Capítulo 17. Veintiún años.

Christine y Raife se habían llevado un disgusto al recibir la noticia de que su pequeña se marchaba. Se iba de casa. A vivir con Spencer. Ni siquiera estaría allí con ellos los fines de semana ni en vacaciones. Al final Ashley y sus padres llegaron al acuerdo de que Spencer y ella comerían en su casa todos los sábados que la morena estuviera en la ciudad. Todos. Después de enterarse de aquello Paula y Arthur se las pidieron los domingos. En serio, se las pidieron, como si fueran marionetas en las manos de sus padres. Bah…secretamente no les importó demasiado porque a ninguna de las dos les gustaba cocinar.
Y les encantaba a ambas, vivir juntas, les encantaba porque seguían pasándoselo igual de bien la una con la otra que cuando tenían seis años. Además de novias continuaban siendo las mejores amigas. ¿Enamorarse de Ashley? Lo mejor que le había pasado en la vida. Bueno…eso y que la morena se enamorara de ella también. No hubiera sido muy divertido en caso contrario.
Y allí estaban, viviendo el sueño de su infancia, el que imaginaban cuando se pasaban las noches despiertas planeando lo genial que sería cuando pudieran vivir juntas y no dependiesen de sus papás para que les llevaran a casa de la otra. Siempre habían dicho que vivirían juntas mucho, mucho tiempo antes de casarse con sus maridos, después planeaban ser vecinas. Las cosas habían acabado mucho mejor de lo que se habían imaginado porque…de alguna forma, la parte de “tener maridos” siempre la habían tomado como algo que arruinaría la diversión de vivir juntas. Como una obligación, porque todos los mayores se casaban y vivían en la misma casa. Si, aquello era mucho mejor porque podrían vivir juntas siempre.
Jo, a ella le encantaba tener las cosas de Ashley mezcladas con las suyas en aquel piso. Incluso cuando la morena estaba en Columbus entre semana, seguía sintiendo que de alguna forma continuaba allí con ella al ver su ropa en el armario o sus galletas favoritas en la cocina. Ashley no le dejaba comer de aquellas deliciosas galletas, era un poco egoísta, pero la verdad era que no le hacía mucho caso y aprovechaba los días que estaba sola para acabar con el paquete entero. ¡Era una de las cláusulas más importantes en las que se basaba su relación! Ashley debía compartir sus galletas con ella siempre.
No todo fue fácil durante el tiempo que la morena pasó estudiando fuera y fue durante el tercer año de universidad de su chica cuando las cosas comenzaron a torcerse un poco. Peleaban más que antes, se veían menos porque Ashley tenía trabajos que realizar y prácticas y exámenes y una estrecha relación con una tal Samantha. Si, vale, había estado bastante celosa de la amistad entre Samantha y Ashley, porque Ashley era su novia pero también era su mejor amiga y de repente todo era “Pues Sam y yo esto” y “Sam y yo lo otro” y a Spencer “Sam” le caía cada vez peor. Y odiaba pelearse con la morena, siempre lo había odiado, incluso cuando eran pequeñas y el objeto de su discusión era algo tan tonto como los dibujos que verían en la tele. Sabía que Ashley lo odiaba también y por eso sus enfados no solían durar mucho, una de las dos terminaba cediendo a las pocas horas por norma general. A pesar de eso, dolía que su relación no fuera tan fácil como antes, tan perfecta y libre de problemas. Pero ambas sabían que tenía que ser así, que era normal que fuera asi, no podía no ser difícil el estar separadas. Además, gente como Samantha lo había hecho mucho más complicado.

Ashley y Spencer a los veintiún años

“¡Ey Sam! Yo también me lo pasé muy bien anoche. Voy a decirle a Spencer que no puedo ir hasta el sábado y podemos quedar mañana en tu casa. Quiero verte”

No había podido hacer otra cosa que mirar con cara de gilipollas la pantalla de su teléfono móvil tras leer el mensaje de Ashley. En serio, el teléfono del taller estaba sonando a su lado y ella no había movido un solo músculo porque…¿que demonios significaba aquel mensaje? Era evidente que la destinataria era Samantha y no ella y que Ashley debía haberse confundido al enviarlo. “¿Me lo pasé muy bien anoche?” La noche anterior la morena apenas había podido hablar con ella porque tenía que estudiar…o al menos eso le había dicho. Volvió a leer el mensaje más despacio. “Quiero verte”. Y se sintió peor. Joder…era como intentar respirar debajo del agua y pensar en cualquier cosa que no fuera Ashley y Samantha pasándoselo demasiado bien era misión imposible.
Arthur entró en el despacho farfullando protestas y preguntándole si no estaba oyendo el teléfono, que que demonios estaba haciendo porque llevaba sonando como dos eternidades seguidas.
¿Qué que estaba haciendo? Sentir como su alma se le caía a los pies, sentir como su cuerpo entero entraba en parada. Eso era lo que estaba haciendo, intentar asimilar ese mensaje y lo que significaba sin caerse muerta en el sitio. ¡Eso estaba haciendo y era más importante que una puta llamada de teléfono de una señora que quería saber si habían arreglado ya los frenos de su ciclomotor!
Escuchó como su padre hablaba con aquella clienta…pero su voz era solo un sonido de fondo bastante lejano la verdad. Los latidos acelerados de su corazón amortiguaban cualquier estímulo sonoro que proviniera del exterior. Necesitaba desesperadamente encontrar una explicación válida a aquel mensaje y su significado porque desde luego que el que Ashley estuviera engañándole con Samantha no era una opción viable. Es que no podía serlo porque si lo era se moriría, así de simple. ¡No! Primero iría a Columbus y mataría a Samantha y luego se moriría…así de simple.
Arthur colgó el teléfono centrando la atención en su hija y al ver la expresión de su cara la reprimenda que estaba a punto de abandonar su boca se quedó en punto muerto a medio camino.
– Spence cielo…¿te encuentras bien?- preguntó en cambio, colocando una mano sobre el hombro de la rubia con suavidad.
– Eh…si, si- asintió ella sacudiendo la cabeza y dejando a un lado su teléfono móvil mientras fingía centrarse de nuevo en la pantalla del ordenador.
No quería hablar en voz alta sobre Ashley, Samantha y aquel maldito mensaje. Primero tenía que aclarar aquel malentendido con su chica. Si, malentendido, no podía ser otra cosa. Esperó que Arthur aceptara su obvia mentira como un signo de que no quería hablar del tema y para su alivio lo hizo. El hombre le revolvió un poco el pelo antes de abandonar el despacho y regresar a la planta baja del taller. Últimamente Spencer y Ashley no estaban pasando por los mejores momentos de su relación y el padre de la rubia lo sabía y lo entendía. Paula y él habían estado en la misma situación durante el tiempo que su mujer había pasado estudiando fuera, no era fácil pero las chicas estaban llevándolo mejor de lo esperado. Mucho mejor de hecho. Esperaba que aquel bache, se tratara de lo que se tratara, pasara igual de rápido que los otros.
En cuanto su padre hubo abandonado la estancia Spencer se dejó caer contra el respaldo de la silla regresando su mirada al teléfono móvil que descansaba sobre la mesa. Es que no podía creerse que algo así les estuviera pasando a ellas. ¡Eran Ashley y Spencer!¡Eran Spencer y Ashley joder! Y le había defendido de besadores babosos y de homicidas asesinos de niñas y se había dejado estrujar por las noches cada vez que la morena tenía miedo y la conocía desde siempre y Ashley no había podido escribir aquel mensaje.
Tuvo que luchar con todas sus fuerzas por no llamar a su chica en ese preciso momento exigiéndole una explicación, no serviría de nada, estaría en clase y no le devolvería la llamada hasta horas después. Se lo había aprendido muy bien. Ashley últimamente estaba muy ocupada. Pasó la mañana como pudo, tratando de distraerse con el trabajo del taller pero sin conseguirlo del todo y después se arrastró hasta su piso, con los ánimos por los suelos y ninguna gana de cocinar.

* * *

Le llamó nada más salir de clase, a Spencer le sorprendió el sonido del teléfono mientras fregaba un par de platos en la cocina y corrió hasta él secándose las manos con un trapo. El corazón le martilleaba en el pecho. Siempre se le aceleraba al hablar con Ashley, pero normalmente era una aceleración buena y extremadamente agradable, esta vez era diferente. Se sentó en el sillón antes de contestar y cuando lo hizo y escuchó la voz de Ashley al otro lado no supo muy bien como se sentía. Después de aquel mensaje era casi como si estuviera hablando con una potencial desconocida.
– Ey Spence…acabo de salir de clase. ¿Qué tal la mañana?- interrogó la morena y su voz sonaba como siempre. Seguía hablándole en ese tono. En ese que solo utilizaba con ella.
– Emmm…bien…bien…-iba a preguntarle a que había venido ese mensaje, de verdad que si, pero es que si la respuesta era más complicada que “¿Qué mensaje? Yo no te he mandado ningún mensaje” no soportaría no tenerla delante para hablar todo lo que tuvieran que hablar.
– Un “Emmm…bien…bien…”un poco raro ¿no?- frunció el ceño la morena mientras caminaba por el campus de su universidad de regreso a su residencia.
– Ha sido un día complicado en el trabajo- medio explicó la rubia. Ashley le conocía demasiado como para fingir que estaba totalmente bien. Podría colar con sus padres, podría colar con Glenn y con casi todos los seres humanos que pueblan el planeta. No con Ashley.
– ¿Qué ha pasado?- curioseó la morena. Su chica era una cotilla. En serio, si el cotilleo fuera un deporte olímpico Ashley Davies sería medalla de oro. Y ellas dos se lo contaban todo. ¡Todo! Habían prometido que lo harían a los cinco años. No podía mentirle de modo que optó por decirle la verdad.
– Ash…tenemos que hablar- acabó por admitir. A aquella frase por su parte le siguió un pequeño silencio al otro lado de la línea.
– “Hablar”- repitió la morena sorprendida- “Tenemos que hablar” suena muy mal Spence…-reconoció y su tono no era tan ligero como segundos antes.
– Suena a que tenemos que hablar- le contestó la rubia sin saber que estaba incrementando notablemente las pulsaciones de su chica.
– ¿Qué pasa?- inquirió Ashley parando junto a un árbol. Algo no iba nada bien.
– Prefiero que lo hablemos cara a cara- reconoció la rubia.
– Spencer, en serio, ¿que pasa? Estás asustándome- le informó la morena.
– Lo hablaremos cuando vuelvas mañana- dijo Spencer en espera de lo que podría venir a continuación. Lo esperaba pero el oírlo hizo que el estómago se le cerrara de golpe. Como si le hubieran dado un puñetazo.
– Eso tenía que decirte Spence, no puedo volver mañana.
“No puedo volver mañana”…Era una frase, solo palabras, cuatro palabras, ¿como podían doler tanto? A lo mejor dolían de esa forma porque sabía que era mentira, porque sabía que en vez de “puedo” Ashley debería haber dicho “quiero”. “No quiero volver mañana”. Debía haberse quedado callada durante más de la cuenta porque la voz de su chica la sacó de sus cavilaciones.
– Spence…¿que te pasa?-escuchó que preguntaba.
– Pensaba que…hace casi tres semanas que no te veo…-señaló la rubia.
– Ya lo sé-admitió Ashley apesadumbrada y, si no hubiera recibido aquel mensaje esa misma mañana, hubiera pensado “Awwwww…Ashley me echa de menos también”- Yo también tengo ganas de verte ya pero nos han puesto prácticas mañana por la tarde- explicó.
– Bien. Entonces nos veremos el sábado, supongo- consiguió decir a pesar de que en esos momentos no podía pensar con claridad. Su chica estaba mintiéndole descaradamente y lo peor era que, sin aquel mensaje, ella se lo hubiera creído todo simplemente porque era Ashley quién lo decía.
– No voy a colgar hasta que no me digas de que tenemos que hablar- le avisó la morena.
Había adoptado su tono de cabezona, así que Spencer supo que era verdad y que no tenía intenciones de colgar hasta no saber de que iba todo aquello. Se trataba de la misma chica que se pasó dos horas enteras diciendo sin parar “¿Qué te pasa Spencer? ¿Qué te pasa?”, cuando a los seis años ella dejó de hablarle porque le había visto compartiendo sus galletas con Ronda. Ugh, Ronda.
Estaba claro que Ashley no pensaba cortar la comunicación hasta haberla sonsacado. Estaba muy claro, de modo que fue ella quien colgó el teléfono.

* * *

No sabía que era lo que estaba pasando, lo único que sabía era que su corazón no había bajado de las cien pulsaciones por minuto desde que había escuchado la línea comunicar después de que Spencer le colgara el teléfono. Por supuesto que había intentado llamarle…¡por lo menos había llamado al móvil de su novia veinte veces! Spencer no había respondido a ninguna de ellas. Apenas había podido comer porque…¿que demonios estaba pasando? Sabía que últimamente las cosas no iban muy bien entre las dos, pero lo habían hablado y ella creía que lo tenían todo controlado. ¿No era tan fácil como antes? No, no lo era, pero seguía mereciendo la pena porque eran ellas y ninguna iba a salir corriendo porque las cosas se hubieran complicado un poco. Al menos eso había sacado en claro de todas las veces que lo habían hablado después de pelearse. Y ahora Spencer pensaba que “Tenían que hablar”. Tenían que hablar de algo que la rubia no quería tratar por teléfono. Le iba a reventar el corazón en el pecho.
Y a la mierda las prácticas y a la mierda las clases del día siguiente, porque ella no podía pasarse hasta el sábado de ese modo. Estaba buscando las llaves del coche cuando le sobresaltó una llamada a la puerta de su cuarto. Gritó un “Pasa” mientras continuaba revolviendo los cajones de la mesilla y se volvió solo unos segundos para comprobar que era Samantha.
– ¡Joder no encuentro mis llaves!- masculló sacando el cajón entero y vaciándolo sobre la cama.
– Wow, wow…Ash…-exclamó su amiga al verla- ¿Qué pasa?- inquirió mientras observaba como desparramaba también el contenido del segundo cajón.
– No lo sé. Spencer se ha vuelto loca de repente- señaló Ashley haciéndose con las llaves en cuanto las descubrió entre los objetos que cubrían su colchón.
– ¿Cómo dices?- frunció el ceño la chica mientras la morena se colocaba la cazadora.
– Me ha dicho que tenemos que hablar, pero no quiere hablar por teléfono- admitió con voz angustiada mirando a su amiga.
– Pero…¿te marchas?- alzó las cejas sorprendida- ¿Y las clases y la prácticas de mañana?
– ¡Claro que me marcho! No puedo pasarme así hasta el sábado. Le he llamado mas de veinte veces y ni siquiera lo coge…- se lamentó.
– Ey…seguro que todo va bien- le tranquilizó Samantha colocando las manos en sus hombros.
Al ver la expresión de los ojos de Ashley se sintió un poco culpable, un poquito nada más, igual había sido un poco cruel el mandar aquel mensaje desde el móvil de su amiga, pero aquellas dos llevaban casi seis meses discutiendo a cada segundo. Las cosas serían mejor de aquel modo. No sabía si mejor para Ashley, pero desde luego si mejor para ella. La morena se merecía algo más que una novia de fines de semana.

* * *

Veinticuatro veces. Veinticuatro veces había llamado Ashley a su móvil. Lo había puesto en silencio hacía horas porque necesitaba pensar en lo que estaba pasando. Era cierto que las cosas últimamente no les iban bien del todo…¿pero en que relación van las cosas siempre bien? En ninguna. Y el pasarse semanas separadas por las obligaciones universitarias de la morena llevaba pasándoles factura durante meses, era verdad. Pero eso no le daba derecho a Ashley para mentirle, para querer ver a Samantha en vez de a ella. Aún seguía aferrada a la posibilidad de que fuera un malentendido, era lo que le gritaba su parte racional, era solo un malentendido. Pero es que la parte irracional que llevaba muerta de miedo los tres años de universidad de su chica, esperando que pasara algo como aquello, gritaba aún más alto y de verdad que le estaba destrozando los nervios por dentro. No sería capaz de esperar hasta el sábado.
Glenn le había llamado hacía un par de horas para ver si quería acompañarle a dar una vuelta con su coche nuevo. Por raro que pareciera había preferido quedarse sentada en el salón de su apartamento, la televisión encendida y sin volumen. Los pensamientos de su cabeza tenían volumen suficiente para esa y mil televisiones más. No quería que su hermano le sometiera al tercer grado al verle la cara, porque estaba segura de que su expresión hablaba por ella misma.
Es que era la cuarta vez que algo se torcía entre ambas en aquel mes y solo estaban a doce. Ugh…¿y porque todo lo que tuviera que ver con Ashley dolía tanto?
Le sobresaltó el sonido de las llaves en la cerradura de la puerta principal. Sus padres tenían una copia y Christine y Raife otra pero nunca se presentaban en el apartamento sin avisar antes. Al menos no desde aquella vez que…bueno…desde aquella vez que lo habían hecho mientras Ashley y ella estaban…ejem…¡No se presentaban sin avisar y punto! Y solo había otra persona más con un juego de llaves…
– Habla- escuchó que decía la morena entrando al salón sin molestarse en saludar siquiera y tirando las llaves sobre la mesita frente al sillón. En cuestión de segundos estaba sentada a una distancia prudencial, al otro extremo del sofá y le miraba de aquella forma suplicándole que dijera lo que fuese ya.
Estaba preciosa. Llevaba sin verla casi tres semanas y estaba guapísima le encantaba como le quedaba aquella cazadora que llevaba puesta y la forma en que su pelo estaba enmarcando su rostro en aquellos momentos. Por unos segundos solo tuvo ganas de besarla hasta borrar aquel mensaje y si los besos borraran mensajes de móvil lo hubiera hecho hasta dejarle sin aliento. Teniéndola delante era incluso más descabellado pensar que le estuviera haciendo algo así a ella. Y a pesar de todo aquel mensaje continuaba almacenado en la memoria de su teléfono. No se dio cuenta de que no había dicho nada en voz alta hasta que Ashley le presionó de nuevo.
– Has dicho que teníamos que hablar…- insistió- Habla.
– Creía que no podías venir hasta el sábado- fue todo lo que le salió porque en ese momento estaba segura de que había otra explicación al mensaje. Una perfectamente válida. Lo hubiera visto en los ojos de la morena de no haber sido así.
– ¡Y no podía! Me he saltado la práctica de esta tarde y todo el día de mañana. ¿Qué pasa?- insistió mirándole con kilos y kilos de preocupación en sus ojos. Kilos de preocupación y ni un miligramo de culpabilidad. ¿Se había comportado como una imbécil montando aquel número por un mensaje al móvil?
No dijo nada. Simplemente se estiró haciéndose con el aparato. Buscó el mensaje y, una vez abierto, le tendió el teléfono a Ashley.
Alivio. Alivio inmenso al ver como el ceño de su chica se fruncía al leer lo allí escrito. No le hacía falta que le dijera que no tenía ni idea de que era aquello.
– Yo no te he mandado esto- fue todo lo que dijo la morena alzando la vista y enfrentándose a los ojos de su chica.
– Ha llegado esta mañana- contestó Spencer.
– Yo no lo he mandado- insistió Ashley con una expresión indescifrable en el rostro.
– Lo sé- le tranquilizó, le creía sin más.
– ¿Creías que había escrito este mensaje para Sam?- le preguntó simplemente y a la rubia se le encogió un poquito el corazón al ver la forma en que le miraba. No le contestó- Pensabas que te había mentido para poder…-comenzó en tono más que herido.
– No…yo…no sabía que pensar-admitió bajando la vista.
– ¿De verdad que has creído aunque solo fuera por un segundo que te haría algo así?- exclamó sin saber si estaba enfadada o dolida.
– ¡¿Qué hubieras pensado tu?!- se defendió la rubia al sentirse atacada.
– ¡No tengo ni idea, pero desde luego que eso no!- respondió sin pensárselo porque era la verdad.
– Llevamos meses discutiendo Ashley…semanas sin vernos…- rebatió Spencer.
– ¿Y que?- exigió saber la morena- ¿Que quieres decir con eso?
– ¡Que las cosas no van bien!- expuso la rubia.
– ¿Crees que no me he dado cuenta? Las cosas no van bien para mi tampoco y no por eso desconfío de ti- le reprochó.
Spencer bajó la vista al suelo y permaneció unos segundos en silencio mientras Ashley mantenía sus ojos clavados en las imágenes mudas de la pantalla del televisor.
– Lo siento- admitió al fin la rubia mirando a su chica. La morena no contestó nada y tampoco demostró haberla oído. Parecía perdida en sus pensamientos.
– ¿Me he saltado las prácticas de esta tarde por esto?- le preguntó y de repente parecía molesta.
– ¿Por esto?- frunció el ceño Spencer- ¿Tienes idea de cómo he pasado el día de hoy Ashley? ¡Casi ni he comido pensando en ese puto mensaje!- le dijo frustrada porque después del mal rato que había pasado Ashley parecía estar enfadada con ella.
– ¿Tienes idea de lo fácil que hubiera sido preguntármelo por teléfono?-rebatió su novia en un tono muy poco amable.
– ¡Tenía miedo Ash! ¿Sabes lo que es eso?- inquirió de la misma forma.
– Me he pasado el viaje pensando que querías romper conmigo. Si, si se lo que es- dijo entre enfadada y extremadamente triste. ¿Cómo podía Spencer haberse planteado aquello enserio?- ¡Todo va mal!- se lamentó de pronto y a la rubia se le hizo un nudo en la garganta al ver sus ojos preferidos en el mundo entero llenándose de lágrimas.
– Ash…-trató de acercarse a ella pero la morena le frenó con un gesto de la mano.
– ¡Solo discutimos Spencer! Discutimos y lloramos, lo arreglamos y al día siguiente empieza todo otra vez…
– No pasa nada Ashley…todo va a ir bien- intentó consolarla la rubia.
– ¿Todo va a ir bien? Tu piensas que te estoy engañando y yo que quieres romper conmigo. ¿Cómo va a ir bien?- le preguntó directamente- Te conozco desde siempre y nunca te había gritado tanto como ahora y tu tampoco a mi y…
– ¡¿Y que?! ¿Y que Ashley? ¿Y que? Las cosas no van a ser siempre fáciles ¿sabes? No funcionan así- le abrió los ojos pero la morena no contestó nada a eso- ¿Qué estas pensando?- le preguntó directamente- ¿No te merece la pena aunque las cosas sean un poco difíciles?- interrogó con voz firme aunque temblaba por dentro. Nunca habían estado en una situación como aquella, nunca habían estado tan mal, tan inestables por tanto tiempo. Y ver las lágrimas de su chica lo hacía todo mil veces peor.
– Te quiero aunque te grite- dijo por fin la morena tras unos segundos de silencio agónico para la rubia.
– Ya lo sé- sonrió un poco Spencer al escucharla.
– Te quiero mientras te grito y después de gritarte y de decirte que no quiero hablar más contigo te sigo queriendo- insistió la morena.
– Ya lo sé, Ash- repitió su novia acariciándole el pelo. Llevaba deseando tocarle desde que había entrado por la puerta.
– Nunca te haría nada asi Spencer…como lo del mensaje. Nunca-puso en claro la morena levantando la vista para encontrarse con la de su chica.
– He sido una idiota, sé que no lo harías. Siento haber montado todo este lío y siento que te hayas perdido las prácticas de esta tarde- reconoció.
– No me importan las prácticas de esta tarde- dijo Ashley sintiéndose de pronto en terreno conocido con sus ojos fijos en los de Spencer y con la mano de su chica acariciando su mejilla. Otro bache que iba a quedar atrás.
– Mentirosa…si te importan- sonrió la rubia y secó un par de lágrimas con sus pulgares mientras Ashley sonreía también.
– Me importan menos que tu- formuló de nuevo su frase.
– Eso si que me lo creo- accedió su novia y observó a la morena observándole a ella. Por unos segundos solo se miraron- Te voy a besar Ashley porque…
Antes de que pudiera terminar de hablar los labios de su chica cubrieron los suyos y al principio fue uno de los besos más dulces que había recibido jamás. Se le cerraron los ojos de golpe y cada fibra de su ser comenzó a responder como por instinto, eso era besar a Ashley. Instinto. Como si hubiera nacido programada para hacerlo. Sintió las manos de la morena sujetar firmemente su cara mientras aquel beso continuaba sin ser interrumpido. Y las cosas podían ir mal a veces y podían ser increíblemente difíciles con Ashley fuera pero es que por besos como aquel, por lo que sentían mientras se besaban así, buah…por eso aguantarían lo que hiciera falta.
De repente las manos de Ashley habían abandonado sus mejillas y la morena se estaba quitando la cazadora, sin separar sus labios ni un momento. Wow, Ashley parecía tener prisa por librarse de la prenda y cuando Spencer la escuchó gruñir contra su boca, frustrada por estar tardando mas de la cuenta, sintió ese familiar cosquilleo en el estómago, ese que advertía siempre “Peligro que viene calor”. Se apresuró en ayudarle a despojarse de la cazadora y gimió cuando Ashley ladeó la cabeza, buscando y encontrando el mejor ángulo para profundizar el beso. Una vez que la prenda estuvo en el suelo Spencer se dejó recostar de espaldas en el sofá sintiendo inmediatamente el peso del cuerpo de Ashley sobre el suyo.

* * *

No sabían como, pero habían terminado en la cama. Deshaciéndola de la mejor manera posible, por todas las veces que no habían podido en las tres últimas semanas. Spencer sonrió al sentir la nariz de Ashley acariciando su cuello, luego sus labios depositando un par de besos en su hombro y su brazo rodeándole la cintura. ¡Eso si que era vida! Era la vida que quería. Y la quería siempre, no solo los fines de semana y en vacaciones, de momento no podía ser y lo sabía. Pero esperaría un año más. Un año más y podría pasarse los días enteros haciendo mimos a su chica y dejándose mimar. ¿Trabajar? Bah…en los ratos libres, entre beso y beso.
– Spence…-escuchó que le llamaba su chica aún escondida en su cuello- Lo siento…ha sido Sam. Ha tenido que ser ella-musitó pensativa.
– No importa Ash. Tu y yo estamos bien- le contestó la rubia abrazándola por la cintura también.
– ¿Solo bien?- frunció el ceño fingiendo estar decepcionada.
– Increíblemente bien- sonrió Spencer besándole la nariz- Sé que volveremos a pelearnos dentro de poco porque odio que estés lejos y tu odias estar lejos, pero siempre vamos a estar increíblemente bien al final Ash. Lo sé- aseguró la rubia y una preciosa sonrisa iluminó por completo la cara de la morena.
– Yo también lo sé- le correspondió devolviéndole el beso en la nariz.
De la nariz la morena pasó a sus labios y pasaron unos minutos simplemente besándose bajo las sábanas, sin más sonido que el de sus respiraciones y el de sus labios húmedos separándose y volviéndose a unir.
Y joder, de repente el sonido de las llaves en la cerradura de la puerta principal. Y Ashley ya estaba allí. Uh, uh…
– ¡Spencer! ¿Qué es eso que me ha dicho tu padre de que Ashley y tu estais enfadadas otra vez?- escuchó la voz de su madre en el salón.
Gruñó desganada…se estaba demasiado bien comiéndose a besos a su chica como para tener que parar en ese momento, pero Ashley ya se levantaba de la cama a la velocidad de la luz, cubriendo su cuerpo con una de la sábanas…jo…¡Paula!
– Ash…¿que haces?- inquirió la rubia mirándole divertida al verla buscando con la vista un lugar donde esconderse.
– ¡No quiero que tu madre nos vea desnudas y en la cama Spencer!- explicó algo acelerada la chica.
– Sabes que ya se imagina que dormimos juntas ¿verdad?- sonrió entretenida cuando la vio desaparecer hacia el baño.
– ¡Spencer! Sé que estás en casa. ¿Qué le has hecho a Ashley ahora?- escuchó la voz de Paula acercándose por el pasillo.
La vio en la cama. Tapada con las sábanas y evidentemente solo con las sábanas. Se llevó las manos a la boca al escuchar el sonido de algo cayéndose en el baño, revelando la presencia de otra persona en la casa. Su mente dramática de madre saltó rápidamente a la conclusión más evidente. “¡Como le puedes estar haciendo esto a Ashley!” “¡Tu padre y yo no te criamos así!” “¡Oh Dios Mio, no puedo creermelo!”.
Ashley terminó saliendo del baño para acabar con aquella escena, aún envuelta en la sábana y con cara de vergüenza total y absoluta. Ohhhh…era la misma carita que ponía de pequeña cuando los mayores les pillaban haciendo alguna travesura de las suyas. Spencer le sonrió desde la cama cuando Paula la estrechó entre sus brazos inmensamente aliviada de que fuera ella y no…cualquier otra persona. La morena en cambio parecía un poco incómoda entre los brazos de la mujer con solo una fina sábana cubriendo su cuerpo.
Las dos compartieron una mirada cómplice mientras Paula continuaba estrujando a Ashley. Y se lo dijeron sin necesidad de palabras: “Nunca jamás les daremos las llaves de nuestra casa definitiva”.

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