le había cogido el truquillo. Se aseguró de que su chica había parado el fuego antes de asomarse completamente y verla allí abajo con su vieja bici tirada a un lado del jardín. Ohhh…¡menudos recuerdos!
– Spencer baja- le pidió la chica cruzando los brazos sobre su pecho.
– ¿Vienes a suspender la boda?- bromeó la rubia.
– No- sonrió su novia.
– ¿Te va mal la hora?- inquirió de nuevo.
– ¡No seas idiota y baja!- exclamó Ashley.
– Ugh…ya voy. Pero me has despertado…-le reprochó antes de desaparecer en el interior de su cuarto de nuevo.
Hizo lo de siempre, colocarse un jersey viejo sobre el pijama, calzarse y salir sigilosamente de la casa. Años de experiencia le aseguraban el éxito total, nadie se despertaría alertado por ruidos raros. Era sigilosa como un gato en mitad de la noche. Y sabía también que Ashley en esos momentos estaba en la casa del árbol de modo que dirigió allí sus pasos.
– ¿Sabes que da mala suerte verse la noche antes de la boda?- fue lo primero que le dijo tras colarse dentro. Ashley le sonrió al verla toda despeinada y con aquellos ridículos pantalones de pijama.
– Espero que no pienses casarte en eso- señaló su atuendo y la rubia se miró a si misma fingiendo estar ofendida después- No podía dormir…-reconoció la morena desde su posición, sentada contra una pared de la cabaña.
– Ajá…asi que te arriesgas a una vida entera de mala suerte porque te estaba costando dormirte…-ironizó su chica tomando asiento a su lado.
– ¡No echaban nada en la tele!- se justificó Ashley en broma y cuando escuchó una suave risita escapar de boca de Spencer le besó en la mejilla y luego apoyó la cabeza en su hombro- Ahora si estoy nerviosa Spence- reconoció en voz baja.
– ¿Nervios buenos o nervios malos?- se interesó su chica.
– Nervios buenos- eligió la morena- ¿Tu tienes?- curioseó.
– Unos cuantos, si- se confesó Spencer.
– Va a salir todo bien mañana ¿verdad?- quiso reafirmar.
– Si cuando acabe el día tú eres mi mujer y yo la tuya, para mi todo habrá ido bien. Lo demás me da lo mismo- reconoció.
– ¿Aunque caiga la tormenta del siglo?- le puso a prueba su chica.
– Aunque caiga la tormenta del siglo. Además tenemos la pamela de tu madre que nos mantendrá a salvo de los rayos- se lo recordó y Ashley rió.
Se pasaron la mayor parte de la noche en su cabaña del árbol. Si estaban juntas los nervios se notaban menos.

Día de la boda. Hora de la boda.

¿En que hora se le había ocurrido dejar que fuera su hermano quien le llevara en coche a casa de Ashley el día de su boda? ¿En que hora? En una no muy buena, eso desde luego. La ceremonia estaba fijada a las 12.00 y eran las 12.01 y ni siquiera habían salido hacia allí aún.
– ¡Glenn! ¡Si el vestido no fuera blanco te haría sangrar mucho ahora mismo!- le gritó desde el piso inferior.
– ¡No me pongas nervioso, “Barbie un enlace de ensueño”! Cuanto más nervioso me pongas menos me saldrá…-le contestó desde el baño.
– ¡Es una boda al aire libre! ¡Mea en un árbol!- exigió la rubia recogiéndose el vestido y comenzando su ascenso por las escaleras. Como que se llamaba Spencer Carlin que se lo iba a llevar arrastrando aunque la tuviera fuera.
Antes de que hubiese alcanzado el piso superior el dulce sonido de la cisterna del retrete llegó a sus oídos y dio gracias a dios mentalmente. Glenn pasó por su lado a toda prisa.
– ¡Vamos Spencer! No querrás que Ashley piense que has decidido plantarle ¿verdad?- le metió prisa exasperándola aún más.
– ¡Llevo lista desde hace veinte minutos, gusano!- le respondió bajando a toda velocidad las escaleras y siguiendo a su hermano hasta el coche.
– ¡Lo he hecho lo más rápido que he podido! ¡Ni me he lavado las manos para no perder más tiempo! Mira…- le dijo una vez dentro del coche restregando con ellas su brazo.
-¡AGGGHHHHHH! ¡Glenn!- protestó Spencer pegándole mientras él reía alegremente arrancando el vehículo.
Su hermano era el ser más repulsivo de todos los seres repulsivos que poblaban el planeta, pero ahí estaba, llevándola hacia su boda y con una sonrisa de oreja a oreja porque estaba realmente contento por ella. Repulsivo o no, era su hermano y le quería.
– ¿Se me permite tirarme a alguna de las amigas de universidad de Ashley esta noche?- quiso dejar claras las reglas del juego de antemano.
Repulsivo, definitivamente repulsivo.
No le dio tiempo a profundizar más en el nivel de repulsión de su hermano porque de repente el corazón se le paró en el pecho. Estaban allí. Los invitados estaban el jardín y ¡oh dios mío! Podía ver la pamela de Paula desde allí. En serio. Resaltaba entre el resto, era enorme.
– ¡Joder con el gorro de mamá, Spence! En cualquier momento bajará la nave nodriza a por él- exclamó Glenn reduciendo la velocidad. Ella tuvo que reírse ante el comentario y cuando su hermano detuvo el vehículo del todo le miró respirando hondo. El rubio le sonrió imitándola- Te casas con Ashley- sonrió aún más.
– Me caso con Ashley- repitió la rubia echando chispitas por los ojos.
– Se que os he asustado, hecho llorar y lesionado físicamente muchas veces…pero espero que todo os vaya bien. De verdad- le dijo el chico con su cara más seria.
Spencer le abrazó sin pensárselo, como un acto reflejo y sonrió cuando Glenn le devolvió el gesto. Le dijo “Gracias” al oído y después ambos abandonaron el vehículo accediendo al jardín de la casa por la parte de atrás.
La rubia admiró el escenario donde iba a tener lugar la ceremonia. Había quedado perfecto, justo como Ashley y ella lo habían querido. Simple pero perfecto. Simplemente perfecto.
Las sillas para los invitados se dividían en dos mitades creando el pasillo que les llevaría a ambas hasta el improvisado “altar”. No era más que un arco decorado con flores blancas pero para ellas era el altar más bonito de todo el universo. Se fijó en que el oficiante de la ceremonia ya estaba en su puesto y después en que Paula corría hacia ella sujetando su pamela con ambas manos, y con su pequeño bolso colgándole de un brazo y dando botes a un lado de su cuerpo.
– ¡Por fin estás aquí! ¡Tenías a Ashley con el corazón en un puño!- le reprochó. Por supuesto que con “Ashley” quería decir Christine y ella- Estás preciosa cariño, no puedo creerme que te vas a casar…¡y con Ashley! Madre mía… si parece que fue ayer cuando veníais las dos a por la merienda después de haber estado jugando toda la tarde en el jardín y os limpiaba los mocos…- la emoción le traicionó en ese momento y se le quebró un poco la voz. Debía de recordar con especial cariño aquellos momentos en los que les había limpiado los mocos.
– Mamá…- intervino la rubia acariciándole un brazo.
– Hace nada no levantabais un palmo del suelo y ahora os vais a casar…- continuó sonándose la nariz con un kleenex.
– Mamá tranquila…aún tienes a Glenn- bromeó un poco y el llanto de Paula se incrementó aún más y no le pareció que fuera de alegría. Pobre Glenn.
De pronto unos golpecitos en los cristales de la ventana de la casa que tenían justo a su espalda llamaron poderosamente la atención de Paula, que se recompuso a la velocidad de la luz y comenzó a hacer gestos extremadamente raros con las manos mirando hacia ese lugar. Spencer se volvió solo para localizar a la madre de su chica devolviéndole unos movimientos igual de raros desde el otro lado del cristal.
Tan pronto como habían empezado, los signos extraños cesaron y Paula se volvió hacia ella.
– Todo esta listo. Ashley saldrá en exactamente dos minutos. No estés nerviosa cielo. Todo va a ir muy bien- le dijo. Luego “Mua” y “Mua”. Dos besos en las mejillas y regresó a su asiento de primera fila sin darle tiempo a contestar nada y con la pamela amenazando con desequilibrarla en cualquier momento. Oh…por dios…¿a eso se habían estado dedicando Christine y ella durante las ultimas semanas? ¿A crear un lenguaje secreto de signos para poder sincronizar cada movimiento de la ceremonia? Pobres…¡que malo era el tiempo libre!
Poco después vio salir a Christine que le sonrió mostrándole sus dos pulgares en un silencioso, “todo va a salir estupendamente”, antes de correr pasillo adelante ocupando el lugar libre junto a Raife. Y ya estaba…el momento había llegado. Sonará cursi, poético y falso pero de verdad que el tiempo pareció detenerse allí y entonces, cuando la vio salir. Tuvo que hacer un esfuerzo físico bastante grande para obligarse a seguir respirando, porque es que Ashley estaba preciosa. Y se le veía un poco nerviosa y se le salía la sonrisa de la cara y su vestido era el vestido de novia más increíble de la historia de las bodas. A lo mejor a Spencer se lo parecía porque era la morena quien lo llevaba. A lo mejor. Pero la imagen de Ashley avanzando hacia ella y tendiéndole la mano…buff…esa imagen no se le iba a borrar de la memoria por muchos años que viviera. Y no lo supo hasta más tarde, pero la morena se sentía exactamente igual que ella en esos momentos.
Cuando Ashley le cogió de la mano sus corazones comenzaron a trabajar a doble potencia. La morena le había cogido de la mano miles de millones de veces antes. Para correr juntas hacia los columpios, para huir juntas del señor Enderson, para arrastrarle hasta la cabaña del árbol con la intención de comérsela a besos una vez dentro…y ahora se la cogía para avanzar juntas hacia aquel improvisado altar. A pesar de que la intensidad del momento la tenía un poco atontada Spencer sonrió al sentir la mano de Ashley en la suya, porque ya no eran las pequeñas manitas de los primeros años pero seguían encajando igual de bien.
Habían decidido que irían juntas, que ninguna de las dos esperaría a la otra en el altar, no se hubieran puesto de acuerdo en quien tendría que esperar a quién, de modo que habían pactado hacerlo de ese modo. Y mientras recorrían el pasillo acompañadas solamente por el sonido de unas cuantas guitarras y los disimulados susurros de los invitados, se dieron cuenta de que había sido la mejor decisión. Avanzar juntas y de la mano.
Se robaron mil miradas de camino al altar y con cada una de ellas se sonreían, y Spencer no sabía las suyas, ¿pero las de Ashley? Joder…esas sonrisas de Ashley le transmitieron de todo. Nervios, impaciencia, alegría absoluta y varios “¿Te puedes creer que nos estamos casando, Spence?¡Nos estamos casando!”.
Y de verdad que no se acordaba de que había dicho el oficiante durante la ceremonia, solo se acordaba de lo preciosa que estaba Ashley y del modo en que le miraba de vez en cuando, de la suavidad y la facilidad con la que deslizó la alianza en su dedo y de la risita que soltó cuando por fin estuvieron casadas de verdad y llegó el momento del beso que habían estado ensayando. Y fue mucho menos espectacular de lo que habían sido los que se habían dado en la privacidad de su apartamento, pero a la vez fue el más increíble de todos. El mejor. Su primer beso como matrimonio. Ashley era su mujer. ¡Ashley era su mujer!¡Madre mía! Ohhh…y su nueva mujer estaba llorando un poco de pura emoción cuando dejaron de besarse…menuda mujer más sensiblona tenía. No fue hasta que la morena le secó un par de lágrimas propias con sus dedos, cuando se dio cuenta de que a lo mejor, podía ser que… tal vez…ella era también un poquito sensiblona a veces.
Aplausos, vítores y Paula y Christine sonándose la nariz en sendos kleenex. Mientras algunos invitados las bañaban en pétalos de flores de distintos colores tirados al aire, Glenn gritó “¡Ahora!” y las guitarras comenzaron a tocar los acordes de una canción que los tres habían bailado infinidad de veces de pequeños en el salón de los Carlin. Ashley y Spencer habían querido que sonara en ese preciso momento, pero al final tuvieron que ceder a las airadas protestas de sus madres que la consideraban demasiado movida para semejante ocasión. Parecía que Glenn se las había arreglado para modificar un poco lo planeado con anterioridad. Ohhhh…Glenn…podía ser repulsivo pero le quería. Joder si le quería…
Miró a Ashley con los ojos aún algo húmedos y se rió, se rió y Ashley también y entonces le tomó la cara entre las manos y le plantó un super beso en el que quedaron comprimidas todas las emociones que ambas sentían en ese momento. Después le abrazó muy fuerte y le dijo “Felicidades Ash” y ella le contestó con un “Felicidades Spence” justo antes de que sus familiares les obligaran a separarse para estrujarlas y felicitarlas y decirles lo preciosas que estaban.

* * *

Se habían hecho las fotos de rigor, habían comido entre risas y bromas con los ocupantes de la mesa presidencial y se habían mirado con paciencia al ver como Christine y Paula vaciaban más de una botella de champán codo con codo.
Ya estaba bien entrado el baile de después del banquete y por fin tenía a Ashley entre sus brazos de nuevo y ambas estaban bailando en mitad de la pista. Todo el mundo les había pedido un baile y no habían querido ser groseras pero ya no iban a bailar con nadie más…era hora de Ashley y Spencer.
– Ashley ya sé que te lo he dicho como un millón de veces hoy pero es que estás increíble- le piropeó la rubia mirándole detenidamente. La besó fugazmente y su chica se lo agradeció con una sonrisa antes de esconder la cara en su hombro besando su cuello.
– Tú estás increíble también. Somos las novias más guapas de la historia de las bodas- indicó y Spencer la estrechó más fuerte entre sus brazos, disfrutando de la suavidad y la facilidad con la que ambas se movían juntas, adaptándose la una a la otra a la perfección.
En aquellos momentos estaba sonando una canción lenta y cursi, perfecta. Después de los nervios y el estrés que habían pasado durante el día entero aquel momento era como un oasis de tranquilidad muy necesitado por ambas. Las dos solas a pesar de estar en un salón lleno de gente.
– ¿Te crees que estamos casadas?- escuchó que preguntaba la morena- Creo que me va a costar acostumbrarme a decir “Mi mujer Spencer” en vez de “Mi novia Spencer”- le confesó levantando la cabeza de su hombro para mirarle con una sonrisa- “Mi mujer Spencer”…suena bien- opinó regresando a su posición de hacía segundos.
– “Mi mujer Ashley” suena mejor- le contestó la rubia besando suavemente su sien- Estoy muy contenta Ash…¿lo sabes?- le dijo a su oído.
– Demasiado contenta…creo que se te va a dislocar la mandíbula de tanto sonreír- le dijo divertida la morena y Spencer le mordió ligeramente la nariz como castigo. Ashley rió antes de besarla suavemente- Yo también estoy muy contenta- le confió casi sin separase de sus labios.
– Ha salido todo perfecto ¿verdad? Todo perfecto…-sonrió la rubia perdiéndose en el marrón de los ojos de su mujer mientras sus frentes descansaban juntas.
Ashley iba a contestar que si, que más que perfecto pero de repente la canción lenta y ñoña se interrumpió…unos murmullos de confusión entre los invitados en general y comenzó a sonar el inicio de una canción demasiado conocida para ambas. La habían oído en más de una ocasión y siempre cuando sus madres habían bebido un poquito más de la cuenta. Se volvieron hacia el escenario y con un “Oh no…” Ashley escondió la cara en su cuello de nuevo, avergonzada por lo que sabía que vendría a continuación.
– Al menos todo ha sido perfecto hasta ahora- rió un poco Spencer sin apartar los ojos de Paula y Christine que ya se habían hecho con dos micrófonos y se movían intentando permanecer sincronizadas al ritmo de los primeros acordes de “It´s raining men” de “The Weather Girls”.
– Sabemos que las homenajeadas son lesbianas pero esta canción nos sale de miedo- se escuchó aquella aclaración de Paula amplificada por los altavoces de la sala.
– Oh, dios, mio…-musitó Spencer sintiendo como Ashley se reía en su cuello. Acabó riendo también escondiéndose a su vez entre el pelo de su mujer.
Y lo dieron todo, Paula y Christine, de verdad que si, lo dieron todo de principio a fin de la canción mientras Raife y Arthur preferían no mirar demasiado. Cantaron, bailaron y utilizaron sus enormes pamelas incorporándolas a la coreografía fingiendo que eran paraguas mientras daban gracias a la madre naturaleza porque estaban lloviendo hombres.
Aleluya.

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