Capítulo 12. Dieciséis años.

Nunca planearon que se enteraran así. No era lo que habían tenido en mente. Ellas más bien habían pensado en reunirles a todos, a los cuatro padres y a Glenn, y explicarles de la mejor manera posible lo que había sucedido entre ambas. Se habían enamorado, no era nada malo, era bueno, era muy bueno y explicaría su interés cero en los chicos y en las citas. Aún no sabían cuando, pero sabían como. Cada palabra, quien diría cada frase, todo estaba perfectamente calculado, pero las cosas no siempre salen como uno quiere, calcula o planea. Sucedió sin más, sin que ninguno de los que estaban sentados a aquella mesa se lo esperase y fue…bueno, no fue muy bien.
Llevaban dos años saliendo a escondidas, a espaldas de sus amigos, a espaldas de sus familias, a espaldas de todos. Nadie lo sabía a excepción de ellas dos y, aunque al principio había sido divertido y excitante, aquel secretismo había comenzado a volverse pesado e inadecuado. Muy inadecuado porque no tenían porque mantener algo así oculto, como si les avergonzara estar juntas. Así que en las últimas semanas cada vez habían hablado con más frecuencia de la posibilidad de contárselo ya y una cosa estaba clara, daba miedo porque…¿como reaccionarían sus padres? ¿Qué dirían? ¿Qué pensarían?
Paula y Arthur querían a Ashley como si fuera una segunda hija y Christine y Raife sentían lo mismo por Spencer, las conocían desde que tenían cinco años y se habían pasado la mitad del tiempo la una en la casa de la otra, viendo la tele, cuchicheando en su habitación, enamorándose. No sabían como saldría aquello de hacerlo público pero iba a ser grande. Y de repente, salió así, sin más, antes de que nadie pudiera hacer nada por evitarlo estaba dicho. Estaba dicho y ya no había marcha atrás.

Ashley y Spencer a los dieciséis años

Estaba disgustada, Ashley estaba muy, muy disgustada. La rubia le dedicó una nueva mirada apartando para ello los ojos del televisor y suspiró. No quería que Ashley se sintiera así, apagó la tele con el mando antes de volverse hacia su novia en el sofá. No había nadie en casa de los Davies, Raife y Christine ya debían estar en la residencia Carlin preparando la cena, porque iban a cenar todos juntos aquella noche, lo hacían de vez en cuando. Ashley y ella habían decidido ganar algo de tiempo a solas y se habían inventado un trabajo de biología inexistente. Tenían que estar en casa de la rubia a las ocho en punto pero hasta entonces la tarde era solo suya, una tarde entera para ellas solas en una casa vacía y no habían hecho otra cosa que estar allí sentadas, Ashley con aquella cara de funeral y ella tratando de encontrar algo que decir que la hiciera sentir mejor.
– Ash…-comenzó a hablar.
– ¡Dile que no! No entiendo porque no puedes decirle que no- le cortó la morena.
– No puedo decirle que no porque no tengo una razón para decirle que no- volvió a explicar pacientemente Spencer.
– ¿No tienes una razón? ¿Y que soy yo entonces?- quiso saber.
– Mi mejor amiga ¿recuerdas? Para ellos eres mi mejor amiga y no puedo decirles que no quiero salir con un chico porque mi mejor amiga está celosa. ¡Eres tu la que no para de decir que aún no estás lista para contárselo!- le recordó.
– ¡Puedes decirles que no te apetece salir con él! Que no te gusta, lo que sea, pero no salgas con él- contestó Ashley.
– ¿Cómo voy a decirles que no me gusta si ni siquiera le conozco Ash?- suspiró cansada de tener la misma conversación una y otra vez.
Desde que se lo había dicho Ashley se había vuelto loca. ¡Loca! No podía culparla, a ella tampoco le haría ni pizca de gracia que Christine emparejara a su chica con un saco de testosterona andante, pero era lo que había.
– Bien…vale, sal con él, no me importa. ¡Sal con él y cásate con él y ten hijos con él!¡No podría darme más igual!- acabó exclamando mientras abandonaba el sofá y desaparecía por la puerta que daba acceso a la cocina.
Lo que ella pensaba. Loca. Completamente loca. A pesar de que no le apetecía nada, pero nada de nada, confrontar a esa versión de Ashley, era su novia y se obligó a seguirla. La encontró sacando un zumo del frigorífico. Spencer sabía que ni siquiera tenía sed pero siempre hacía lo mismo cuando estaba molesta, dolida, increíblemente estresada o todo junto, saqueaba la nevera. A veces era zumo, a veces era helado y a veces era zumo mezclado con helado. Aghhhh.
Esta vez solo era zumo. Zumo de melocotón. Su preferido.
– Sabes que no quiero casarme con él y tener hijos ¿verdad?- indicó apoyándose en la encimera.
– Me da igual lo que quieras o no quieras- masculló vertiendo el líquido en un vaso y derramando una cantidad considerable.
– Claro que no- sonrió la rubia- Claro que no te da igual Ashley. ¿No crees que estás siendo un poco irracional?- inquirió tratando de acercarse a ella pero la mirada que recibió le disuadió de forma inmediata.
– ¿Es irracional que me moleste que mañana vayas a salir con ese…con ese…?- buscó algo increíblemente despectivo que decir-… chico- decidió al final.
– Pues déjame tener una razón para decir que no. Vamos a contárselo Ash…podemos contárselo esta noche y mañana no tendré que salir con nadie- le sugirió con voz suave.
Sabía que Ashley estaba asustada, ella también, pero no podían seguir así por mucho más tiempo. Además, siempre iban a estar así de asustadas de modo que lo mejor sería arrancar la tirita de un tirón y afrontar lo que hubiese que afrontar. Al menos eso pensaba ella.
– No- negó la morena con la cabeza varias veces.
– No- suspiró Spencer cruzándose de brazos. Siempre era lo mismo.
– No estoy preparada- añadió la otra chica.
– ¿Y cuando piensas que vas a estarlo? Porque llevamos así dos años- le recordó la rubia- Ashley…no va a cambiar nada entre nosotras ¿lo sabes?- trató de darle confianza.
– No, no lo sé y tu tampoco lo sabes…- le contestó la morena- No sabes como van a reaccionar o lo que van a hacer…
– ¿Y que si se enfadan?- inquirió frustrada- ¿Qué pasa si se enfadan Ashley? ¿Tan terrible sería eso? Se han enfadado muchas veces antes.
– Spencer. No vamos a contárselo- se plantó la morena y su tono no dejaba lugar a ningún tipo de discusión.
– Bien. No vamos a contárselo. Entonces acepta que mañana saldré con ese tal James- señaló saliendo de la cocina.
– ¡Se llama John!- exclamó Ashley- Haz lo que quieras…-masculló.
– Lo que sea. Podrás ser mi dama de honor- añadió Spencer desde el sofá.
Ashley no contestó nada. Se bebió el zumo casi de un solo trago y tardó más de un cuarto de hora en abandonar la cocina.

* * *

A las ocho en punto las dos chicas llegaron a la casa de Spencer. Se despojaron de sus abrigos antes de caminar en silencio hacia la cocina donde escucharon las voces de sus padres. No habían vuelto a intercambiar una sola palabra entre ellas desde aquella discusión a media tarde y era bonito encontrar al fin otros seres humanos que emitieran sonidos coherentes para comunicarse entre ellos. La cena casi estaba lista y a las dos chicas se les encomendó la misión de poner la mesa, a las dos chicas y a Glenn que se encontraba despatarrado en el sofá con sus ojos fijos en un programa basura de la televisión por cable. El rubio soltó un gruñido molesto, como si aquello que veía fuera tan importante…
Unos veinte minutos después la mesa estaba puesta, los comensales sentados en sus correspondientes sillas, sus manos unidas mientras Arthur Carlin dedicaba una pequeña oración en voz alta. Spencer miró a Ashley pero la morena mantenía los ojos cerrados, ni siquiera pudo llamar su atención con un ligero toque en el brazo, como siempre hacía, porque aquella vez su novia había decidido sentarse lo más lejos posible. Si a alguien le había extrañado esta nueva distribución en la mesa, no dijo nada. Y comenzaron a cenar sin más.
– Dentro de nada podré irme de vacaciones cuando quiera porque Glenn podrá hacerse cargo de todo- decía Arthur con orgullo revolviendo el pelo de su primogénito.
Ese había sido su sueño, que Glenn y Spencer pudieran hacerse cargo del taller mecánico que él había levantado con sus propias manos y había tenido suerte porque a Glenn le encantaban los coches y hacía unos cuantos meses que había empezado a trabajar con él. A Spencer no le atraía especialmente el ensuciarse las manos revolviendo el interior de los vehículos pero desde pequeña, le había gustado ir con su papá al taller y ya se había hecho a la idea de que probablemente terminaría encargándose de la parte administrativa de la empresa. Glenn para eso era un cero a la izquierda, muy, muy a la izquierda.
– Spencer, Ashley…estáis muy calladas- observó de pronto Christine- ¿Va todo bien?- se interesó.
– Si, bien- contestó vagamente la morena revolviendo su comida con el tenedor. Spencer le miró, si su novia quería que la gente no sospechara que mentía, estaba haciendo un muy mal trabajo.
– ¿Tenéis problemas con el proyecto de biología?- intervino Raife.
– Si…¿que pasa? ¿Tenéis que abrir una rana y os da asco tocarla?- se burló Glenn de ambas. Vivía para eso, para burlarse de ellas hasta la muerte.
– ¿Por qué iba a darme asco tocar una rana? Te toco a ti ¿no?- insinuó Spencer mirándole y Glenn le sacó la lengua como el chico maduro de dieciocho años que era- Todo va bien- aseguró después la rubia centrándose de nuevo en su cena.
– Mejor que sea así porque Spencer, he hablado con mi compañera de trabajo y su sobrino está deseando conocerte- indicó Paula y continuó hablando de aquel muchacho con Christine. Que si era muy educado, que si era un estudiante modelo…y entonces Christine preguntó si tenía un hermano para Ashley …ugh.
Spencer desvió su vista a la morena y, como sospechaba, tenía su mandíbula tensa. Nada más oír hablar de su cita del día siguiente y se ponía en modo “loca”, y en cierta forma le gustaba que pareciera estar celosa por una estúpida salida al cine con un desconocido al que, con toda seguridad, no iba a volver a ver jamás de los jamases, ella también hubiera estado muy celosa, esa era la verdad.
– Spencer, pasará a recogerte a las siete y media- habló Paula de nuevo con su hija- Es muy guapo, seguro que va a encantarte porque…
– No.
Uhhhhh. Ashley. Ashley había dicho ese “no” tan rotundo tras dejar caer el tenedor en su plato y la mesa se había quedado en completo y absoluto silencio. Spencer nunca había escuchado un silencio más intenso en los días de su vida…si es que el silencio se puede escuchar…daba lo mismo, el caso era que podría haberse oído el vuelo de una mosca de haber habido moscas en la casa, pero en la residencia Carlin no había cabida para insectos voladores de modo que solo quedaba el silencio. El silencio y las miradas de todos clavadas en Ashley que estudiaba su plato como si en él se encontraran las respuestas a las grandes preguntas de la humanidad.
– Ashley cariño…- habló Christine.
– No va a encantarle y no va a salir con él- dijo la morena con voz firme.
Spencer decidió entonces dejar de introducir líquidos o sólidos en su garganta, si, sería lo mejor y deseó que el resto de la mesa hiciera lo mismo para evitar atragantamientos innecesarios. De momento todos volvían a estar en silencio y se miraban unos a otros sin saber que sacar en claro de las palabras de Ashley. Era una situación rara, muy rara.
– Spencer…¿no quieres salir con él?- se decidió a preguntar Arthur y la rubia abrió la boca para contestar pero antes de que pudiera hacerlo Ashley atacó de nuevo. Wow…la morena estaba imparable aquella noche.
– No, no quiere salir con él- habló por su novia- No puede salir con él.
Paula miraba a Christine y Christine miraba a Paula mientras Raife miraba a Arthur y Arthur miraba a Raife. A Glenn no le miraba nadie. Al final todos acabaron posando su vista en Ashley. ¿Qué demonios estaba pasando allí?
– ¡Que tontería! ¿Por qué no iba a poder Spencer salir con John?- inquirió Paula- El chico esta encantado con la idea y es un buen muchacho.
– A mi me parece una idea estupenda que Spencer salga con él si es tan buen muchacho- dio su opinión Christine encogiéndose de hombros- Raife…¿no te parece buena idea que Spencer salga con él si es tan buen muchacho?- consultó a su marido. Antes de que el hombre pudiera responder Arthur alegaba que a lo mejor a Spencer no le apetecía salir con aquel chico y Paula exclamaba que como no iba a querer salir con él si era tan buen muchacho y Christine decía que si Spencer no quería salir con él entonces podría hacerlo Ashley y Raife señalaba que a lo mejor a Ashley tampoco le apetecía salir con él y al final todo se resumía en porque nadie iba a querer salir con él si era tan buen muchacho. ¿Por qué razón Spencer no iba a querer salir con él si era tan buen muchacho? ¿Qué problema había con que Spencer saliera con él si era tan buen muchacho? ¡¿Por qué no podía Spencer salir con él si era tan buen muchacho?!
– ¡Por que le quiero!- exclamó por fin Ashley con unos decibelios increíbles para alguien de su tamaño.
Y si el silencio de antes había parecido intenso, habría que inventar otra palabra para describir el que siguió a aquella confesión. Oh, Cristo, Bendito. De nuevo comenzó el intercambio de miradas entre los adultos. De nuevo nadie miró a Glenn. De nuevo todas las miradas se centraban en Ashley.
– ¿Quieres a John, cariño? Si ni siquiera le conoces…-habló Christine con voz suave al ver lo afectada que parecía estar su única hija.
Al principio no contestó, la morena miró a Spencer sin decir una palabra y se encontró con los azules ojos de su novia clavados en ella. Respiró hondo una sola vez.
– No. A Spencer. Quiero a Spencer- dijo con voz clara y perfectamente audible por todos los allí reunidos.
Varios tenedores cayeron sobre los platos, Glenn se atragantó con el trozo de pollo que acababa de tragar y a nadie le importó. Seis pares de ojos clavados en Ashley, Ashley solo le devolvía la mirada a Spencer. Y nadie hablaba. Nadie hablaba. ¡Alguien tenía que decir algo ya!
– Joder…-aportó Glenn una vez que hubo burlado a la muerte consiguiendo expulsar el trozo de pollo. No era una observación muy inteligente, pero era Glenn, nadie esperaba que lo fuera, y sirvió para que, una vez roto aquel maldito silencio, todos se pusieran a hablar al mismo tiempo.
– ¿Quieres a Spencer? ¿Cómo que quieres a Spencer?- exclamaba Christine mirando a su hija con la palabra “Confusión” escrita en su frente.
– ¡No puedes querer a Spencer es tu mejor amiga por el amor de dios!- gritaba Paula por su parte- ¡Arthur di algo!- exigió a su marido pero luego no le dio tiempo a decir nada porque siguió graznando.
Y mientras Paula decía que como demonios iba a querer a Spencer, Christine indicaba que solo debía estar asustada por la posibilidad de ser desplazada en la vida de su mejor amiga, Raife señalaba que todos tenían que calmarse un poco y dejar que Ashley se explicara a lo que Paula contestaba que como iba a explicar que quería a Spencer ¡era su mejor amiga por el amor de Dios! Arthur le daba la razón a Raife y Christine se la quitaba a ambos y Paula seguía preguntándose porque nadie quería salir con John si era tan buen muchacho.
– Yo también le quiero a ella-intervino de pronto la rubia incapaz de permanecer más tiempo en silencio.
Esta vez no se cayeron tenedores al plato porque nadie había vuelto a cogerlos, Glenn no se atragantó con el pollo porque no había osado intentar retomar su cena, pero todos los ojos se volvieron hacia Spencer. A esa confesión no siguió el tradicional silencio. Tras esa confesión el comedor de los Carlin se convirtió en una cacofonía de voces que preguntaban, exclamaban, gritaban y se tapaban las unas a las otras y solo algunas frases, las más afortunadas, podían escucharse por encima del ruido ambiente. “¡No puedes quererle, es tu mejor amiga, por el amor de dios!”, “Ashley cariño,¿qué habéis estado fumando?”, “¿Pero entonces sois lesbianas?, joder…”, “Paula, llama a la tía de John y dile que se anula la cita”…
Nadie se fijó en Ashley abandonando la mesa, nadie a excepción de Spencer quien la siguió sin llamar la atención del resto, dejando aquella fiesta de confusión, shock y negación a sus espaldas. La perdió de vista pero no importaba, sabía exactamente donde encontrarla.

* * *

Spencer asomó la cabeza a la puerta de la casa del árbol y sonrió al ver a Ashley sentada frente a ella, con su espalda contra la pared. Terminó de colarse dentro y se acercó a su novia, no parecía estar muy contenta y fijaba su vista en el suelo.
– Ey Ash…-le saludó dándole una patadita a su zapatilla para llamar su atención.
– ¿Qué ha pasado ahí dentro?- inquirió la morena sin levantar sus ojos y sintiendo como Spencer tomaba asiento a su lado.
– Bueno…se lo has dicho- indicó su novia.
– No quiero que salgas con John- dijo Ashley y Spencer soltó una risita.
– No creo que eso vaya a ser un problema…-opinó dejando que su chica buscara refugio en su pecho. Rodeó sus hombros con el brazo estrechándole contra ella- Podías haberme avisado de que ibas a soltarlo así ¿sabes?- le regañó en broma y Ashley sonrió solo un poco.
– No tenía planeado soltarlo así…- admitió y Spencer besó su pelo- Spencer…- le llamó.
– ¿Si?- respondió la rubia acariciando su brazo suavemente.
– ¿Crees que mi madre sabe que fumamos hierba la semana pasada?- preguntó- Ventilamos el garaje muy bien -recordó. Spencer rió al oírle.
– No creo que lo sepa. Además en estos momentos creo que es otro asunto el que ocupa su total atención- suspiró.
– Se han vuelto locos…-señaló Ashley.
– Solo un poco…al menos no han dicho nada de mandarte de vuelta a Inglaterra- le vió el lado positivo.
-Aún- matizó la morena.
– No Ash…no van a hacer nada así, solo necesitan tiempo para hacerse a la idea ¿vale?- le tranquilizó Spencer- No quiero que te manden de vuelta allí y vuelvas a coger ese acento tan raro- se burló de ella.
– Cállate, te gusta mi acento- sonrió un poco Ashley alzando la cabeza para mirarle. Spencer aprovechó el momento para besarla suavemente. Le encantaba su acento, no era americano y no era inglés…era una mezcla rara entre los dos, rara, única y maravillosa.
– Te quiero Ash- le dijo- Todo va a ir bien- añadió acariciando su barbilla con un dedo.
– Sino podemos escaparnos- ofreció una alternativa la morena- Podríamos unirnos al circo, sé que es tu sueño, tu serías maga- señaló.
– Y tu payasa- completó la rubia.
– No, yo sería equilibrista- rebatió.
– ¿Tu puedes ser equilibrista y yo no?- frunció el ceño Spencer fingiendo estar molesta.
Ashley asintió con esa sonrisa que desmontaba a su novia por todos los lados y las dos continuaron bromeando, ajenas a la revolución que seguía teniendo lugar en el interior de la casa.

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