24 de diciembre.

Spencer esperaba pacientemente a que aquel maldito semáforo decidiera que era hora de dejarle seguir el camino hacia su casa. Tamborileó con los dedos en el volante tratando de no pensar que tipo de desastre habrían provocado sus tres niñas durante aquel día. Cuando se había marchado aquella mañana todo estaba en orden pero las cosas pueden cambiar mucho en ocho horas y más aún si Ashley Davies se quedaba a cargo de todo.

Que Ashley pudiera trabajar desde casa hacía las cosas mucho más fáciles, sobre todo desde que nacieron Alexis y Dylan hacía cinco y tres años respectivamente. La flexibilidad del trabajo de su mujer era especialmente útil en momentos como aquel, las vacaciones de Navidad. Alex y Dylan 24 horas en casa, pobre Ashley. Ella las quería con toda su alma pero de vez en cuando agradecía un descanso en forma de jornada laboral.

Sonrió al pensar en lo poquísimo que quedaba para el día de Navidad, horas. Gracias a dios tenía todos los regalos comprados desde hacía semanas, era muy previsora. Se preguntó si Ashley tendría el suyo escondido en algún lugar de la casa, tal vez ni siquiera lo había comprado aún, así era su chica “¿Por qué hacer hoy lo que puedes hacer a última hora?”. Al menos había accedido a comprar los regalos de las niñas con antelación y ya estaban envueltos y perfectamente ocultos en el desván de la casa. Ni en un millón de años se atreverían a subir allí solas así que era imposible que los descubrieran antes de que “Papá Noel” los dejara junto al árbol la noche de Navidad, aquella noche. Sonrió al pensar en que caras pondrían sus hijas al abrir aquellos regalos, eran exactamente lo que habían pedido en sus cartas con destino “el Polo Norte”.

Ashley nunca había celebrado la Navidad antes de conocerle a ella, nunca. Nada de regalos bajo el árbol decorado con motivos navideños, en la casa de los Davies ni siquiera se ponía el árbol. Doce años después de su primera Navidad juntas la morena era toda una experta en decoraciones  y villancicos y en los últimos seis, desde que se habían trasladado a Ohio,  había conseguido perfeccionar el arte de los muñecos de nieve.

No podía esperar a la mañana de Navidad, las caras de Alex y de Dylan al abrir sus regalos no tenían precio, tampoco la de Ashley mientras les grababa con la cámara de video. Era uno de sus momentos favoritos de todo el año. Ashley, las niñas y ella. Después de abrir los regalos desayunaban juntas y la morena siempre conseguía que sus dos hijas rieran hasta que les dolía la tripa, luego se abrigaban bien y salían a jugar con la nieve, su casa estaba a las afueras de la pequeña ciudad y había pendientes que podían ser utilizadas como pistas para descensos en trineo. Y cada año cuando veía a Ashley reír mientras esquivaba bolas de nieve o las caras de felicidad total de sus hijas mientras la morena arrastraba el trineo con ellas encima, cada año pensaba lo mismo, pensaba “Me encanta mi vida”. Y era verdad, le encantaba la vida que Ashley y ella habían ido diseñando poco a poco. Le encantaba durante los 365 días del año.

*                                             *                                             *

– ¡Mamá, son casi las cinco! ¡Son casi las cinco!- exclamó Alexis al fijarse en el reloj con forma de estrella de mar que colgaba de una de las paredes de la cocina- ¡Mami va a llegar ya!- les recordó a su madre y a su hermana pequeña.

– Ya lo he terminado-informó Dylan dejando sobre la mesa el pincel que utilizaba para decorar el regalo que Ashley les estaba ayudando a hacer para Spencer.

La morena había sugerido que aquel año sería bonito hacerle un regalo aparte de los que trajera Papa Noel. Se habían pasado las dos últimas semanas pensando en que podría ser y al final a Alex se le había ocurrido la idea perfecta, le harían un marco de arcilla y se sacarían una foto las tres porque su mami siempre decía que echaba de menos a sus tres chicas mientras estaba en el trabajo, así podría verles durante todo el día.

Dylan observó su creación por unos segundos, les había quedado muy bonito, con un sol en una esquina, una luna en otra y luego un erizo y un conejito en las que sobraban. Los conejitos eran sus animales favoritos y los erizos lo eran de Alex. Si, Alex era un poco rara. Los erizos pinchaban.

– ¿Es eso un coche?- les preguntó Ashley cesando todo movimiento al creer distinguir un ruido y las tres se quedaron en completo silencio. Si, era un coche, más concretamente el coche de Spencer llegando frente a la casa- ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Ayudarme a recoger esto!- exclamó la morena comenzando a tapar los botes pinturas de dedos que habían utilizado para pintar la mitad del marco.

Alex se apresuró en ayudarle mientras Dylan reía divertida ante la prisa que se había apoderado de todo el mundo de repente. Ashley le miró sonriendo al verla carcajeándose.

– ¿Te hace gracia enana?- le preguntó tomándola en brazos y dándole un sonoro beso en la mejilla antes de depositarla en el suelo y agacharse frente a ella- En vez de reírte tanto vete a la puerta y entretén a mami todo lo que puedas…pon pucheros, cuélgate de su pierna  y no la dejes entrar aquí hasta que lo hayamos recogido todo. ¿Entendido?- le consultó.

– Entendido- sonrió la pequeña enseñándole los dos pulgares como garantía. Ashley sonrió revolviendo su pelo moreno.

La puerta de entrada a la casa se abrió y se cerró.

– Hola- escucharon la voz de Spencer y Ashley empujó ligeramente a la pequeña Dylan para que comenzara su parte del espectáculo cuanto antes. La niña salió de la cocina a toda velocidad mientras Alex y Ashley continuaban recogiéndolo todo lo más rápido posible.

Una sonrisa enorme iluminó el rostro de Spencer al ver aparecer a la menor de sus niñas por la puerta de la cocina. No podía evitarlo, ocurría cada vez.

– ¡Mami!- exclamó la pequeña estrellándose a toda velocidad contra la pierna de la rubia, haciéndole reír por su entusiasmo.

– ¡Hola canija!- le saludó también su madre tomándola en brazos y admirando sus grandes ojos azules que brillaban de un modo especial aquella tarde. Señal de que ocultaba un secreto- ¿Qué estabas haciendo ahí dentro?- trató de sonsacarle y una sonrisita apareció en su pequeño rostro.

– Nada- mintió descaradamente y los ojillos le brillaron un poco más.

– Nada ¿eh?- inquirió Spencer y la pequeña negó solemnemente con la cabeza sacudiendo sus rizos morenos. La rubia le besó la nariz con cariño, cada vez que la miraba veía una mezcla perfecta entre Ashley y ella, aunque los genes Davies no estuvieran presentes en Dylan la niña había nacido con una cabellera morena igual que su hermana Alex que si era 100% Davies, casi una copia exacta de su madre- ¿Dónde están tu hermana y tu madre?- siguió curioseando y la pequeña se limitó a encogerse de hombros mientras jugueteaba con un mechón de pelo rubio entre sus dedos- Ummmm…me parece que estás guardando un secreto muy grande…-dejó caer Spencer y Dylan soltó una risita.

– ¿Yo?- preguntó señalándose a si misma.

– Si, tú- sonrió la rubia.

–  Mmmm…mmmm…la tía Kyla tiene cuernos mami- soltó de pronto lo primero que se le vino a la mente, debía alejar el tema “secretos” como fuera- Le he oído a mamá hablando por teléfono con ella…dice que el tío James se los ha puesto. ¡Yo también quiero que me pongas unos!- suplicó juntando sus pequeñas manitas bajo su barbilla. Spencer no supo que contestar a eso y tomó nota mental de que debía recordarle a Ashley que había seres diminutos caminando por la casa y captando cada palabra que se pronunciaba dentro de sus paredes. No era la primera vez que pasaba algo así, el año anterior Alex se había pasado meses diciendo “Cojones” sin parar. La cara de Paula Carlin cuando su nieta mayor la saludó de aquella forma tan peculiar había sido todo un poema.

Segundos después Ashley y la hija mayor de ambas hacían acto de aparición en el salón con sendas caras inocentes. La rubia sonrió a Alexis revolviendo su pelo cuando esta se colgó de su pierna y después miró a Ashley con sospecha. La morena frunció el ceño y dejó escapar una media sonrisa. Uh…aquellas tres tenían un secreto, seguro.

– ¿Qué?- inquirió Ashley.

– No sé que es lo que estáis tramando…-admitió la rubia y ellas se miraron unas a otras antes de decir “Nada” casi a coro- Ya…-sonrió Spencer antes de dejar a Dylan en el suelo.

Las dos hermanas corretearon hacia el piso superior. Siempre pasaba lo mismo cuando su mami llegaba a casa y lo odiaban. Hora del baño. Aghhh. Debían esconderse muy bien esta vez.

Spencer les vio desaparecer escaleras arriba y centró toda la atención en Ashley que seguía de pie frente a ella con cara de no haber roto un plato en su vida.

– Entonces quieres decirme que no tramáis nada- quiso aclarar la rubia acercándose a ella y tomándole por el cuello.

– Exactamente eso quiero decirte- mintió de nuevo la morena y Spencer sonrió acariciando la mejilla de su mujer con un dedo y enseñándoselo luego manchado de pintura amarilla. Alzó las cejas en espera de una explicación cuando Ashley le miró sonriendo. Pilladas.

– Mmmm…sudo raro- optó por decir la mayor de ambas- Ni siquiera me has dado un beso…ya no me quieres…-desvió su atención poniendo pucheros.

La rubia decidió dejarlo pasar, ya descubriría cual era la sorpresa que aquellas tres le estaban preparando, la mañana de Navidad. Seguro.

Saludó a Ashley con un beso de los que se daban ellas cuando las niñas no estaban presentes, si lo estaban sus muestras de afecto debían ser “para todos los públicos”.

*                                 *                                 *

– ¡Alex! ¡Dylan!- exclamó Spencer cansada de correr tras ellas por la casa tratando de que cedieran de una vez. Cada noche pasaba lo mismo a la hora del baño- ¡Ashley! ¿Puedes ayudarme por favor?- le pidió a su mujer que hacía un rato había desaparecido en la habitación que utilizaba como estudio para tratar de finalizar una canción.

La morena se asomó al pasillo con un lápiz apoyado en su oreja y justo le dio tiempo a interceptar a las dos balas que huían de Spencer pasillo adelante. Las frenó a ambas atrapando a cada una con un brazo y rió cuando las escuchó protestar vehemente asegurando que estaban completamente limpias y que no necesitaban más baños.

– Sabéis que Papa Noel no hace regalos a las niñas que se portan mal- les avisó la morena mientras las entregaba a Spencer que las tomó a cada una por un brazo.

– Mentira…yo siempre me porto mal y me trae regalos igual- rebatió Alexis mientras la rubia se las llevaba a ambas hacia el baño.

– ¿Quieres que te ayude Spence?- se ofreció Ashley y cuando su chica le aseguró que todo estaba controlado regresó al interior de su estudio. Casi había terminado.

La morena se asomó al baño poco después y sonrió al ver a Alex de pie, con las gafas de la piscina y el tubo de bucear puestos y tratando de mantener el equilibrio mientras Spencer le frotaba con la esponja un pie tras otro. Mientras tanto Dylan, sentada al otro lado de la bañera, se distraía jugando con un par de muñecos haciendo ruidos muy raros. Ashley no sabía con exactitud cual era el sonido que emitían los conejitos pero seguro que no aquel.

– ¿Papá Noel me traerá la bici con ruedecitas?- preguntó de pronto Dylan olvidando la conversación tan interesante que estaban manteniendo sus dos muñecos.

– Claro que no. Tiene que traerme la mía sin ruedecitas. No puede con las dos. ¡Es viejo!- dejó claro Alexis.

– ¡Pero tiene a gente que le ayuda!- rebatió la pequeña. De repente la posibilidad de no encontrar la bici bajo el árbol a la mañana siguiente la tenía muy preocupada.

Spencer liberó la pierna de Alexis y la pequeña se sentó de nuevo en la bañera de golpe, salpicando ligeramente a la rubia. Spencer centró su atención en Dylan entonces mojándole la cara, la menor de sus hijas cerró con mucha fuerza los ojos mientras soplaba para impedir que se colara agua con jabón en su boca.

– Seguro que si os habéis portado bien, Papa Noel os traerá lo que queréis a las dos- les calmó Spencer.

– ¿Y si nos hemos portado medio bien?- quiso saber Alexis. Madre mía, seguro que iba a ser ella la que se quedaba sin bici.

– Entonces a lo mejor te trae media bicicleta- aventuró Ashley acercándose a ellas.

Alexis miró a Spencer angustiada en espera de una confirmación. ¿Media bicicleta? ¿Para que quería ella media bicicleta? La rubia sonrió dedicándole una mirada de “eres cruel” a Ashley y su chica se sentó a su lado en el suelo besando su mejilla.

– No pasa nada Alex, yo te dejaré la mía- se ofreció la pequeña Dylan al ver la cara que se le había quedado a su hermana. Ayyyy…aquella niña era toda Spencer.

– La tuya es de niñas pequeñas…-masculló la mayor sin apreciar el detalle. 100% Davies.

– No pasa nada. Papa Noel no va a traerte media bicicleta Alex- le calmó Spencer- Seguro que si prometes que vas a ser buena este año te la trae entera- animó a su hija.

– ¿Solo prometerlo?- sonrió la aludida. ¡Madre mía, que fácil era engañar a aquel barrigón!- ¡Lo prometo!- dijo en voz suficientemente alta como para que aquel barbudo le escuchara donde quiera que estuviera.

– No solo prometerlo Alex, tienes que querer portarte bien también- aclaró la rubia.

– ¡Que yo quiero, pero no me sale!- se lamentó la pequeña con gesto dramático tras aquellas gafas y aquel tubo de buceo.

Spencer miró a su mujer tratando de no sonreír y Ashley hizo lo mismo. La rubia siempre le decía que Alexis era una copia exacta suya y a lo mejor tenía un poco de razón.

*                                             *                                             *

Habían cenado las cuatro juntas y en aquellos momentos cada una de las chicas estaba en una de las habitaciones de sus hijas. Spencer arropó bien a Dylan y a Jodie, su conejito de peluche, y sonrió cuando la pequeña abrió su boca en un enorme bostezo.

– ¿Sabes que he ganado a mama esta mañana en la guerra de bolas de nieve?- informó a Spencer orgullosa de su triunfo.

– ¿En serio?- fingió estar sorprendida la rubia.

– Si. Le he dado con una bola en toda la cara- rió la pequeña- Me ha perseguido pero no me ha cogido- reveló más orgullosa aún.

– Wow…eres muy rápida- sonrió Spencer.

– Si. Alex me ha ayudado y hemos tirado a mamá al suelo y le hemos metido nieve por todas partes- sonrió con malicia.

Pobre Ashley.

– Menudo día…- señaló la rubia.

– Si- admitió la pequeña bostezando de nuevo- Menudo día- repitió y Spencer rió al escucharla antes de besarle la mejilla.

– Ya sabes lo que tienes que hacer ahora ¿verdad?- le consultó.

– Dormirme, sino no viene Papa Noel- respondió la diminuta morena.

– Dormir toda la noche de un tirón- añadió su madre y ella asintió con la cabeza casi incapaz de mantener sus ojillos azules abiertos- Muy bien. Buenas noches cariño- le deseó acariciando su pelo.

– Dile a mamá que venga- le pidió cuando la rubia se levantó de la cama.

– Viene ahora, ¿desde cuando mamá se va a la cama sin darte un beso de buenas noches?- quiso saber.

– Desde nunca- admitió la pequeña. Pero esperaba que se diera prisa le pesaban mucho, mucho, mucho los ojos.

Ashley había arropado a Alexis unas cinco veces pero la pequeña continuaba destapándose. Siempre hacía lo mismo cuando estaba muerta de sueño pero no quería dormirse, moverse continuamente para no sucumbir al cansancio.

– Si Papa Noel me trae mañana la bici ¿vamos a ir a probarla?- le preguntó directamente a su madre.

– Si, si te duermes ahora mañana probaremos la bici- se comprometió la morena arropándola de nuevo.

– ¡No puedo dormir! No tengo sueño…- mintió pero le delató un bostezo y Ashley alzó las cejas divertida al verle- ¿Cómo cabe Papa Noel por la chimenea? Está muy gordo- señaló la pequeña quedándose por fin quieta bajo las sábanas- ¿Puedo entrar yo también por la chimenea alguna vez?- probó suerte.

– No, no puedes- negó Ashley. Debía dejar ese punto claro, Alexis era capaz de probar cualquier cosa.

– ¿Y si un día se me olvidan las llaves dentro?- le retó la pequeña.

– Tu no llevas llaves…eres una renacuaja aún- contestó su madre- Además a las casas se entra por la puerta- aclaró.

– Pues cuando se las dejó mami bien que me colé por la gatera- le recordó orgullosa y Ashley suspiró. Spencer y sus ideas, luego le decía a ella.

– ¿Sabes que cuanto antes te duermas antes llega mañana?- le informó la morena y sonrió al ver como su hija cerraba los ojos con fuerza- Pero recuerda que tienes que dormir toda la noche de un tirón ¿eh?

– Si- aceptó la pequeña sin rechistar. A lo mejor si se portaba bien esa noche compensaba lo mal que se había portado el año entero.

– Hasta mañana mi amor- se despidió la morena con un beso en su frente.

– Hasta mañana. Dile a mami que venga- pidió antes de que Ashley abandonara la habitación.

*                                             *                                             *

– ¿Crees que están dormidas?- le preguntó Ashley a Spencer por décima vez en veinte minutos volviéndose hacia ella en el colchón. Tenía ganas de bajar los regalos del desván y colocarlos bajo el árbol.

– Vamos a esperar veinte minutos más- decidió la rubia desviando la vista de su libro para mirarle fugazmente- ¡Quítate ese gorro!- rió al verla con uno de aquellos gorros de Papa Noel.

– No. Es sexy- le informó con una sonrisa.

– ¿En serio?- lo dudó la rubia aunque un poco sexy si que era.

– En serio. ¿Quieres que hagamos algo para matar el tiempo?- sugirió acercándose más a ella.

– ¿Algo como que?- sonrió la rubia dejando el libro a un lado porque no le hacía falta que su mujer le contestara para saber la respuesta. Se acomodó sobre el colchón frente a frente con Ashley.

– Algo como el acto del amor- dijo con voz profunda y Spencer rió al escucharle.

– ¿El acto del amor?- repitió acariciando la mejilla de Ashley.

– Si. El acto del amor. Alexis me ha preguntado esta mañana que era “el acto del amor”- reveló y la rubia rió de nuevo al oírle- Se lo dijeron en clase Spencer, solo tiene cinco años, creo que su profesora bebe- opinó y la rubia le pegó en el brazo al oirla.

– Su profesora no bebe Ashley, son niños, oyen cosas y preguntan, seguramente la pobre mujer no supo que decirles- explicó- ¿Y que le has dicho tú?- se interesó entonces.

– Le he dicho que te lo pregunte a ti, que sabes más- contestó tranquilamente y Spencer negó con la cabeza con una medio sonrisa. Era mentira.

– En serio…-pidió la verdad besándole fugazmente mientras jugaba con la bola blanca de su gorro de Papa Noel.

– He distraído su atención con las galletas esas que le gustan tanto y con Bob Esponja y se ha olvidado del tema- explicó la morena- Espero que la próxima vez te lo pregunte a ti, creo que incluso me he puesto un poco roja- confesó colocándose sobre la rubia.

– Oh…¿a Ashley Davies le da vergüenza hablar de sexo? Nunca pensé que llegaría el día- bromeó Spencer permitiéndole acomodarse entre sus piernas.

– No me da vergüenza hablar de sexo en general. Me da vergüenza hablar de sexo con nuestra hija de cinco años en particular- especificó- ¿Quieres que te hable de sexo a ti?- inquirió besando su cuello y Spencer rió porque la maldita bolita del gorro le hacía cosquillas en la cara.

– Ashley…¿planeas estar encima de mí mucho tiempo?- le preguntó.

– Mmmm…un rato si- admitió la chica mordisqueado su oreja.

– Pues gorro fuera- decidió la rubia quitándoselo sin más.

Ashley le miró algo molesta.

– Era sexy Spencer, íbamos a hacer el acto del amor navideño y…-comenzó a protestar pero se calló al ver como su mujer se colocaba el gorro y sonrió- Mmmm…¿preparada para el acto del amor navideño?- le preguntó mientras la rubia le colocaba bien el pelo desordenado tras la pérdida del gorro.

– No lo llames “el acto del amor navideño”- soltó una risita cuando Ashley le mordió el cuello-  Aún no es Navidad- indicó mirando el despertador. Eran las once de la noche.

– Vale. ¿Preparada para el acto del amor pre-navideño?- se corrigió la morena.

– Preparada para el acto del amor pre-navideño- aseguró la rubia y sonrió cuando sintió los besos de la morena descender por su cuello- ¡Espera! ¡Espera! ¿Has cerrado la puerta?- le preguntó y ambas pararon todo movimiento. Ashley gruñó.

– No- reconoció y Spencer la liberó retirando sus piernas de alrededor de su cintura, una silenciosa forma de decirle “echa el pestillo”. La morena suspiró levantándose y corriendo hacia la puerta mientras Spencer la seguía con la vista, toda su atención posada en su trasero- Menos mal que te has dado cuenta Carlin, no fue nada divertido la última vez- recordó refiriéndose a la noche que Alexis había entrado a su cuarto cuando ellas se encontraban en la primera fase del “acto del amor”.

– Podía haber sido peor- opinó la rubia acogiendo a su mujer sobre ella de nuevo- Podía haber entrado unos diez minutos después. Creo que coló lo de que se me había metido algo en el ojo- opinó.

– ¡Espera!- le dijo Ashley- Creo que se te ha metido algo en el ojo…-sonrió acercándose a su cara y Spencer rió antes de atrapar sus labios.

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