Capítulo 16. Veinte años.

Fue durante el segundo año que su chica pasó en la universidad cuando lo decidió. Ella llevaba más de año y medio trabajando en el taller familiar y podía permitírselo y era hora de permitírselo. Estaba cansada de responder a las preguntas de la cotilla de su madre, de tener que pelearse por el mando de la televisión cada vez que quería ver algo y, sobre todas las cosas, estaba cansada de Glenn en su conjunto. Quería un sitio suyo, quería independencia e intimidad para ella y para Ashley.
Planeaba sorprender a su chica, sería como tener una casa del árbol pero a lo grande y una en la que Glenn y sus amigotes no pudieran entrar a soltar lombrices. Seguro que a la morena le gustaba la idea de que ella tuviera su propio piso, siempre protestaba porque no tenían un lugar en el que poder estar a solas los fines de semana que ella iba de visita y nunca lo habían tenido en aquella ciudad y se las habían arreglado más o menos bien…aprovechando los momentos en los que una de sus casas estaba vacía y los asientos traseros de sus coches, pero tras un año de tener un lugar para ellas solas en Columbus ambas echaban de menos algo parecido en su propia ciudad. Y ella, Spencer Carlin, estaba a punto de solucionar el problema.
Y se pasó semanas visitando pisos, posibles candidatos. Le costó un mundo que no se le escapara nada delante de Ashley cuando estaban juntas pero al final consiguió mantenerlo como un secreto hasta las vacaciones de Navidad. La morena volvía a casa por un par de semanas y ella había encontrado el lugar perfecto. Era exactamente lo que estaba buscando y para cuando Ashley llegó un par de días antes del de Navidad, era suyo si lo quería. La agente inmobiliario era amiga de Paula y de Arthur de modo que le había dejado las llaves para que pudiera enseñárselo a Ashley. Era muy importante que a la morena le gustara también, después de todo esperaba que pasara mucho, mucho tiempo allí con ella.
Aquellas Navidades fueron especiales, sonaron como el inicio de una nueva etapa de la vida de ambas.

Ashley y Spencer a los veinte años

Iba a volverse loca. ¡Loca! Iba a matar a alguien, iba a matar a su propia madre como no dejara de reproducir “Jingle Bells” en la cadena de música del salón por si alguien no se había enterado de que era Navidad. Había perdido la cuenta pero creía que era la vigésima vez que aquel villancico resonaba por la casa de los Carlin.
Si vale, estaba un poco de mal humor. ¿Por qué? Pues porque era la mañana de Navidad y no había podido ver a su novia, ni darle su regalo aún. Ashley se levantaba en casa de los Davies y ella en casa de los Carlin. Y era muy triste levantarse la mañana de Navidad en casa de los Carlin porque, ella y Glenn ya eran mayores, pero Paula seguía insistiendo en fingir que realmente Papa Noel bajaba por la chimenea y que era él quien le había regalado aquel jersey tan horrorosamente feo. Arthur evidentemente le seguía el juego y al final todos acababan de rodillas bajo el árbol decorado abriendo sus regalos y escuchando a Paula preguntar con cada uno de ellos como Papa Noel habría sabido que era exactamente aquello lo que querían. En el fondo era entrañable de un modo algo extraño.
Lo único que le animaba un poco era que los Davies irían a comer a su casa, siempre comían juntos el día de Navidad. Sus padres, Glenn y su abuela y los padres y los abuelos paternos de Ashley, los únicos que le quedaban. Solían volar desde Londres para pasar las Navidades allí. Asi que la llegada del clan Davies era inminente y ella se preguntaba que le habría comprado Ashley en aquella ocasión. Comenzaba a ser difícil hacerse regalos porque eran ya seis años de aniversarios, cumpleaños y Navidades…se le agotaban las ideas. Aunque fuera cual fuera su regalo a Ashley siempre le hacía la misma ilusión. Era una de las cualidades más adorables de su novia, la facilidad que tenía para ilusionarse con cualquier pequeña cosa.
Percibió el sonido del timbre y escuchó los animados saludos que estaban siendo intercambiados abajo mezclados con los “Feliz Navidad, jo, jo, jo” que Glenn no dejaba de repetir desde que se había levantado aquella mañana. A veces su hermano era un poco ridículo.
Pasos apresurados por las escaleras. Esa era Ashley, seguro. La puerta de su cuarto se abrió sin una llamada de aviso y Spencer quiso protestar por la mala educación de su chica pero al verla con un gorro de Papa Noel en la cabeza y con aquella sonrisa en su preciosa cara cambió de parecer y se limitó a reírse de ella. Ashley cerró la puerta y le miró sin perder su gesto alegre.
– Ey Santa, ¿Cómo van las cosas por el Polo Norte?- saludó la rubia.
– ¡Feliz Navidad!- exclamó Ashley abalanzándose sobre ella haciéndoles caer a ambas sobre la cama- ¡Feliz Navidad Spencer!- repitió tras darle un fugaz beso en los labios. La rubia rió porque la bola blanca del gorro de Ashley le hacía cosquillas en la cara.
– Feliz Navidad a ti también- respondió por fin dándole un golpecito a la bola haciéndola balancearse de un lado a otro.
– ¿Te has portado bien este año?- le preguntó la morena mirándole con lo que intentaba ser un gesto serio.
– Si- asintió su chica mientras continuaba jugando con la bola de su gorro.
– Eso imaginaba porque…me he encontrado con esto bajo el árbol- desveló tendiéndole un pequeño paquete. Spencer sonrió incorporándose en la cama cuando Ashley le permitió hacerlo al abandonar su posición sobre ella.
La morena le miró expectante en espera de que abriese su regalo y se mordió ligeramente el labio inferior, no sabía como iba a reaccionar Spencer, se había pasado un poquito del presupuesto límite que se habían impuesto aquel año. La rubia notó su nerviosismo y se apresuró en rasgar el papel. Ummm…una cajita de madera. O aquel era el regalo más raro de todos los tiempos, o el verdadero estaba dentro. Un “Ábrelo ya” exasperado, bastó para que se decidiera a levantar la tapa y…uh, una púa. Una púa para guitarra.
Cuando Spencer levantó la vista localizó a su chica caminando de nuevo hacia la puerta.
– Spencer…se que dijimos que no nos pasaríamos del tope…-admitió con aquella voz que anunciaba claramente un “pero lo he hecho igualmente”- Pero llevas mucho tiempo diciendo que te gustaría aprender a tocar la guitarra y…
– Ashley…no me has comprado una guitarra ¿verdad que no?- medio preguntó la rubia aún conociendo la respuesta. La morena le miró con una sonrisa traviesa antes de abrir la puerta y alcanzar el paquete gigante que había dejado apoyado contra la pared del pasillo.
– Yo no te he comprado nada, te he dicho que me lo he encontrado debajo del árbol- explicó la chica cargando el paquete en forma de guitarra hasta ella- Supongo que Papá Noel también piensa que has sido muy buena este año- se encogió de hombros.
Spencer miró el regalo y a su chica, a su chica y el regalo y abrió la boca para decir algo sin llegar a hacerlo. Rasgó el papel y evidentemente, allí frente a ella había una guitarra. Y ya lo sospechaba de antes, pero ahora era oficial. Ashley se había pasado del presupuesto.
– Ashley…- comenzó a protestar.
– ¿Te gusta?- le cortó la morena con sus ojillos castaños brillando.
– Claro que me gusta pero…-no pudo seguir porque su chica le besó entusiasmada porque su regalo había sido un éxito. Cuando se separó de sus labios Spencer puso pucheros- Papa Noel a ti solo te ha traído el ultimo disco de Madonna- suspiró estirándose y sacando el paquetito de debajo de su almohada, se lo tendió con gesto desanimado.
– ¡Ey! ¡Te has cargado la sorpresa!- le regañó la morena sin llegar a estar molesta mientras abría su regalo. Y sonrió mucho, mucho al ver el disco y lo abrazó contra su pecho- Muchas gracias.
Spencer tuvo que sonreír también ante el gesto ilusionado de su chica. No sabía como Ashley lo conseguía, pero con ella cada día era como si fuera la mañana de Navidad y allí estaba, en la verdadera mañana de Navidad, irradiando felicidad por cada poro de su piel porque Papa Noel le había dejado bajo su árbol el último disco de Madonna. Y era una mierda de regalo, al menos comparado con el que le había hecho a ella, pero a Ashley parecía darle igual e irradiaba felicidad de todas formas.

* * *

Y acababan de terminar de recoger la mesa, tras la copiosa comida de Navidad cuando Spencer se acercó a Ashley tomándola de la mano y tirando de ella hacia la salida de la casa.
– ¡Ashley y yo nos vamos!- anunció en voz suficientemente alta como para que todos los allí presentes les escucharan mientras le tendía a la morena su abrigo.
– Spencer…¿adonde vamos?- frunció el ceño.
– Es una sorpresa- sonrió la rubia mientras las dos salían fuera. ¡Buff hacía mucho frío!
– ¿Una sorpresa?- inquirió Ashley colocándose su gorro- Si vamos a enrollarnos a la casa del árbol no es una sorpresa Spencer, lo hacemos todas las Navidades después de comer- le recordó y la rubia le sonrió antes de besar su nariz.
– No vamos a enrollarnos a la casa del árbol- desveló y Ashley puso pucheros.
– ¡Pero es tradición!- protestó- Lo hacemos desde los catorce…no puedes romper seis años de tradición así como así. Nos enrollamos en la casa del árbol y luego vemos “Que bello es vivir” por la noche…-insistió.
Spencer miró su coche y a Ashley por unos segundos. ¡Que demonios! El apartamento seguiría estando allí una hora después.
– Vale, ¿quieres que vayamos a enrollarnos un rato a la casa del árbol?- tanteó la rubia y Ashley le regaló una enorme sonrisa acompañándola con una entusiasta sacudida de su cabeza en gesto afirmativo.
No pudo hacer otra cosa que no fuera devolverle la sonrisa y tirar de ella hacia la parte de atrás de la casa. Hasta su cabaña del árbol.

* * *

Cuarenta y cinco minutos después Spencer consiguió poner fin a su sesión de besuqueo en lo alto de aquel árbol y arrastrar a Ashley hasta su coche. Era hora de sorprenderla de verdad y esperaba que aquello le hiciese incluso más ilusión que su disco de Madonna.
Durante todo el trayecto Ashley no paró de parlotear ni un solo segundo. ¡Ni uno solo! Preguntó: “¿Dónde vamos Spencer?” por lo menos, por lo menos veinte veces y como ella no contestaba se dedicó a hacer diferentes hipótesis. Todas erróneas claro. No era posible que se lo imaginara. ¡Oh señor, estaba muy nerviosa por cual sería la reacción de su chica! Y no sabía porque tenía que ponerse nerviosa…igual porque quería que a Ashley le gustara tanto como a ella.
Apagó el motor del coche frente al bloque de apartamento donde se encontraba el elegido…bueno el pre-elegido, faltaba saber la opinión de Ashley. La más importante.
La morena miró por la ventanilla intrigada. Su chica le había llevado a la otra punta de la ciudad y estaban en una zona residencial. Allí no había nada más que casas. Se volvió hacia Spencer en espera de algún tipo de explicación pero la rubia ya se encontraba abandonando el vehículo. Algo confusa decidió imitarla y salir del coche.
– ¿Esta es la sorpresa?- inquirió mirando a su alrededor.
– Si, Ashley, esta es mi gran sorpresa. Parar el coche y bajarnos a admirar la calle- ironizó la rubia.
– Sería una buena sorpresa, no me lo esperaba para nada- indicó la morena y Spencer le tomó de la mano tirando de ella hasta el portal de uno de los edificios.
– ¿Sabes que siempre te estás quejando de que los fines de semana que vienes no tenemos ningún sitio nuestro donde podamos…ya sabes…hacerlo?- introdujo el tema y Ashley le pegó en el brazo al escucharle.
– No es porque no tengamos donde hacerlo Spencer, es porque no tenemos un sitio sin padres y sin Glennes donde poder simplemente estar las dos solas…- explicó jugueteando con la mano de la rubia entre las suyas. La rubia vio esa sonrisilla formarse en sus labios y le animó divertida.
– ¿Y…?- la sonrisa era ahora completa en la cara de su chica que había adoptado un gesto travieso.
– Si, vale…y hacerlo-cedió y dejó que Spencer le besara con cariño. Solo después de que la rubia se separa de sus labios cayó en la cuenta y miró el edificio frente al que se encontraban- ¡Spencer! ¿No has…? ¿Has…?
La rubia rió un poco porque Ashley estaba siendo muy mona en aquel momento pero sobre todo fue una risa nerviosa.
– Aún no he hecho nada definitivo pero…he estado mirando apartamentos y he encontrado uno que me gusta- admitió- No te he dicho nada porque quería que fuera una sorpresa pero…necesito saber que a ti también te gusta para decidirlo del todo- añadió.
– ¡Vamos a verlo!- exclamó Ashley aplaudiendo emocionada. Y su chica buscó las llaves dentro del bolso. Si no abría pronto el portal la morena echaría la puerta abajo.
Se sonrieron como idiotas mientras subían en el ascensor y Ashley ya recontaba todo lo que podrían hacer en el nuevo apartamento de la rubia.
No era excesivamente grande, solo una habitación, salón, cocina y baño. Pero la habitación, el salón y el baño eran amplios, los muebles nuevos y la cocina…la cocina…¿a quien querían engañar? Spencer podía quemar hasta el agua. La cocina era la estancia menos importante en su lista de prioridades. Aún así la cocina no estaba mal tampoco.
Ashley llevaba mucho rato inspeccionando la habitación. Había comprobado que la cama era cómoda había abierto el armario dos o tres veces, los cajones de la cómoda otras tantas y ahora miraba las paredes. ¡Las paredes! Spencer necesitaba un veredicto ya.
– ¡Es genial Spencer!- dio su opinión la morena por fin volviéndose hacia ella- Creo que deberías quedarte con él- añadió y sonrió cuando la rubia lo hizo primero.
– ¿De verdad que te gusta?- quiso asegurarse mirando a su alrededor.
– De verdad que si- asintió la morena plantándose frente a ella y besándole fugazmente- Te estás haciendo mayor Spencer. Ya tienes piso propio- le dijo- Eso suena a muy maduro- añadió y la rubia puso los ojos en blanco ante el tono de burla utilizado por su chica.
– Tienes mi misma edad- le recordó.
– Si pero tu tienes piso propio- le picó dejándose besar después- ¿Vas a dejarme venir de vez en cuando?- alzó las cejas como si no conociera la respuesta a esa pregunta.
– No seas idiota- sonrió Spencer- Los dos últimos cajones de esa cómoda no son míos- le dijo y Ashley miró los cajones señalados y luego a su chica otra vez- Y pienso comprarte un cepillo de dientes para el baño.
– Tiene que ser de farmacia, mis encías son muy sensibles- apuntó la morena mientras rodeaba el cuello de Spencer con sus brazos.
– Será de farmacia- le contentó.
– Y me gusta el color rojo- añadió.
– Un cepillo de dientes rojo y de farmacia- repitió.
Ashley le miró en silencio por unos segundos.
– ¿De verdad que vamos a tener un piso para nosotras solas?- inquirió y los ojos comenzaron a brillarle paulatinamente, llenándose de entusiasmo cada milésima de segundo un poquito más.
– De verdad. Será como nuestra cabaña del árbol- sonrió la rubia notando como su corazón latía un poco más deprisa a medida que los ojos de Ashley brillaban más y más. Era uno de esos momentos de inflexión, de cambio, algo que empezaba allí. No era solo un pequeño apartamento.
– ¡Será mejor que la cabaña del árbol Spencer! ¡No tendremos que ir a casa de tus padres cuando nos hagamos pis!- indicó ella haciéndole reír.
Y de repente Ashley saltó sobre Spencer rodeando la cintura de la rubia con las piernas y estrechándole el cuello tan fuerte con los brazos que, por unos momentos, a la rubia se le hizo un poco difícil respirar. Y le decía “Te quiero” y “Acuérdate, rojo y de farmacia”. Spencer las trasladó a ambas hasta la cama dejándose caer suavemente sobre Ashley en el colchón mientras la morena seguía completamente anexionada a su cuerpo. Miró su cara sonriente unos segundos antes de besarla y de verdad que no había pensado en decir nada así, de verdad que solo quería saber si a Ashley le gustaba el piso. Ni siquiera era suyo aún y tal vez era demasiado pronto, pero mientras le besaba y sentía como la morena aceptaba sus labios devolviéndole el beso de aquella forma tan perfecta, supo que no lo era, no era pronto porque llevaban preparándose para estar juntas toda la vida. Toda entera.
– Vive conmigo- fue todo lo que le salió cuando los labios de ambas se separaron brevemente. La morena le miró acariciando su nuca y con un toque de sorpresa en la cara- Vive conmigo, aquí, quiero tenerte aquí todos los fines de semana, enteros. Quiero tenerte aquí en vacaciones de Navidad y en verano y cuando termines la universidad y vuelvas…quiero que vuelvas aquí- le dijo mirándole y esta vez no había nervios. Bueno, vale, unos pocos- Vive conmigo Ash- repitió y vio como la morena se mordía ligeramente el labio inferior y clavó sus ojos en el marrón de los de su novia en espera de que dijera algo. En espera de que dijera que si.
– Pero…no creo que me quepa todo en dos cajones Spence- admitió Ashley y sonrió a su chica cuando vio que ella trataba de no hacerlo.
– Quédate con la cómoda entera, quédate con todo el armario, me da lo mismo, pero vive conmigo- le dijo la rubia en espera de un “Si” con todas las letras. Con las dos.
– Pero entonces ¿dónde meterás tu ropa?¿Y como…?- dejó de hablar riendo cuando Spencer le besó con una mezcla de amor infinito e impaciencia.
– ¡Maldita sea, Davies! Dime que si- le pidió sonriendo mientras mantenía su frente sobre la de Ashley.
– Sabes que si- cedió por fin la morena casi echando chispitas por los ojos.
– Pero dilo. Dilo bien- le pidió Spencer porque necesitaba oírselo decir para saber que era verdad.
– Si que quiero vivir contigo- le complació su chica. Y las dos sonreían mucho en esos momentos.
– ¿De verdad que si?- inquirió Spencer.
– De verdad, de verdad que si.

Solo siete palabras. LA MEJOR NAVIDAD DE TODOS LOS TIEMPOS. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s