25 de diciembre.

Se habían entretenido un poquito más de la cuenta con “el acto del amor pre-navideño” y parte del mismo se había convertido en “el acto del amor navideño”. Cuando Spencer se acomodó sobre su mujer besando su hombro desnudo suavemente y escuchando como Ashley recuperaba la normalidad de los latidos de su corazón eran más de las doce y cuarto.

– Feliz Navidad- le dijo la rubia alzando un poco la cabeza para poder mirarle.

– Mmmm…-fue todo lo que pudo decir la morena y Spencer rió suavemente colocándole de nuevo aquel gorro de Papa Noel que había caído cama abajo hacía mucho, mucho tiempo.

– Venga, tenemos que bajar los regalos del desván- le animó la rubia tratando de levantarse, Ashley se lo impidió abrazándole con fuerza convenciéndola sin necesidad de palabras de que se quedaran allí un poquito más.

– Feliz Navidad Spence- habló por fin con propiedad la mayor de ambas.

– Doce navidades juntas- indicó la rubia.

– ¿Ya van doce?- fingió sorprenderse la morena.

– Ya van doce- sonrió. Su chica lo sabía de sobra, incluso podría decir el tiempo que llevaban juntas con años, meses, días y horas, pero le gustaba hacerle rabiar- ¿Te acuerdas de cuando éramos solo tu y yo?- le preguntó.

– Claro…sin lloros, sin peleas, sin nadie preguntándome que es el “acto del amor”…-suspiró y Spencer rió.

– Suena a queja- le informó y Ashley sonrió besando su pelo.

– No es una queja. No cambiaría esto por nada del mundo. Por nada- aseguró inspirando el olor del champú que utilizaba Spencer.

– Ya lo sé- admitió la rubia incorporándose un poco y colocándole bien el gorro- Vamos Mama Noel, debemos bajar los regalos del desván- le animó escapando de sus brazos y levantándose de la cama recuperando su pijama que se encontraba desperdigado por las cercanías de la cama.

Ashley hizo lo mismo y pocos minutos después la morena descorría el pestillo de la puerta de la habitación de ambas con mucho, mucho sigilo.

– Ash…¿estarán dormidas?- susurró Spencer a sus espaldas.

– Claro, estaban agotadas Spence, les he cansado hoy, carreras, guerra de bolas de nieve, hemos hecho un muñeco de nieve…

– Buen trabajo cariño- le felicitó la rubia besando su nuca.

Salieron de la habitación tratando de no hacer ni el más mínimo ruido. Si Alexis se despertaba y escuchaba movimiento era más que probable que saliera a conocer a Papa Noel. Avanzaron por el pasillo y Ashley escuchó la risita de Spencer detrás. Todos los años pasaba lo mismo. Se volvió hacia ella.

– Spencer…silencio- le ordenó pero el gorro de Papa Noel que llevaba no le otorgaba mucha autoridad ni seriedad a sus palabras.

– Lo siento- sonrió la rubia y Ashley tuvo que sonreír también porque Spencer siempre se reía cuando estaba emocionada o nerviosa, o nerviosa y emocionada a la vez.

Le besó fugazmente y luego la tomó de la mano guiándola hasta las escaleras que llevaban al desván. Todo estaba oscuro y silencioso y Ashley accionó el interruptor que controlaba la bombilla que iluminaría su ascenso hasta la puerta.

– Va a ser difícil bajarlas sin hacer ruido Ash…son regalos muy grandes- le dijo Spencer.

– Querían bicicletas…- justificó Ashley- ¿Crees que les gustaran las que hemos elegido?

– ¿Quieres decir las que Papa Noel ha elegido?- inquirió la rubia. La morena sonrió alcanzando la puerta del desván. La parte más difícil de la misión era aquella. Los goznes chirriaban así que  debía tener una dosis de cuidado extra.

Spencer contuvo el aire mientras su chica abría muy, muy lentamente aquella puerta que emitió un leve chasquido y ligeras protestas a medida que Ashley la forzaba a cederles el paso. Una vez que estuvo de par en par las dos chicas esperaron en silencio unos segundos, por si una de sus dos hijas se había percatado de lo que estaban haciendo. ¡Madre mía! ¿Quién iba a pensar que jugar a ser Papa Noel cada Navidad disparaba la adrenalina de ese modo?

– Vía libre- susurró Ashley traspasando el umbral y arrastrando a Spencer tras ella- Uff…cielo, tenemos que ordenar esto- opinó al encontrarse con el mismo desastre que ambas habían dejado atrás tras depositar allí las bicis hacía unos días- Aghhh, seguro que hay arañas…-indicó.

– Cállate, no hay arañas- le pegó Spencer en el brazo, pero sí, su chica tenía razón y deberían ordenar aquello algún día.

Sonrió al ver a Ashley acercarse a los regalos gigantes. Con su pijama y con el gorro de Papa Noel puesto la morena era lo más mono que Spencer había visto en la vida.

– No te quedes ahí parada Carlin, ayúdame con esto- le pidió Ashley al caer en la cuenta de que la rubia se limitaba a mirarle embobada.

Spencer reaccionó y ayudó a su chica con la primera bicicleta. Uff…debían bajarla dos pisos con el máximo sigilo posible.

– Spencer el año que viene vamos a guardar los regalos en el garaje- le informó la morena cuando terminaban de bajar el último tramo de escaleras.

– Los verían en el garaje, les da miedo el desván por eso lo elegimos ¿recuerdas?- le refrescó la memoria.

– Pues les diremos que hay monstruos en el garaje- resolvió la morena.

– ¡Ashley!- rió bajito su chica al oírla- No vamos a asustar a nuestras propias hijas- dejó claro y solo escuchó un resoplido como respuesta.

Tras dejar la bicicleta de Alex bajo el árbol en el salón repitieron la operación con la de Dylan y una vez hecho aquel trabajo las dos se miraron en silencio.

– Emmm…Spence, ¿porque no subes a la cama y yo compruebo que todo esta cerrado?- sugirió la morena y sonrió cuando Spencer lo hizo porque su mujer sabía muy bien cuales eran sus intenciones.

– ¿Por qué no subes tu y yo compruebo que todo esta cerrado?- consideró otra posibilidad y las dos volvieron a quedarse en silencio.

– Vale. Yo tengo que dejar tu regalo y tu tienes que dejar el mío- puso las cosas claras Ashley.

– ¿Tenía que comprarte un regalo?- frunció el ceño Spencer fingiendo sorpresa y Ashley le pegó en el brazo haciéndole reír- Vale. Los dejamos a la vez y nos vamos a la cama ¿de acuerdo?- pactó la rubia.

– De acuerdo- aceptó fácilmente la morena y ambas se separaron dirigiéndose a sus escondites secretos para coger el regalo de la otra.

Minutos después  volvieron a encontrarse bajo el árbol y Ashley sonrió al ver un paquete bastante grande con su nombre escrito en una etiqueta blanca. Era enorme. Se acercó a él con dos paquetes considerablemente más pequeños en sus manos.

– Wow…¿qué es?- inquirió mirando su regalo fijamente.

– No lo sé. Lo ha dejado Papa Noel- se encogió de hombros la rubia y aplaudió cuando Ashley depositó sus dos paquetes junto al árbol- Ashley…¿podemos abrir los nuestros ahora?- sugirió cuando la morena ya se dirigía hacia las escaleras. Se volvió riendo al escucharla.

– ¡Claro que no Spencer Carlin!- le regañó- ¿Qué pensarían tus hijas?- inquirió.

– ¡No se enterarán! Los volvemos a envolver después- insisitió dando pequeños saltitos impacientes.

– No. Vamos a la cama- le tendió la mano tratando de no sonreír ante lo adorable que le estaba pareciendo su mujer en aquellos momentos.

Al final Spencer terminó obedeciendo y tomándola de la mano la siguió escaleras arriba, tras echar un rápido ultimo vistazo a sus regalos. Nada más colarse entre las sábanas se encontró atrapada entre los brazos de la morena.

– No sueñes con levantarte de madrugada a cotillear los regalos Spence- le susurró al oído y ella se revolvió al sentir un escalofrío, siempre le daban escalofríos cuando el cálido aliento de Ashley chocaba contra su oído.

Le dieron ganas de besarla, a veces le daban ganas de besarla sin más, así que se volvió hacia ella y atrapó sus labios con los suyos en un beso suave que enseguida le fue correspondido. Sonrió cuando ambas se separaron y Ashley hacía lo mismo. Oh señor, no sabía que había hecho en otra vida para tener tanta suerte, pero debía haber sido algo muy bueno para que le recompensaran con la chica que tenía frente a ella en esos momentos. Era Navidad, sus dos preciosas hijas dormían apaciblemente en sus camas y ella estaba entre los brazos de la persona que le quitaba el aliento con solo una mirada.

– ¿Sabes que voy a pedir al Año Nuevo?- le preguntó la morena en voz baja. Ella se limitó a sonreír porque Ashley siempre pedía lo mismo cada Año Nuevo- ¿Lo sabes?- sonrió también la morena al verla.

– Un año más conmigo- respondió Spencer quitándole el gorro de Papa Noel y tirándolo cama abajo.

– Un año más contigo- confirmó la morena.

– Un año más conmigo es un año más contigo, salimos ganando las dos- indicó la menor de ambas.

– Genial, entonces tú tienes que pedir algo que también valga para mí. Una tele de plasma gigante o algo así- le dio una idea.

– Veré lo que puedo hacer- se comprometió la chica acurrucándose contra Ashley, escondiendo la cara en su cuello- Deberíamos dormirnos Ash, mañana van a despertarnos nada más salir el sol, lo sabes- le recordó lo madrugadoras que eran sus hijas todas las mañanas de Navidad.

– El año que viene podemos echarles algo en la leche…algún tipo de somnífero suave- bromeó y sonrió cuando sintió un ligero pellizco en su brazo.

*                                                         *                                             *

Los ojos de Alexis se abrieron como platos aquella mañana y se incorporó en la cama a la velocidad de la luz. ¡Regalos! ¡Regalos! ¡Regalos!

Saltó cama abajo y correteó descalza hasta las escaleras y las bajó de dos en dos hasta que el salón entró en su campo de visión. Abrió mucho, mucho la boca al ver los regalos bajo el árbol. ¡Eran muy grandes! ¡Eran bicicletas seguro! Deshizo el camino y en cuestión de segundos estaba junto a la cama de su hermana moviéndola sin ningún cuidado.

– ¡Dylan!¡Dylan! ¡Ha venido Papa Noel!- le dijo tremendamente excitada.

– ¿Ha venido? ¿Nos ha traído las bicicletas?- quiso saber la pequeña deshaciéndose de las mantas a base de patadas. Saltó de la cama y siguió a su hermana a toda velocidad hasta la habitación de sus madres.

Estaba prohibido abrir los regalos sin que ellas estuvieran presentes de modo que entraron sin llamar y Alexis dijo “tu a por mama” y las dos se dividieron trepando cada una por un lado de la cama. Alexis por el de Spencer y Dylan se tiró sin contemplaciones sobre Ashley.

– Oh…no- musitó la morena liberando a su mujer de su abrazo y volviéndose hacia la pequeña criatura que le daba golpecitos en la cabeza.

– ¡Oh si!- la contrarió Dylan riendo- ¡Ha venido, mamá! ¡Ha venido Papa Noel! ¡Alex ha visto los regalos!- informó a todo pulmón.

A pesar del sueño Ashley tuvo que sonreír ante la alegría desbordada de su pequeña.

– Deberíamos levantarnos entonces- opinó incorporándose en la cama y riendo al ver a Spencer estirarse perezosamente.

– Dylan y yo vamos a bajar ya- anunció Alexis incapaz de esperar por más tiempo. La paciencia no era una de sus virtudes.

Y su hermana pequeña no necesitó nada más para seguirla fuera de la habitación. Ashley se apresuró a coger la cámara de video, tenía inmortalizadas todas las mañanas de Navidad desde hacía diez años y no pensaba perderse aquella. Empujó a Spencer fuera de la cama haciéndola protestar y salió disparada tras sus hijas. A la rubia no le quedó más remedio que imitarla, sabía que si no se daba prisa los regalos estarían más que abiertos para cuando bajara.

Ashley apareció en el salón con la cámara ya encendida y enfocó a sus niñas tratando de controlarse frente a los regalos aún sin abrir. Esperó a que Spencer estuviera a su lado para decir “Hora de abrir los regalos” y antes de que hubiera terminado de decir “regalos” ya se podía oír el sonido del papel rasgándose por todos lados.

Y la cara de las pequeñas no tenía precio en esos momentos, al descubrir sus bicicletas nuevas allí bajo el árbol. Ashley sabía que estaba sonriendo como una idiota mientras lo grababa todo y estaba segura de que Spencer hacía lo mismo a su lado, la mañana de Navidad era mágica de verdad desde que Alexis había nacido y después se había convertido en doblemente mágica con la llegada de Dylan.

– ¿Lo veis?- exclamó Alex triunfalmente subiéndose a su bicicleta- Papa Noel trae regalos aunque te portes mal…-sonrió con gesto travieso. Y Dylan hizo sonar el timbre de su regalo mientras reía alegremente porque era exactamente esa bicicleta la que quería. Papa Noel era muy listo.

Sin poder esperar por más tiempo Spencer se abalanzó sobre sus regalos y Alexis se bajó de la bicicleta muy deprisa para ayudarla y comenzó a rasgar el papel de los paquetes que Papá Noel había traído para su madre.  Ashley negó con la cabeza porque Spencer a veces se portaba como si tuviera la  misma edad que sus hijas. Le gustó ver como la cara de la rubia se iluminó, de una forma parecida a la que lo habían hecho las de Alex y Dylan minutos antes. Sabía que iba a hacerle ilusión, su chica se había pasado meses lamentándose porque no encontraba aquellos libros de cine, y no había sido fácil, pero tras semanas de búsqueda los había localizado a base de llamadas y mensajes de Internet en una tienda de segunda mano de Londres. ¡De Londres! Aquellos libros habían cruzado medio mundo para acabar en manos de la rubia. Había merecido totalmente la pena solo por verle la cara en aquellos momentos. Cuando Spencer le  miró Ashley le sonrió con gesto cómplice, sabía que la rubia quería darle las gracias y un super abrazo pero no podía…las niñas estaban presentes y por tanto había sido cosa de Papa Noel.

– Ugh…libros- puso cara de disgusto Alex. Si Papa Noel le hubiera regalado libros a ella se habría caído muerta allí mismo.

– ¡Mamá, abre el tuyo! ¡Abre el tuyo!- comenzó a pedir Dylan acercándose al gran regalo de Ashley.

– Si, Ash…abre el tuyo- se unió a la petición la rubia tomando la cámara de video de manos de la morena y sonriendo con anticipación.

Ashley cedió la cámara antes de acercarse a su regalo y mirarlo detenidamente. No tenía ni idea de lo que podía ser. Ni idea. Antes de que se diera cuenta sus dos hijas habían comenzado a romper el papel y tuvo que darse prisa si no quería que fueran ellas las que lo desenvolvieran totalmente.

– ¡Ala!- exclamó Alex al ver la foto de la caja. Dylan aplaudió emocionada. ¡Madre mía, que bien iban a pasárselo con aquel super regalo!

Ashley miró la caja con la boca abierta, pero sin emitir ningún sonido y se volvió hacia Spencer mirándole con kilos y kilos de incredulidad en cada una de sus facciones. La rubia soltó una risita divertida al haber conseguido su objetivo. Había dejado a su mujer sin palabras.

– ¿Estás segura de que Papa Noel realmente quería dejarme este regalo?- inquirió la morena al fin. Era una batería de verdad. ¡Una batería de verdad! Spencer le había prohibido comprarse una porque decía que la volvería loca con tanto ruido.

– ¿Era lo que querías?- le contestó con otra pregunta la rubia.

– Eh…si, pero tu…-iba a añadir algo más.

– Entonces si, seguro que Papa Noel quería dejarte ese regalo- le sonrió la rubia y Ashley soltó una exclamación de felicidad absoluta y se lanzó a abrir la enorme caja.

*                                             *                                 *

Ashley y las niñas habían desaparecido hacía unos minutos y Spencer se encontraba recogiendo los restos de papeles que habían quedado desperdigados por el salón, sabía que aquellas tres habían ido en busca de su regalo secreto. Ese que tenían entre manos el día anterior cuando había llegado a casa. Ummm por fin…pasos por las escaleras. Se volvió para ver a sus dos pequeñas acercándose a ella con un paquetito envuelto en las manos de Dylan. Era la menor y había insistido en que sería ella quien se lo daría a su mami.

La rubia miró fugazmente a Ashley que se había quedado en segundo plano a los pies de las escaleras y le miraba con una media sonrisa. Se la devolvió antes de agacharse frente a las dos pequeñas.

– Este regalo lo hemos hecho nosotras ¿eh? No lo ha traido Papa Noel- quiso aclarar Alex desde el principio.

– Oh, ¿en serio? ¿Lo habeís hecho vosotras solitas?- sonrió Spencer.

– Si- sacudió la cabeza Dylan- Bueno…-dudó mirando fugazmente a Ashley- Mamá nos ha ayudado un poquito- reconoció.

– Pero poquito- matizó su hermana.

Spencer sonrió obsequiandoles a cada una de ellas con un sonoro beso en la mejilla que les hizo reír antes de aceptar el paquete y abrirlo. Se llevó una mano a la boca al ver aquel marco tan adorablemente infantil y sobre todo la foto que contenía. Eran sus tres personas favoritas en el mundo entero mirándole con una sonrisa, eran su vida condensada en una imagen.

– ¿Te gusta?- quiso saber Alex impaciente ante la falta de respuesta de Spencer.

– Me encanta- admitió sin dejar de mirarlo.

– Es para que no nos eches de menos en tu trabajo- explicó Dylan- Asi nos puedes ver cuando quieras- añadió.

– Es el mejor regalo del mundo- sonrió Spencer.

– Si, pero el erizo es de Alex…¿eh? A mi no me gustan, que pinchan- aclaró aquel detalle la más pequeña. Spencer rió.

– Me encanta todo entero. Erizo incluido- admitió la rubia- ¿Me dais un abrazo?- les preguntó y en cuestión de segundos las dos pequeñas la estrujaban entre sus pequeños bracitos, peleándose entre ellas por  cada centímetro cuadrado de su madre.

Spencer miró a Ashley desde su posición en el suelo y la morena sonrió antes de dar un par de palmadas para llamar la atención de las dos pequeñas.

– ¡Hora de desayunar, de vestirse y de salir afuera a probar los regalos!- les informó a las dos niñas y están soltaron a Spencer nada más escuchar las palabras “probar” y “regalos” en la misma frase. Desaparecieron como almas que lleva el diablo en la cocina dejando a sus madres solas en el salón.

Spencer se levantó del suelo y se acercó a su mujer estrechándola a ella también en un fuerte abrazo.

– Gracias por el regalo Ash…por “los” regalos- matizó sonriendo cuando sintió como Ashley le devolvía el abrazo con fuerza.

– Ey…ha sido cosa de Papa Noel- bromeó- Gracias por la batería. Te comprare unos tapones para los oídos- le dijo y Spencer rió al escucharla, separándose un poco de ella y tomando su cara entre las manos- Feliz Navidad Ash- le dijo mirándole con cariño.

– Feliz Navidad Spence- le contestó ella con una sonrisa.

Iban a besarse cuando dos vocecillas impacientes viajaron a la velocidad del sonido desde la cocina pidiendo sus desayunos. ¡Debían probar las bicis ya! Si tenían algún fallo tenían que poder localizar a Papá Noel antes de que se fuera al Polo Norte.

Spencer puso los ojos en blanco antes de sonreír y darle a su chica un beso rápido. Después la tomó de la mano y ambas entraron en la cocina.

*                                             *                                             *

– ¡Mami mira que rápida voy!- decía Dylan mientras pasaba por delante de la casa sobre su nueva bici y embutida en mil capas de ropa, un abrigo, una bufanda, un gorro y unos guantes.

Spencer le saludó como llevaba haciendo los últimos quince minutos cada vez que la pequeña daba la vuelta en un extremo de la calle y deshacía el camino hasta el lado contrario pedaleando incansable. En cuanto Dylan pasó de largo la rubia volvió a centrar su atención en sus otras dos chicas. ¡Jesús Bendito! Es que Alex era igual que Ashley de verdad…

– ¡Suéltame! ¡Puedo sola mamá! ¡Que puedo sola!- trataba de librarse de la asistencia de Ashley que sujetaba la bici por el sillín para evitar que su hija mayor terminara en el suelo. Alex llevaba las mismas capas que su hermana y pedaleaba cada vez más deprisa haciéndole el trabajo muy difícil a Ashley.

– ¿Estas segura?- inquirió la morena. Su hija era igual de cabezota que ella y era muy probable que se cayera.

– ¡Si! ¡Sueltame!- exclamó impaciente por volar hacia la libertad.

– Está bien- accedió la morena y, aunque la soltó, continuó siguiendo a la bici…solo por si acaso.

Milagrosamente Alex avanzó unos diez o doce metros manteniendo el equilibrio antes de aterrizar en el suelo con un quejido. Dylan, que regresaba con su bici de nuevo, tocó dos veces el timbre al pasar por al lado de su hermana derribada y continuó felizmente su camino. Su bici sería de niña pequeña pero al menos no le tiraba al suelo.

Spencer ya se acercaba al lugar de la caída donde Ashley ayudaba a su primogénita a levantarse.

– Uff…me he caído- les informó la pequeña a ambas innecesariamente mientras Ashley le colocaba  bien el gorro.

– Si, ya lo he visto cielo- admitió Spencer- Pero has aguantado mucho tiempo de pie- le animó sacudiendo un poco la ropa de la niña.

De pronto Dylan se materializó allí con su bicicleta y volvió a tocar el timbre para llamar la atención de su familia.

– ¡Mamá, Papa Noel no me ha traído cuernos!- le informó a Spencer al recordar que la noche anterior se había dormido pidiendo mentalmente unos cuernos igualitos, igualitos a los de su tía Kyla.

– ¿Qué?- rió Ashley al oírle y Spencer suspiró.

– Tal vez el año que viene ¿vale Dylan?- animó a su hija pequeña- ¡Y venga, vamos dentro a cambiarnos, tenemos que estar en una hora en casa de los abuelos!- anunció a las allí presentes.

Las dos niñas abandonaron sus bicis al escuchar “casa de los abuelos”, allí estarían sus primos y podrían alardear de sus nuevos regalos y encima el abuelo Arthur hacía una tarta de postre muy, muy rica.

Ashley y Spencer se quedaron encargadas de la tarea de recoger las bicicletas cuando sus hijas desaparecieron en el interior de la casa. Spencer cogió la de Alex mientras su chica empujaba la de Dylan hacía el garaje.

– En cuanto a lo de tu hija pequeña queriendo unos cuernos por Navidad…- empezó Spencer.

– ¿A que ha venido eso?- rió Ashley.

– ¿A que te escuchó hablando con Kyla? ¡Ashley te he pedido un millón de veces que tengas cuidado con lo que dices dentro de casa!- le recordó.

– Lo siento. ¡Esas niñas estan por todas partes Spencer! ¿Estamos seguras de que solo son dos?- inquirió apoyando la bici en una de las paredes ya en el interior del garaje.

Spencer le miró seriamente primero pero luego tuvo que sonreír cuando Ashley le besó fugazmente.

– Ten más cuidado Ash…- le pidió al separarse.

– Vale…pero no me digas que no fue divertida esa etapa en la que Alex decía “Cojones”- le sonrió.

– Ash…-le advirtió la rubia.

– La cara de tu madre…¡no la olvidaré jamás!- rió la morena.

– ¿Cuántos años tienes?- quiso saber Spencer involuntariamente divertida por el comportamiento de Ashley.

– Fue gracioso…”Cojones”- imitó a su hija mayor.

– Ashley…-suspiró la rubia.

– “Cojones”- repitió juguetonamente- “Cojones”, “Cojo…”

– ¡Cojones!- escucharon la vocecilla de Alex tras ellas y ambas se volvieron para verla sonriéndoles. ¡Ya no se acordaba de aquella palabra tan genial!

– ¡Alex!- trató de regañarla Spencer pero con otro “¡Cojones!” y una risita la pequeña desapareció por la puerta que comunicaba la casa con el garaje.

Spencer se volvió hacia Ashley entonces, con una mirada muy poco amable y los brazos en jarras. La morena le observó con cara de buena por unos segundos y cuando vio que la rubia iba a hablar se le adelantó besándola fugazmente.

– ¡Feliz Navidad!- exclamó antes de salir corriendo y desaparecer por la misma puerta que Alex.

La rubia suspiró negando con la cabeza y cerró el garaje antes de entrar a la casa con su familia. Navidad, y en vez de villancicos todo lo que se oía en el interior de la vivienda era a Alex repitiendo “Cojones” sin parar y a Ashley suplicándole que cambiara la palabra por “Feliz Navidad”. La comida en casa de sus padres con toda su familia presente iba a ser muy divertida aquel año. Muy divertida.

Antes de ponerse seria y acudir en ayuda de Ashley, como refuerzo en la misión de erradicar aquella palabra del vocabulario de la niña, sonrió ampliamente porque, a pesar de todo, le encantaba su vida. No se le ocurría ni una sola cosa que quisiera cambiar.

Dylan se acercó a ella y tiró de sus pantalones para llamar su atención. Cuando Spencer le miró la pequeña le sonrió enseñándole todos sus pequeños dientecillos y dijo:

– ¡Feliz Navidad, cojones!

Si, le encantaba su vida los 365 días del año.

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