Capítulo 15. Diecinueve años.

En los cuatro años en los que Ashley estuvo estudiando fuera ambas viajaron más que en toda su vida. Apenas eran dos horas de coche pero, aún así, cuatro horas de coche cada fin de semana durante cuatro años son muchas horas de coche. No hubiera merecido la pena si esas cuatro horas no hubieran significado el poder pasarse con la otra dos días enteros.
Si era Spencer la que tenía que tenía que ir a Columbus se comía un sándwich o un bocadillo a la salida del trabajo y ponía rumbo a la universidad de su chica sin perder tiempo en nada más. El equipaje que necesitaba lo dejaba preparado en el maletero del coche desde el día anterior. Llegaba allí a media tarde y se comía a besos a Ashley en su habitación hasta que caía la noche, a veces no podían esperar y hacían el amor antes incluso de decirse “hola”, otras veces simplemente se besaban, mucho, y dejaban el sexo para más tarde. Que los padres de Ashley le pagaran una habitación individual les ponía las cosas muy fáciles. Continuaron con la tradición de sus viernes de cine y casi todos los sábados que Spencer estaba en Columbus Ashley la llevaba a algún bar o a alguna fiesta donde la rubia iba conociendo a los nuevos amigos de su chica. Los domingos por la mañana solían pasarlos en la cama hablando hasta que les entraba el hambre y se veían obligadas a salir en busca de comida. Spencer no se marchaba de vuelta a casa hasta que no había anochecido.
Los fines de semana que Ashley volvía a la pequeña ciudad pasaba más o menos lo mismo pero mucho peor porque no tenían una habitación para ellas solas a ciento ochenta y tres kilómetros de Arthur, Paula, Raife y Christine. Ese fue su problema hasta que, un par de años después, Spencer decidió independizarse de sus progenitores alquilando un piso casi al otro lado de la ciudad. No era muy grande pero era perfecto para ella sola y para ambas los fines de semana, además no iba a ser definitivo. Ashley y ella comprarían una casa, cabaña en el árbol incluida. Mantenían su tradición de los viernes de cine y los sábados daban una vuelta y se ponían al día con algunos de sus amigos de toda la vida. A veces también estaba Ronda. Puaghh…diecinueve años y seguía odiándola como a los cuatro, debería aparecer en el Guiness de los records o algo. Era mucho odio.
La mayor parte del tiempo todo iba bien. Bueno, todo lo bien que podía ir con cada una de ellas viviendo a ciento ochenta y tres kilómetros de la otra. Otras veces no iba tan bien porque sus planes salían mal o porque una de las dos se ponía en plan celoso o simplemente porque no podían pasarse las veinticuatro horas del día juntas como siempre habían hecho.

Ashley y Spencer a los diecinueve años

Cinco años juntas. Llevaban cinco años juntas. En realidad llevaban catorce años juntas. Cinco de ellos como pareja. Su aniversario era aquel sábado y Spencer no podría estar más emocionada y ansiosa ni aún intentándolo con todas sus fuerzas. Se había pasado la semana entera contando los minutos…¡los segundos!, que faltaban para que llegara el gran día. Era el turno de Ashley, ella había ido a Columbus el fin de semana anterior de modo que ya había planeado una velada perfecta de aniversario en su casa e iba a ser genial. ¡Genial! Y tenía preparada una sorpresa que iba a gustarle a Ashley…seguro. Llevaba un par de semanas preparándola con la ayuda y colaboración de los padres de ambas. Un sábado de cine especial.
Y allí estaba ella, en la cumbre de la felicidad más absoluta, con sus planes y sus sorpresas y de repente Ashley había llamado para decirle que no podía ir aquel fin de semana porque le habían puesto un examen importante y tenía que terminar un trabajo y no se cuantas tonterías más. ¡Ashley! Era su aniversario. ¡Su quinto aniversario! ¿Qué demonios les pasaba a sus profesores? ¿Ya no respetaban nada?
La morena se había disculpado, se había disculpado mil veces por haber estropeado su aniversario y Spencer le había asegurado que no pasaba nada, podían celebrarlo el siguiente sábado. Su aniversario de cinco años y una semana. Al menos eso le había dicho a ella, en realidad iba a ir a Columbus. ¡No podía dejar pasar aquella ocasión sin estar al lado de Ashley! No le importaba que su chica estuviera estudiando el fin de semana entero, en vez de ir desde el viernes iría el sábado por la tarde y se marcharía el domingo pronto, pero la noche de su aniversario era sagrada.
* * *

Malditos seminarios con principio y sin fin. Tenía que ser justo aquella mañana de sábado. El fin de semana de su aniversario. Ella ya lo tenía todo planeado, lo tenía planeado desde hacía semanas. Y había tenido que llamar a Spencer para decirle que no podría volver a casa. Por supuesto era mentira, no podía volver a casa el viernes, pero lo tenía todo listo para regresar el sábado por la tarde, en cuanto terminara el seminario. Le daría una sorpresa. Y había visto muchas películas como para saber lo que pasa siempre en esos casos. Chico miente a chica diciéndole que no podrá ir mientras secretamente planea ir igualmente para sorprenderla. Chica finge estar decepcionada pero se muestra comprensiva mientras secretamente planea sorprenderle a él. Resultado: Los dos separados y con caras de idiotas. Por eso se había inventado que tenía un examen y que tenía que entregar un trabajo importante. Habían quedado en que en esas ocasiones no se verían bajo ninguna circunstancia, ninguna de las dos quería que tuviera que repetir un curso y que los cuatro años se convirtieran en cinco. Spencer no osaría a romper esa regla ¿verdad?

* * *

– Creía que quedasteis en no veros si Ashley tenía que estudiar- señalaba Glenn sentado sobre la cama de su hermana.
– Y yo creía que habíamos quedado en que no eras bienvenido en mi cuarto- le respondió Spencer guardando todo lo necesario para sorprender a Ashley en una bolsa de viaje.
– En cuanto te vayas seré bienvenido en cualquier rincón de esta casa. Me encanta cuando Raife y Christine se llevan a papá y a mamá de fin de semana. Claire va a venir a eso de las seis y tu cama es más grande que la mía- señaló con una media sonrisa.
– ¡Aghhhhhh! Glenn…será lo ultimo que hagas- le avisó la rubia mirándole con cara de disgusto total.
– ¡Esta cama es gigante! Y está pidiendo sexo a gritos…- indicó el rubio- Hace meses que Ashley no pasa aquí una noche- insinuó.
– La vida sexual de mi cama no es asunto tuyo- señaló terminando de guardar todo lo necesario en la bolsa. La cerró y se la cargó al hombro antes de mirar a su hermano muy seriamente- Morirás Glenn- le avisó al verle acariciar la colcha.
– ¡Cambiaré las sábanas!- exclamó el muchacho mientras la rubia ya salía del cuarto sin dignarse a responderle. La siguió escaleras abajo- Spencer…cambiaré las sábanas… ¡Me lo debes por todo lo que yo he hecho por ti a lo largo de los años!- le dijo cuando ambos estuvieron en el exterior de la casa.
Spencer se volvió hacia él soltando una risotada.
– ¿Tengo que dejarte mi cama para que te acuestes con tu novia por todas las veces que me asustaste, metiste bichos en la casa del árbol y secuestraste mis juguetes?- inquirió incrédula.
– ¿Qué hay de esa vez que os cubrí las espaldas a Ashley y a ti cuando os lo estabais montando en tu cuarto y llegaron papá y mamá?- le recordó el chico mientras veía como su hermana acomodaba el equipaje en el asiento trasero del coche.
– ¡Los llamaste tú!- exclamó Spencer volviéndose hacia él.
– ¡Pequeños detalles Spencer!- se defendió Glenn- ¡Por favor! Mi cama es muy pequeña…- suplicó poniendo pucheros y juntando las manos bajo su barbilla.
– Independízate- le dio la solución metiéndose en el coche sin más.
– ¡Llamaré a Ashley y le diré que vas! Te chafaré la sorpresa Spencer- amenazó pegando su cara y sus manos a la ventanilla del asiento del copiloto- Mi silencio por tu cama- pactó.
UGH. A veces odiaba tener un hermano. ¿A veces? Siempre odiaba tener a Glenn como hermano. Bajó la ventanilla haciendo protestar al rubio que seguía pegado a ella.
– Cambia las sábanas. No quiero fluidos de ningún tipo en ningún lugar de mi cuarto. ¿Entendido?
La cara de Glenn se iluminó como un árbol de navidad al oírla y le enseñó los dos pulgares aceptando sus normas.
– En mi nombre y en el de Claire te doy las gracias. Sobre todo en el de Claire- sonrió con gesto pervertido. Puff…- Conduce con cuidado. Estoy muy ocupado como para tener que acudir a tu funeral- le dijo alejándose ya del coche.
Que idiota, pero sabía que en el fondo se preocupaba por ella. Arrancó el coche y puso rumbo a Columbus. Ashley iba a sorprenderse, iba a sorprenderse de verdad.
Iba tan ensimismada repasando mentalmente las cosas que había planeado para aquella noche que no se fijó en el coche de su chica cuando ambos se cruzaron a mitad de camino.

* * *

Acababan de salir del seminario y Ashley ya estaba entrando a su habitación dispuesta a recolectar la bolsa que había preparado la noche anterior. Había hablado con Spencer aquella mañana antes de entrar a la clase y su chica parecía un poco alicaída porque no iban a verse en su aniversario. Iba a sorprenderse. Además, sus padres le habían dicho que no iban a estar en casa aquel fin de semana, ni ellos ni los Carlin. Mmmm…eso significaba dos casas para ellas solas. O una en el caso de que el retrasado de Glenn se pidiera la suya para él y para esa novia que tenía.
Con una de las casas tenían más que suficiente. Con una de las habitaciones de una de las casas tendrían más que suficiente.
Cerró la puerta de su cuarto y se despidió de un par de amigas antes de bajar a recepción, dejar la llave y salir del edificio rumbo a su coche y a su chica.
Y cuando llevaba una hora de viaje y justo cuando estaba cambiando el disco que llevaba escuchando durante semanas por el nuevo de Madonna, un coche sospechosamente similar al de Spencer pasó a toda velocidad por el carril contrario. Desgraciadamente Ashley no lo vio.

* * *

En cuanto llegó Spencer dejó el coche aparcado en el lugar donde salía hacerlo y cogió sus cosas del asiento trasero del vehículo antes de salir casi corriendo hacia la residencia de su chica. Era su aniversario y ya habían perdido bastantes horas de estar juntas estando separadas.
No tardó nada en plantarse frente a la puerta de la habitación de su chica. Sonrió con anticipación antes de golpear la madera con sus nudillos y esperó. Y siguió esperando y esperó un poco más. Volvió a golpear la puerta con más fuerza. Nada. Ashley no estaba en su cuarto. Ummm…se suponía que no podía ir ese fin de semana a casa porque estaba muy, muy ocupada con estudios y trabajos…¿Dónde se habría metido? Probablemente en la biblioteca. Ashley siempre decía que le agobiaba estar mucho tiempo estudiando en el mismo sitio así que lo más probable era que hubiera ido a estudiar a la biblioteca. Y allí se dirigió, bolsa al hombro incluida.
La recorrió hacia arriba y la recorrió hacia abajo y ni rastro de Ashley por ningún lado. Ummmm…tenía que estudiar y que hacer un trabajo y no estaba en la biblioteca y no estaba en su habitación…sospechoso. Bueno…tal vez había salido a despejarse unos minutos ¿verdad? Podía ser.
Regresó frente a la puerta de la habitación de la morena y tocó un par de veces, solo por si acaso había vuelto en ese corto lapso de tiempo. No hubo suerte y decidió sentarse en el suelo y esperar. Ashley no podía tardar mucho en aparecer, era una chica muy, muy responsable.

* * *

Ashley paró su coche frente a la casa de los Carlin con una sonrisa de anticipación en su cara y un corazón realmente acelerado en su pecho. Aún se aceleraba cuando estaba a punto de ver y comerse a besos a Spencer. Rió para sus adentros al recordar como le había prometido a su novia que jamás, JAMÁS, iba a besar a nadie porque era asqueroso. Y a ella la besaría a todas horas. Y no era nada, nada, pero nada, asqueroso.
Bajó del coche sin recoger las cosas del asiento trasero porque el vehículo de Glenn estaba aparcado en la calle, señal de que deberían irse a su casa. Recorrió con paso ligero la distancia que le separaba de la puerta principal y llamó al timbre impaciente por verla de una vez.
Pasos en el interior de la casa. Cada vez más cerca. Estaba lista y preparada para besarle antes incluso de dejarle decir hola. Desgraciadamente fue Glenn quien abrió la puerta. Y a Glenn si que no le besaría. JAMÁS. Puaghh…
Y de repente el rostro del chico se iluminó con una sonrisa increíblemente grande. Casi se le salía de la cara de lo enorme que era. Le miró con aquel gesto extremadamente divertido por unos segundos antes de echarse a reír, así sin más. Ashley frunció el ceño, desorientada y molesta. Acababa de conducir durante dos horas para ver a Spencer no a aquel experimento abortado de ser humano.
– ¿Se puede saber que es tan gracioso tarado?- preguntó cada vez más molesta.
– ¿Vienes a ver a Spencer?- consiguió decir Glenn calmándose.
– No, vengo a confesarte mi amor eterno…-ironizó- ¡Claro que vengo a ver a Spencer! Es nuestro aniversario cabeza hueca- le informó.
– ¡Oh! ¿Es vuestro aniversario?- se llevó las manos al pecho el chico, fingiendo estar sorprendido tan exageradamente que quedaba claro que no lo estaba. Ashley suspiró resignada. Eran ya muchos años tratando con aquel espécimen- A lo mejor es por eso por lo que Spencer se ha ido a Columbus hace como dos horas- dejó caer el rubio y Ashley abrió mucho, mucho, los ojos al procesar aquella información lo que hizo que Glenn solo riera más.
– ¡¿Spencer está en Columbus?!- exclamó la morena completamente descolocada- Pero…¡le dije que tenía que estudiar! ¿Cómo se le ocurre ir de todas formas?- protestó mirando a Glenn como si realmente pensase que él tenía la respuesta.
– Emmm…no lo sé. Querría sorprenderte- supuso- Y ahora, si me disculpas, Claire me espera arriba- señaló- ¡Feliz Aniversario!- le dijo con una amplia sonrisa antes de cerrarle la puerta en las narices.
Antes de que Ashley se diera media vuelta, escuchó al rubio reír mientras subía por las escaleras. Buff…

* * *

Extraño…allí no volvía nadie y ella se aburría de esperar. Analizó la situación detenidamente. Ashley le había mentido, le había dicho que iba a pasarse el fin de semana estudiando y no era verdad. No era nada verdad. Ni un poquito. Podría haber sospechado que estaba con otra, podría haber pensado que era esa la razón por la que le había mentido…podría, si no fuera Ashley, si ella no fuera Spencer. Si no llevaran siendo Ashley y Spencer desde que tenían cinco años.
La idiota de su novia le había mentido para regresar a casa y sorprenderla. Se apostaría el cuello, se apostaría dos cuellos si los tuviera, incluso tres. Joder Ashley…
Y de repente su teléfono móvil comenzó a sonar en el bolsillo de su cazadora, era el tono que le había asignado a su chica. Suspiró antes de contestar. Ya sabía que era lo que iba a decirle. Seguro.
– ¡Spencer! ¡¿Eres idiota?!- fueron las dulces palabras con las que le saludó su dulcísima novia.
– No. ¡Tu eres idiota! ¡Dijiste que ibas a quedarte estudiando todo el fin de semana!- exclamó.
– Si. Y creo recordar que quedamos en que en esos casos tu no vendrías- le informó la morena.
– Y yo creo recordar que es nuestro aniversario. Perdóname por querer pasar la noche de nuestro quinto aniversario contigo- le dijo molesta.
– ¡Yo también quería pasar la noche de nuestro quinto aniversario contigo! ¡Por eso he venido hasta tu casa!- le contestó también molesta y dejó pasar unos segundos de silencio- Quería sorprenderte…-añadió con voz triste. Oh, oh…esa vocecilla no presagiaba nada bueno. Presagiaba lágrimas e hipo- Quería darte una sorpresa…-dijo con más tristeza aún.
– Ashley…es una sorpresa muy bonita…pero yo quería darte la misma a ti- suspiró la rubia.
– Porque eres idiota…-le dijo la morena muy, muy disgustada y Spencer decidió dejárselo pasar porque no quería que su novia se echara a llorar.
– ¿Qué hacemos ahora?- inquirió la rubia con voz suave.
– No lo sé…-se sorbió la nariz la morena.
– Ash…no llores- le pidió Spencer.
– No estoy lloran…llorando- mintió la aludida pero el ataque de hipo le desenmascaró ante su novia.
– Escúchame…tu vete a tu casa y espérame allí ¿de acuerdo? Si salgo ahora aún podemos estar juntas esta noche. Llegaré sobre las nueve- le animó.
Ashley se secó un par de lágrimas y volvió a sorberse la nariz antes de aceptar la propuesta de la rubia. Menuda mierda de sorpresa de aniversario. Menuda mierda de aniversario. Le pidió que condujera con cuidado antes de hacerle caso y dirigirse a su casa vacía dispuesta a esperar.

* * *

Llegó a las nueve menos cuarto y nada más llamar a la puerta Ashley abrió y se colgó de su cuello sin mediar palabra. Después le dijo “Te quiero” y “Siento haberte llamado idiota”. Ella le contestó “Yo también te quiero” antes de tomar su cara entre las manos y besarle suavemente, luego las dos dijeron “Feliz aniversario” a la vez y Ashley le dejo pasar al interior de la casa.
Había preparado la mesa del salón con velas y Spencer tuvo que sonreír al verlo. Ashley nunca había sido muy buena cocinando y por eso no le sorprendió que la cena fuera de un restaurante que servía a domicilio. Ni le sorprendió ni le importó. Cenaron burlándose la una de la otra por lo tontas que habían sido aquel día y después recogieron la mesa antes de sentarse en el sofá del salón. Cada una con un paquete envuelto. Era su aniversario, por supuesto que se habían comprado regalos. Habían pactado que no fueran muy caros e incluso habían puesto un tope en la cantidad del dinero que podían invertir en ellos. No habían encendido la luz y habían trasladado las velas colocándolas sobre la mesita frente al sofá.
– ¿Te lo puedo dar yo primero?- le pidió la morena. Señor, estaba adorable a la luz de las velas. ¿Cómo resistirse a eso? De modo que asintió y sonrió al verla tendiéndole el paquete con aquel gesto en su cara. Siempre era el mismo. Aquel que puso el primer día que se conocieron al darle el dibujo tan feo de ellas dos frente a su casa. Vivía por aquel gesto, vivía por cada uno de los gestos de Ashley- Espero que te guste- dijo cuando Spencer se lo quitó de las manos. La rubia le besó suavemente haciéndole sonreír- Ábrelo- le instó su chica impaciente rompiendo el beso.
Spencer le obedeció y sonrió al ver un ipod nuevo. Llevaba tiempo quejándose de que Glenn le había roto el suyo. Ashley le miró expectante, quería saber si le había gustado.
– Gracias Ashley- sonrió la rubia.
– ¿Es el que querías?- preguntó su chica.
– Es el que quería- confirmó Spencer admirando su nuevo dispositivo.
– Vale- sonrió feliz de haber acertado- Ahora mi regalo- exigió haciéndose con el paquete que había sobre la mesita.
– ¡Ey!…-rió la rubia ante su impaciencia. No sirvió de nada. Ashley ya rompía el papel por tres sitios diferentes. Sonrió cuando vio como la cara de la morena se iluminaba al ver aquel colgante de plata y leer la inscripción. Solo eran sus nombres, la fecha exacta del día en que se conocieron, un guión y el símbolo de“ infinito”.
– Es muy bonito…-admitió la morena mirando a su chica- Es más romántico que mi ipod…-admitió dejando que Spencer le colocara la cadena alrededor del cuello.
– Soy más romántica que tú- bromeó la rubia plantándole un beso en la punta de la nariz- Me encanta tu regalo Ashley- le tranquilizó y sonrió cuando se dio cuenta de que la morena no le escuchaba y observaba de nuevo la inscripción de su colgante. Su cara estaba iluminada, en serio que si- ¿Quieres ver una película?- le preguntó y Ashley devolvió su atención a ella.
– ¿Cómo si fuera hoy nuestro viernes de cine?- inquirió.
– Más o menos, pero esta no da miedo- señaló la rubia.
Se levantó del sofá cuando Ashley aceptó la propuesta e introdujo un dvd que sacó de una misteriosa funda negra. La morena se acomodó en el sofá presa de la curiosidad. Enseguida Spencer estuvo a su lado y ambas se acurrucaron bajo la manta, muy juntas. Como cuando eran niñas pero mucho, mucho más juntas. Spencer sonrió satisfecha al escuchar a Ashley soltar una exclamación enternecida al ver las imágenes que aparecieron en la pantalla y luego echarse a reír.
Eran ellas. De pequeñas. A los seis años, correteando en bañador por una playa la primera vez que sus padres les habían llevado de vacaciones juntas. La pequeña morena huía riendo mientras Spencer le perseguía con un cubo lleno de agua. Buenos tiempos.
– Eras muy mala conmigo- sonrió Ashley besando la mejilla de la rubia.
– No, era una niña…era mi modo de decirte “Te quiero”, eso y tirarte de las coletas- bromeó la aludida.
– Te quiero- le dijo entonces la morena.
– Y yo a ti Ash- sonrió su chica.
Y se quedaron allí, haciéndose arrumacos bajo la manta, mientras se veían en la pantalla y reían ante los videos que Spencer había recopilado. Y al final su quinto aniversario no fue tan malo
.

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