Capítulo 14. Dieciocho años.

Cuatro años de universidad. Fue difícil, fue muy difícil el verse tan solo los fines de semana después de trece años pasándose juntas prácticamente cada segundo del día. ¿Por qué su ciudad no tenía universidad? Una pequeña hubiera bastado pero no, Ashley tuvo que irse fuera. Las primeras semanas habían sido las peores, ella apenas podía dormir porque no dejaba de preguntarse que clase de gente estaría conociendo su chica. ¿Y si de repente sus planes de comprarse una casa a las afueras de la ciudad y tener niños y una casa en un árbol ya no eran suficiente para Ashley? ¿Y si decidía que quería salvar el mundo trabajando para una de esas grandes ONG pro-derechos de los animales? ¿Y si decidía que quería destruir el mundo trabajando para una de esas industrias del mal buscando vacíos legales que ampararan el vertido de sustancias letales aquí y allá? ¿Y si decidía que ya no le quería a ella?
Durante semanas había estado acudiendo al taller con ojeras y con litros de café corriendo por sus venas. Comenzó a trabajar con su padre casi al día siguiente de su graduación. Arthur tenía mucho interés en que aprendiera cuanto antes los recovecos y la dinámica del negocio. Cuarenta años y ya soñaba con poder jubilarse y ayudar a Paula a cuidar del jardín. Que poco aguante…
Se había pasado los primeros días con el teléfono móvil pegado a la mano, luchando contra el impulso de llamarle a cada segundo. Echaba de menos su voz, echaba de menos sus besos. Lo echaba de menos todo. Y escuchaba a la gente hablar de lo maravillosa que es la vida universitaria, de lo mucho que amplia los horizontes de las personas y de cómo les ayuda a crecer como seres humanos. ¡Ella no quería que Ashley creciera como ser humano! Quería que fuera la misma Ashley que se había ido la que volviese cuatro años después y sabía que era imposible. Las dos iban a cambiar al igual que habían cambiado a lo largo de los años anteriores, pero siempre habían cambiado juntas y a partir de aquel momento cambiarían separadas y era aquello precisamente lo que le asustaba.
Paula lo intentaba pero no ayudaba mucho, no dejaba de decirle cosas como que si estaban hechas la una para la otra todo saldría bien. ¿Y si no estaban hechas la una para la otra que? A ella no le importaba, le quería de todos modos, le daba lo mismo como estuviera hecha.
Después de la que su madre había organizado justo antes de que Ashley se marchara era mucho más que cauta a la hora de seguir sus consejos. ¿Por qué había tenido que escucharla? Ashley siempre decía que no tenía que importarle lo que dijera u opinara el resto del mundo porque su relación era suya, de las dos, y nadie la conocía mejor que ellas. Paula lo había hecho con buena intención y en el momento a Spencer le había parecido que tenía sentido y que actuar de otro modo sería egoísta por su parte. Después resultó que no tenía ningún sentido y lo único que consiguió fue estropear las cosas.

Ashley y Spencer dieciocho años

Papeles, papeles, papeles. Ashley se marchaba. Facturas, pedidos, seguros. Ashley se iba al día siguiente. ¿Ya? ¿Cómo podía haber llegado el momento? Spencer sabía que lo haría, claro que lo sabía, pero a la vez esperaba que no lo hiciera y al final, y después de un año con la cuenta atrás, aún le había pillado por sorpresa.
Suspiró dejando a un lado aquel montón de papeles entremezclados sin ningún orden. Arhtur Carlin era un desastre y se preguntaba como había podido mantener el negocio a flote durante tantos años. Menos mal que ahora la parte administrativa estaba en sus manos. Solo tenía que centrarse, olvidarse de que su alma gemela se marchaba a ciento ochenta y tres kilómetros de distancia. Ciento ochenta y tres exactamente. Demasiado lejos…sobraban por lo menos ciento ochenta. No, sobraban ciento ochenta y uno. ¡¿Qué demonios?! ¡Los ciento ochenta y tres! ¡Sobraban los ciento ochenta y tres!
¡Otra vez se había saltado una fila de números al pasar aquellas cifras al maldito ordenador! Tiró los papeles a un lado soltando un suspiro frustrado justo en el momento en que Paula Carlin entraba en el pequeño despacho situado sobre el propio taller. Al menos era un sitio tranquilo y podía trabajar sin ver la cara de sapo de Glenn durante las ocho horas. Cuando escuchó la puerta pensó directamente que era él intentando de nuevo que incluyera sus estúpidos caprichos como “gastos de empresa”. ¿No se daba cuenta aquel cabeza hueca de que la empresa era suya y que no ganaba nada con ello? Buff…y le quedaban años, ¡años!, de trabajar codo con codo junto al eslabón perdido de la evolución.
Al levantar la vista descubrió que en vez de Glenn era Paula y el humor no le mejoró ni un poquito. Últimamente su madre no paraba de preguntarle que si estaba bien, que como llevaba que Ashley fuera a marcharse. ¿Pues cómo lo iba a llevar? Pues fatal, rayando en el suicidio. Lo normal. Para ser una madre, Paula no era nada intuitiva…
– Spencer…-suspiró al ver el gesto exasperado en la cara de su hija menor- Sé que Ashley se va mañana pero esos papeles no tienen la culpa, cariño- señaló.
La rubia simplemente le miró sin decir nada. Esperaba que no tuviera en mente quedarse mucho tiempo. No estaba de humor para tratar con seres humanos en aquellos momentos.
– Hola mamá- se obligó a saludar retomando su tarea en espera de que se diera cuenta del muchísimo trabajo que tenía entre manos.
Lejos de captar la indirecta, la mujer tomó asiento en una silla frente al escritorio y dejó su bolso sobre el mismo.
– Vengo de hablar con Christine- anunció sabiendo que aquello atraería la atención de Spencer. Lo hizo, la rubia abandonó su escrutinio a los datos de la pantalla del ordenador para clavar sus ojos en ella- Raife aún está molesto con Ashley por haber rechazado esas otras universidades.
La rubia se encogió de hombros. Raife llevaba enfadado con su chica desde el momento en que le había dicho que no tenía intenciones de estudiar en Oxford. Después de ni siquiera haber intentado entrar en la universidad inglesa, había tenido que ceder y solicitar plaza en otras muchas. Otras universidades que estaban a más de ciento ochenta y tres kilómetros de distancia, a mucho más. Muchos días Ashley le llamaba llorando porque se había peleado con su padre. Al parecer él no entendía que la brillante alumna Ashley Davies se conformara con asistir una universidad sin el renombre de Harvard, y menos entendía que lo hiciera porque no quería estar lejos de ella.
Todas esas veces que Ashley lloraba Spencer había ido a buscarla, escondiéndose las dos del mundo en su casa del árbol y pensando que no había nada de malo en no querer ser una abogada brillante de Harvard, de esas que ganan miles de dólares al mes y que trabajan las veinticuatro horas los trescientos sesenta y cinco días del año. Lo que ella quería era estudiar derecho, simplemente, e incluso había pedido consejo a uno de los socios de la única firma de abogados de la pequeña ciudad, era amiga de Christine y se habían pasado tardes enteras hablando. Podría hacer las prácticas en esa firma cuando terminara la carrera y algunos de los abogados más veteranos rondaban la edad de jubilación. Raife no quería oír nada de aquello, según él eran abogados de segunda y Ashley valía para mucho más. No le importaba que Ashley no quisiera ese “mucho más”. Solo tenía dieciocho años pero ya sabía que cuando tuviera una familia quería poder pasar tiempo con ella.
– Ashley está muy emocionada con todo eso de empezar la carrera- señaló la mujer y Spencer asintió.
Era cierto y eso le dolía un poco porque ella daría lo que fuera porque se quedara. En las dos últimas semanas la morena había parloteado sin parar sobre todas las asignaturas que iba a cursar y sobre lo genial que iba a ser vivir fuera de casa. Y por un lado Spencer estaba muy contenta por ella, porque iba a hacer lo que quería hacer pero por otro…por otro le dolía que ni siquiera hubiese mencionado que iba a echarle de menos. Sabía que lo haría, pero Ashley no lo había dicho de viva voz ni una sola vez.
– ¿Habéis hablado de cual va a ser vuestra situación?- tanteó la mujer un tanto incómoda por tener que sacar aquel tema, pero se obligó a hacerlo. Estaba preocupada por Spencer.
– ¿Nuestra situación? Todo va a seguir igual, solamente que ella estará estudiado fuera…- dijo claramente a la defensiva. Era un tema delicado y Paula lo sabía.
– Spencer cariño…Ashley va a ir a un sitio nuevo, sale de casa de sus padres y va a conocer a gente nueva…
– Puede conocer a toda la gente nueva que quiera mamá- puntualizó la rubia comenzando a molestarse al comprender de que iba todo aquello- No vamos a romper porque ella vaya a estudiar fuera cuatro años- clarificó ante todo. Si eso era lo que quería decirle podía ahorrarse las palabras y la saliva.
– No estoy hablando de romper Spencer… pero me preocupáis las dos- confesó la mujer.
– ¿Por qué?- se cruzó de brazos.
– Yo también he tenido dieciocho años y sé que a esa edad uno piensa que lo sabe todo, pero no lo sabes todo cariño, ni tu ni Ashley y hay un montón de cosas ahí fuera que tu puedes querer o que Ashley puede querer y me da miedo que las dejéis pasar por las razones equivocadas…
– Ashley no es una razón equivocada- le informó Spencer tozudamente.
– La aceptaron en Harvard- señaló Paula y su hija bajó la mirada. Ya lo sabía.
– No quiere ir a Harvard- indicó.
– ¿Por qué?- le preguntó y la chica no quiso contestar porque la respuesta era obvia- ¿Qué pasará cuando le ofrezcan unas prácticas estupendas en un sitio que no sea aquí? ¿O cuando sus compañeros de clase le inviten a ir un fin de semana a cualquier parte?- la rubia no levantó la vista y Paula suspiró- ¿Entiendes lo que quiero decir con todo esto, cariño? Sé que la quieres, sé que ella te quiere y no pretendo que rompáis la relación, solo…daros un poco de espacio- sugirió.
Espacio. Ella no quería espacio. Aún así las palabras de su madre se quedaron dando vueltas en el interior de su cabeza.

* * *

Había quedado en pasar por casa de Ashley aquella tarde. La morena se marchaba al día siguiente, aún quedaban dos días para el comienzo de las clases pero quería estar allí antes para acomodarse y conocer un poco el sitio con anterioridad al inicio del curso. Entró sin más en la casa al encontrar la puerta abierta y saludó a Christine que se encontraba absorta en un programa de televisión antes de subir al piso superior, a la habitación de Ashley. Al abandonar el ultimo peldaño de las escaleras escuchó música proveniente del cuarto de su chica y al empujar la puerta la descubrió metiendo algunos libros en una caja mientras movía su cuerpo al ritmo del último éxito de Madonna. Sonrió ligeramente ante la escena antes de llamarla.
– ¡Spence!- exclamó ella por encima de la música tras darse la vuelta a la velocidad de luz al escuchar su nombre- Me has asustado- le regañó acercándose y besándole fugazmente los labios como bienvenida.
– Tu me estás asustando a mi. ¿Madonna?- alzó las cejas.
– ¡Es la radio! No es que tenga el último disco…y no quiero que nadie me lo regale- señaló con un gesto y un tono que convertían “no quiero que nadie me lo regale” en “19.80 $, tienda de discos del centro, tercera estantería, segunda fila empezando por la derecha. Gracias”.
Spencer sonrió acariciando su pelo por unos segundos antes de que la morena desapareciera de su vista para comenzar a rebuscar en el armario.
– Emmm…si estás muy ocupada me marcho- se quejó Spencer de la poca atención que le había prestado su chica.
– No seas tonta, estoy buscando un regalo que tengo para ti- desveló la morena sin abandonar su registro.
Spencer se sentó en la cama de su chica dispuesta a esperar, con eso de la mudanza a Columbus Ashley lo tenía todo bastante desordenado últimamente. Y en menos de lo que había pensado que tardaría, la morena estaba frente a ella con las manos a la espalda y sonriéndole con aquel gesto impaciente de “quiero saber si te gusta antes incluso de habértelo dado”. El corazón de la rubia se derretía cada vez, en serio, cada vez. Spencer también sonrió en espera de que su chica desvelara el misterio y segundos después, con un “taaaaaaachaaán” pasado de moda que le hizo reír, Ashley sacó de su espalda un jersey rojo con el logotipo de la Universidad Estatal de Ohio y lo plantó frente a sus ojos.
– Dices que a veces tienes frío en el taller y si lo llevas puesto te acordaras de mi todo el día- le dijo tendiéndoselo- Yo tengo otro igual, pedí dos- explicó- ¿Te gusta?
Spencer le miró con una media sonrisa. Le gustaba, cualquier cosa que le diera Ashley iba a gustarle y ambas lo sabían.
– Lo llevaré puesto siempre- aseguró la rubia y Ashley puso cara de disgusto.
– Olerás mal- le dijo antes de volverse hacia su caja a medio llenar. Rió cuando sintió una patadita en el culo a la vez que Spencer le llamaba idiota- Puedes llevarlo puesto los fines de semana que vengas a verme- señaló alegremente mientras revisaba su estantería pensando que otros libros quería llevarse- A lo mejor tenemos que cambiar nuestros planes Spence…creo que este primer fin de semana no voy a poder venir, así que tendrás que ir tu ¿vale? Y así te podré enseñar mi habitación y el campus y…
Spencer le observó en silencio por unos segundos mientras seguía escuchando todas las cosas que la morena planeaba enseñarle y pensó en su idea original de verse todos los fines de semana con excepción de los cercanos a los exámenes si Ashley los necesitaba para estudiar. Pensó en ello y en las palabras de Paula y llamó la atención de su chica pronunciando su nombre. Ashley dejó de parlotear y le miró interesada.
– ¿Puedes quitar la música? Quiero hablar contigo de algo- le pidió y la morena le obedeció y apagó la radio antes de tomar asiento junto a ella en la cama. Spencer sonaba muy seria.
– ¿Qué pasa?- quiso saber.
– Hoy mi madre ha venido al taller- explicó la rubia- Ha estado hablando con tu madre antes- añadió.
– Si, lo sé, ha venido esta mañana- afirmó Ashley en espera de que Spencer llegara al meollo de la cuestión.
– Están preocupadas- le dijo y Ashley frunció el ceño.
– ¿Preocupadas?- inquirió sorprendida.
– Por ti y por mi y porque tu te vas a la universidad y yo me quedo aquí- aclaró la rubia.
– ¿Y que les preocupa de eso?- interrogó a la defensiva. Había oído a sus padres hablar de aquello en varias ocasiones pero no les había prestado la menor atención y pensaba que Spencer tampoco. ¿Por qué estaba sacando la rubia aquel tema?
– Les preocupa que intentemos seguir como hasta ahora cuando las cosas van a cambiar tanto- señaló mirándose las manos.
– Tanto. Spencer no van a cambiar tanto, no nos veremos entre semana pero…-comenzó a decir la morena.
– No es solo eso Ash. Vas a la universidad y tendrás compañeros nuevos, experiencias nuevas y…
– ¿Y que?- le cortó su chica y ya no parecía tan alegre como minutos antes.
– Que si tienes que estar pensando a cada segundo en si me toca ir a mi o en si te toca venir a ti o en si me sentará mal que un fin de semana no nos veamos porque quieres quedarte a una fiesta…
– ¿A que viene esto ahora?- le preguntó directamente con gesto serio.
– No quiero que pases de largo por un montón de experiencias que deberías vivir porque te toca venir a verme Ash- señaló la rubia sin enfrentarse a su mirada.
– Estás hablando como nuestros padres…-dijo la morena mirándole a pesar de no encontrar sus ojos.
– A lo mejor tienen razón… un poco de razón cuando…-intentó explicarse la joven pero Ashley no le dejo.
– ¿Qué estás diciendo Spencer? No tienen razón. No tiene porque cambiar nada. La universidad está a dos horas y tengo coche y tu tienes un taller lleno de coches…¡ y me importan una mierda las fiestas que pueda perderme!- exclamó molesta cuando Spencer ni siquiera levantó su mirada- ¿Qué? ¿Qué piensas? Di lo que quieras decir de una vez- le presionó.
– Lo que quiero decir es que queramos o no las cosas van a cambiar Ashley. Queramos o no- repitió.
– ¡Van a cambiar si las cambiamos! Tu lo dijiste ¿recuerdas? Y yo no quiero cambiarlas pero a lo mejor tu si…-le acusó la morena- A lo mejor no quieres tener una novia a medias durante cuatro años…
– ¡Yo no he dicho eso!- exclamó Spencer al escucharla.
– ¿Y que has dicho entonces?– inquirió mirándole.
– Solo que tal vez sería buena idea darnos un poco de espacio- musitó las palabras de Paula.
– ¡¿Espacio para que?! Yo no quiero espacio. ¿Espacio para que Spencer?- inquirió frunciendo el ceño y levantándose de la cama.
– Espacio para que descubras como es estar fuera de casa, para que conozcas a otras personas y hagas las cosas que te apetezca hacer sin tener que estar constantemente preocupada por como me sentará a mí- señaló la rubia. Creía que era lo correcto, estaba preocupándose por ella, pero Ashley parecía estar tomándoselo de un modo muy diferente.
– ¡Deja de hablar de mi y habla por ti! Si tú quieres espacio dilo claro Spencer. Si no quieres estar preocupándote por como me sentará lo que tu quieras hacer mientras estoy fuera al menos no me pongas de disculpa- le pidió y al mirarle la rubia vio que tenía los ojos húmedos y se sintió como una perfecta imbécil- ¿Quieres espacio para poder estar con otras chicas?- le preguntó a media voz después de una pausa mirándole de una forma que hizo que el estómago se le anudara por dos o tres sitios diferentes.
Ashley estaba llorando y era cuestión de tiempo que le diera el ataque de hipo. ¿A eso había sonado lo que había dicho?¿A que quería ver a otras chicas?¡No tenía el más mínimo interés en ver a otras chicas! ¡Menuda mierda de consejos daba Paula Carlin!
– Claro que…- iba a aclarar Spencer.
Y justo en ese momento, ¡justo en ese momento!, Christine entró en el cuarto tras llamar a la puerta e iba a decir algo cuando cayó en la cuenta de que su hija estaba llorando en mitad de la habitación y les miró a una y a otra por unos segundos. Ashley trató de borrar el rastro de las lágrimas de sus mejillas pero era demasiado tarde.
– Vete…-pidió la joven con la voz más firme que pudo conseguir y Spencer miró a Christine en espera de su retirada hasta que se dio cuenta de que su chica hablaba con ella.
– Ashley…
– Vete- repitió la morena con más énfasis esta vez.
– Spencer…tal vez sea mejor que dejes a Ashley sola hasta que se calme un poco- apoyó Christine la petición de su hija. No sabía que había sucedido allí pero odiaba ver a su pequeña llorar.
La rubia miró a su chica completamente frustrada porque no podía explicarse con Christine presionándola para que se fuera. Se levantó de la cama con el jersey que Ashley le había dado en los brazos.
– Ash…voy a volver luego- dijo la rubia- No es lo que piensas, tenemos que hablar…- insistió pero la morena le había dado la espalda y simplemente esperaba que abandonara su cuarto.
Spencer lo hizo, salió de la estancia y de la casa sin decir nada más y maldiciendo mentalmente el momento en que decidió que escuchar los consejos de su madre era una buena idea.

* * *

Vale. Había robado un coche. Bueno robado no, lo había cogido prestado del taller sin pedirle permiso a nadie. ¡Era casi de noche! ¿Quién iba a enterarse? Estaría de vuelta en su sitio en unas pocas horas.
¿Qué porque había robado…”cogido prestado” un coche del taller? Porque, después de haberle dado a Ashley un par de horas para que se calmara, había vuelto a la residencia de los Davies dispuesta a aclarar aquel malentendido tan estúpido y se había encontrado con que la morena había decidido irse a Columbus. Ya. ¡Ashley! Incluso le había dejado un recado en boca de Christine, que se lo había repetido sin saber muy bien que significaba, tras informarle de la marcha anticipada de la morena. “Utiliza todo el espacio que quieras”. ¿Era o no era drámatica?
Le había llamado al móvil unas diez veces porque tenía manos libres en el coche pero le había colgado después del primer tono en todos y cada uno de sus intentos de modo que había dado el siguiente paso lógico. “Coger prestado” un coche y recorrer ciento ochenta y tres kilómetros para decirle a la acelerada de su novia que ella tampoco quería espacio y que iría a verla todos y cada uno de los fines de semana de los siguientes cuatro años. ¡Ah! Y que por supuesto que no quería estar con más chicas. ¡Nunca! Y que no quería volver a verla llorar por su culpa jamás. Señor aún tenía un nudo en la garganta cada vez que se acordaba de la expresión de su cara al preguntarle si quería espacio para estar con otras chicas…
Primera y última vez que escuchaba a Paula. Eso seguro.
¡Madre de Jesucristo Bendito Resucitado! Aquello no era un campus. Aquello era más grande que su ciudad entera repetida dos veces. Edificios por todas partes, fuentes, explanadas de césped, más edificios, caminos que llevaban a todos los sitios y a ninguno si no estabas segura de donde te dirigías exactamente. Al menos sabía el nombre de la residencia de Ashley. Preguntaría y estaría allí en un periquete.
Un periquete, cuarenta y cinco minutos…sinónimos en el fondo.
Una vez dentro preguntó por el número de habitación de su chica tras escucharlo no se molestó en esperar el ascensor y subió los tres tramos de escalera que le separaban de la tercera planta. Llamó con los nudillos a la puerta con el cartel de 210 y esperó no haberse equivocado y que fuera Ashley quien abriera.
Gracias a dios lo fue. Aún tenía los ojos un poco rojos y se notaba que había seguido llorando tras su marcha. Un buen rato. Pareció increíblemente sorprendida de verle allí y por un momento no dijo nada y cuando parecía que por fin iba a hablar Spencer le cortó tomando su cara entre las manos antes de decirle “No”, contestando a su última pregunta sin respuesta. La besó suavemente antes de volver a mirarle.
– No Ash. Sabes que no- elaboró un poco más su discurso antes de volver a unir sus labios- Sabes que no- repitió acariciando sus mejillas mientras le miraba directo a aquellos preciosos ojos que no debían volver a llorar nunca más. Ashley evitó sus ojos mirando sus labios con el ceño fruncido.
– ¿Por qué has dicho todas esas cosas?- inquirió aún con voz dolida.
Spencer miró a un lado y a otro del pasillo antes de devolver su atención a Ashley.
– ¿Puedo pasar?- probó suerte antes de responder.
– No lo sé. Depende. ¿Por qué has dicho todas esas cosas?- quiso saber mirándole a los ojos esta vez y Spencer había visto a Ashley asustada antes, muchas veces. ¡Habían visto la saga de Freddy Krueger a los diez años! Le había visto asustada pero nunca había visto tanto miedo en sus ojos como veía en esos momentos.
– Porque mi madre vino al taller y me dijo un montón de cosas y te quiero Ashley y no quiero que dentro de un tiempo te arrepientas de haber dejado cosas de lado por mi. Y estabas tan contenta porque venías a estudiar aquí que…
– No estaba contenta, pero tu estabas triste por las dos Spencer alguien tenía que intentar ver el lado positivo…-suspiró apartándose de la puerta y dejándole pasar por fin. Cerró tras ella en cuanto ambas estuvieron dentro- Y para poder ver el lado positivo no hacía más que repetirme que íbamos a vernos todos los fines de semana y de repente tú ya no quieres verme ninguno…- señaló con voz rota mirando el suelo.
Spencer se acercó a ella colocando una mano en su mejilla.
– Ash…quiero verte todos los días, quiero verte a todas horas…¿como no voy a querer verte todos los fines de semana?- le preguntó suavemente.
– Has dicho que quieres que veamos a otras chicas- señaló en voz baja. Spencer sonrió al oír su tono molesto.
– No es verdad. No he dicho eso. Jamás diría eso y si me enteró de que has estado viendo a otras chicas las mataré y a ti también- le avisó fingiendo seriedad. Ashley sonrió ligeramente.
– ¿En serio?- inquirió jugueteando con los botones de la chaqueta de su chica.
– Os mataré muy lenta y dolorosamente- aseguró y la sonrisa de Ashley era completa tras aquella confesión.
– Yo también te mataré muy lenta y muy dolorosamente si me entero de que has estado viendo a otras chicas- le dijo mirándole más tranquila.
– No esperaba menos- sonrió la rubia retirando un mechón de pelo de su cara.
– Te quiero mucho Spencer- le dijo abrazándola con fuerza por el cuello. La rubia acarició su espalda besando su hombro- Eres una idiota por asustarme así…- añadió.
– Cuando hablé con mi madre pensé que lo que decía tenía sentido- admitió la rubia.
– Nunca les hemos hecho caso a nuestros padres. Le dábamos la verdura a Skippy y mojábamos el cepillo de dientes para que pensaran que nos los habíamos lavado…-le recordó separándose un poco y mirándola y sonrió al verla sonreír a ella, claro que se acordaba- Yo solo quiero estar contigo Spencer y…
La rubia no le dejó seguir porque ocupó sus labios en un largo e intenso beso que le dijo sin necesidad de palabras lo que ella quería oír.
Casi eran las once de la noche cuando Ashley acompañó a su chica al coche. Después de ese beso una cosa había llevado a otra y se habían entretenido un poco más de la cuenta.
Ashley le cogió de la mano al llegar a la altura del coche robado y le miró con cara suplicante de nuevo.
– Ash…tengo que irme y devolver el coche. Mi padre me matará si se entera- insistió acariciándole la barbilla con un dedo. Arthur y Paula pensaban que estaba en casa de Sarah en aquellos momentos. Un plan perfecto.
– Pero es muy tarde, es de noche…-señaló la morena apretándole más la mano. Spencer solo le besó y Ashley suspiró aceptando su derrota- Llámame en cuanto llegues- le pidió.
– Lo prometo. Será lo primero que haga- le aseguró- A lo mejor te despierto- sonrió a sabiendas de que Ashley no iba a poder conciliar el sueño hasta no saber que había llegado sana y salva a casa.
Se pasaron cerca de un cuarto de hora diciéndose adiós y besándose antes de que la rubia se marchara de verdad.
Y casi se le olvidó llamar a Ashley cuando al llegar con el coche “prestado” al taller de su padre se encontró con un vehículo de policía aparcado justo enfrente. Dos agentes de la ley hablaban con un visiblemente enfadado Arthur Carlin en la acera. Oh, oh…iba a ser entretenido de explicar.

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